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martes, 13 de julio de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 208

Capítulo 208. Paseo Nocturno (2)


Fue una siesta corta pero profunda, como si hubiera dormido durante varias horas. Cuando se despertó estaba fuera del palacio real.

Después de mirar desorientada sus alrededores durante un momento, se dio cuenta de que seguía en los brazos de Ishakan que caminaba por las calles nocturnas y estaba cubierta con una gran túnica.

Sus ojos somnolientos semicerrados se agrandaron. Fue la primera vez que salía del palacio real. Observaba el entorno con atención.

Las calles nocturnas del centro de la ciudad iluminadas con faroles, estaban concurridas y bulliciosas. Extrañamente las calles no le resultaban desconocidas, como si las hubiera visto en sus sueños.

Leah, que trataba de comprender por qué le resultaba tan familiar, percibió unas miradas. La gente observaba curiosamente cómo un hombre de gran complexión caminaba llevando una mujer pequeña en brazos. Leah le dio un ligero toque a Ishakan en el hombro, para indicarle que estaba despierta. Pero no pretendía bajar a Leah.

"Ya casi llegamos."

Llegaron a una posada destartalada que parecía que se derrumbaría en cualquier momento. Por alguna razón, el lugar también le parecía familiar, por lo que Leah observó la posada con atención. Ishakan murmuró mientras empujaba la chirriante puerta de madera.

"Primero, come algo..."

La posada iluminada estaba tranquila. Podía percibir un delicioso olor aunque no había ningún cliente.

Leah tragó saliva. Sintió mucha hambre como si no hubiera comido unos dátiles recientemente. Aunque últimamente el olor de la comida le ocasionaba náuseas, en esta oportunidad le ocasionaba apetito. Ishakan, viendo el brillo en los ojos de Leah, preguntó con una sonrisa.

"¿Tienes hambre?"

No era el momento de guardar las apariencias. Leah asintió inmediatamente. Ishakan pasó a través de las mesas vacías, dirigiéndose a la más lejana. Le bajó a Leah la capucha y llamó a alguien para que viniera.

"Haban."

Entonces un Kurkan se acercó orgullosamente, con una bandeja en cada mano. Fue el Kurkan que recientemente había dejado inconsciente a la Condesa Melissa.

"Es comida Kurkan. Se han preparado cosas que te gustaban en el pasado, pero no estoy seguro si serán de tu agrado." Colocó la bandeja en la mesa, acomodó los platos y dijo amablemente. "Mura ha preparado la comida. Me pidió que me asegurara de decirte que lo había cocinado ella. Yo hice el za'atar man'oushé."

(Za'atar man'oushé - tiene la forma de una pizza, está untado con una mezcla de za'atar y aceite de oliva.)

No pudo comprender la mayoría de sus palabras, pero percibía claramente su buena voluntad. Leah le agradeció.

"Gracias."

Al escuchar esto, el hombre se sobresaltó.

"Leah, puedes hablar cómodamente conmigo..."

"Es suficiente." Ishakan lo interrumpió. "No le pidas demasiado."

El hombre llamado Haban asintió y se marchó desanimado. Leah miró al desalentado Kurkan con cierta intriga. Ishakan tomó la cara de Leah entre sus manos.

"No te preocupes por nada, come primero."

Le entregó los cubiertos. Tenían el tamaño perfecto para Leah. Leah comenzó a comer felizmente.

Nunca había visto esta comida, pero no le generaba ningún asco, así que podía consumirla sin problemas. Fue algo sorprendente.

Mientras Leah comía, Ishakan cortaba en pequeños trozos algunos alimentos para que ella pudiera comer con más facilidad. Esto le permitió concentrarse en disfrutar la comida. Leah finalizó su comida bebiendo un té caliente.

Fue la primera comida decente que consumía en mucho tiempo. Sentía que había vuelto a la vida con su estómago tan lleno. Incluso el té caliente estaba tan apetecible que quiso llevarse a los cocineros al palacio de la princesa. Si pudiera comer de esta manera todos los días, no tendría ningún otro deseo.

"Leah."

Ella dirigió su mirada hacia Ishakan. Después de comprobar que la taza de té de Leah estaba casi vacía, dijo.

"Hay alguien con quien me gustaría que te reúnas."

Intuitivamente, ella pudo intuir que estaba relacionado con los recuerdos perdidos que Ishakan mencionaba. Como la habían tratado con mucha hospitalidad, ella respondió que aceptaría reunirse con esa persona como él quería.

La puerta de la posada se abrió chirriando y entró una mujer con un chal sobre los hombros. Cuando vio a Leah su expresión cambió, parecía que lloraría en cualquier momento.

"Princesa..."

Leah preguntó desconcertada viendo a la mujer con emociones desbordantes.

"¿Quién eres?"

Los ojos de la mujer se llenaron de conmoción, como si se hubiera encontrado con una verdad impactante. Sin embargo, apretó los labios amargamente como si estuviera preparada para ello. Dijo con voz firme.

"Soy la Baronesa Cinael, solía trabajar como dama de compañia para usted, Princesa."