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domingo, 11 de julio de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 207

Capítulo 207. Paseo Nocturno (1)


La propuesta, pronunciada con una voz encantadora, resultaba tentadora. Leah estuvo a punto de responder casi inmediatamente que aceptaba, pero se contuvo.

Ishakan no la instó a responder. Esperó la respuesta pacientemente, como si hubiera previsto la vacilación de Leah.

Mientras Leah dudaba, Ishakan deambuló por el dormitorio a su voluntad. Caminaba como si estuviera recordando algo. Cuando se dirigía hacia la cama, ella lo llamó apresuradamente.

"Rey..."

"Llámame Ishakan."

Dijo mirando fijamente a Leah con sus ojos dorados.

"También puedes llamarme Isha."

Ambos se habían visto pocas veces como para llamarlo por un apodo. Leah respondió, evitando su mirada penetrante.

"¿Cómo podría llamarte imprudentemente por tu nombre? No puedo hacer eso."

"Hmm." Ishakan dijo mientras se frotaba la barbilla con los dedos. "Si no me llamas por mi nombre, gritaré."

"...¿Qué?"

Ishakan tomó aire como si estuviera a punto de gritar. Preocupada porque el grito haría que las damas de compañía entraran en su habitación, Leah lo llamó por su nombre.

"¡I, Ishakan!"

Se rió ligeramente. Su gran mano acarició la cabeza de Leah.

"¡Bien hecho!"

Una cálida sensación de cosquilleo se extendió en el interior de su cuerpo. Leah apretó los labios. No entendía porque se sentía tan bien cuando este hombre la tocaba.

"Espero que desde ahora puedas hablar cómodamente."

Ella había trazado una línea, pero este hombre poco a poco estaba rompiendo los límites.

"Tu broma ha sido excesiva."

"Bueno." Ishakan levantó una ceja. "Realmente podría haber gritado. No he tenido mucha paciencia últimamente."

"......"

Lo había dicho seriamente. Leah suspiró interiormente. Probablemente debido a sus personalidades opuestas, ella tenía la sensación de que se estaba siendo arrastrada a medida que hablaban. Nunca pensó que lo llamaría por su nombre.

Sin embargo, incluso lloró pidiendo los dátiles y fue agradable llamarlo por su nombre.

Leah miró fijamente a Ishakan. El hombre en el que había estado pensando durante los últimos días estaba delante.

Aunque el reencuentro sucedió de una absurda manera que no esperaba, de todos modos fue bienvenido. Leah reflexionó sobre sus recientes pensamientos y habló.

"...Dijiste que había perdido la memoria."

Eso parecía ridículo, pero tal vez pudiera descubrir detalles sobre lo que estaba pasando. Leah estaba aislada actualmente. Nadie le decía si algo estaba bien o mal, sólo seguían sus órdenes.

Ishakan fue el único que le dijo a Leah que su vida diaria estaba mal. Este hombre le hablaba desde una perspectiva diferente. No habría nada malo en escucharlo.

"Me gustaría que me explicaras un poco más."

Pero sorprendentemente no pareció entusiasmado con su petición.
 
"Si se pudiera resolver con palabras, lo habría hecho. No se llamarían hechizos si se rompieran con tanta facilidad."

"¿Hechizos...?"

"Mi papel es ayudarte, Leah."

Ishakan extendió su mano. Su gesto significaba que si ella quería saber más, tenía que salir con él. Leah respiró profundamente.

Sentía un intenso impulso. Aunque vinieron a su mente decenas de razones por las que no debería hacerlo, al final las ignoró y tomó la mano del hombre.

La gran mano le parecía firme y cálida. Inmediatamente, Ishakan levantó a Leah con un movimiento fluido. Frunció ligeramente el ceño.

"Estás más ligera."

Lo dijo con naturalidad como si la hubiera cargado muchas veces en el pasado, y se dirigió al balcón. Cuando Leah parpadeó rápidamente, su cuerpo se encontraba en el aire.

"......!!"

Estaba tan asustada que lo abrazó fuertemente. Ella pensó que resonaría el sonido de un golpe en el silencio en el palacio de la princesa, pero no se escuchó nada. Ishakan aterrizó en el suelo sin hacer ruido y enseguida caminó como si nada hubiera pasado.

Leah llevó su mano hasta su palpitante corazón. Un día su corazón explotaría por culpa de este hombre.

Ishakan conocía bien la geografía del palacio real, como si estuviera en la palma de su mano. Y daba miedo porque estaba familiarizado incluso con los sistemas de seguridad.

Ahora que lo pensaba, fue extraño que se encontraran por primera vez delante de la fuente. Se trataba de un lugar poco visitado. No pudo evitar preguntarse cómo un forastero que venía del desierto podía conocerlo y visitarlo.

Leah, que estaba pensando en muchas cosas, bostezó levemente. La somnolencia la estaba invadiendo desde hace un tiempo. En la calidez de sus brazos y su fresco aroma, su nerviosismo fue desapareciendo. Leah, que se acurrucó entre sus brazos, se quedó dormida sin darse cuenta.