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sábado, 10 de julio de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 206

Capítulo 206. Visita Nocturna (2)


Se acostó en la cama, pero no podía dormir aunque estaba increíblemente exhausta. Leah, que observaba el techo con la mirada perdida, se levantó lentamente.

Tenía tanta hambre que no podía dormir. Leah pensó en lo que había comido durante el día. Todo le provocaba náuseas, así que lo único que consumió fue un poco de agua y fruta. Aunque tampoco no tenía ganas, lo hizo para no morir.

Leah, que paseaba por la habitación, se sentó en un sillón porque no tenía fuerzas. No se sentía bien físicamente y mentalmente porque no podía comer adecuadamente.

Quería comer dátiles secos. El recuerdo de cuando los había probado regresó vívidamente, atormentando a Leah. Ella se mordió el labio inferior al pensar en el sabor del dátil.

Ishakan le había mentido. Prometió darle dátiles, pero luego desapareció. Incluso aceptó besarlo porque quería comer eso.

'Tengo hambre...'

Abrazó un cojín para calmar su hambre. Estaba muy triste porque no podía comer lo que deseaba. Además, parecía que su apetito alteraba sus emociones. 

Leah, que estaba aguantando el hambre, de repente tuvo náuseas. Sintió el estómago revuelto aunque no había comido nada.

Creía que necesitaba un poco de aire fresco. Ella se movió lentamente, abrió la puerta de cristal y salió al balcón. Mientras contemplaba el palacio real de noche apoyando sus manos en la barandilla, percibió un aroma refrescante. Cuando dirigió su mirada hacia donde provenía el aroma, casi gritó. 

Fue porque sus ojos se encontraron con los de un hombre que estaba sentado en un árbol fumando un puro. Los ojos dorados brillaban con picardía.

"Ups, me has atrapado." Exhaló el humo y sonrió. "Sólo quería fumar un poco."

Leah estaba muy sorprendida, tanto que no podía hablar. Ishakan se levantó después de deshacerse del tabaco que estaba fumando. Con un pequeño saco en una mano saltó hábilmente hacia el balcón.

A pesar de que había una distancia considerable entre el balcón y el árbol, aterrizó fácilmente. El cuerpo de Ishakan se puso rígido frente a Leah.

"...¿Leah?"

De repente, los ojos de ella se llenaron de lágrimas. Había algo más importante y grave que el hecho de que este hombre hubiera irrumpido en el palacio de la princesa en medio de la noche sin permiso. Leah habló con lágrimas en los ojos.

"Dátiles..."

Ishakan parpadeó desconcertado. Ella gritó intentando contener las lágrimas.

"¡Dijiste que me los darías... por qué no lo hiciste...!"

"......"

Extendió el pequeño saco que estaba sosteniendo con una expresión ligeramente desconcertada. El pequeño saco estaba lleno de cajas de dátiles. 

Después de sacar rápidamente una caja, Leah se comió inmediatamente los dátiles que contenía. Posteriormente sacó una segunda caja y se comió la mitad.

Cuando sació el hambre de su estómago, comenzó a esconder ordenadamente el resto de las cajas en la habitación. La simple idea de poder comerlos en el futuro la hacía sentir mejor. Parecía como si se hubiera convertido en una ardilla almacenando comida.

Recobró la compostura cuando finalmente escondió todas las cajas.  Leah miró torpemente a Ishakan.

"...Ah."

Su cara se enrojeció como una manzana por la vergüenza. Leah bajó la cabeza. Se había comportado glotonamente dos veces delante de este hombre. Ahora ni siquiera quería imaginar lo que pensaría de ella.

Pero aunque mantuvo la cabeza agachada durante mucho tiempo, no escuchó su voz. Levantando lentamente la mirada, vio que Ishakan no tenía una expresión burlona en su rostro. El hombre preguntó interrumpiendo sus pensamientos.

"¿Te estás muriendo de hambre sólo para poder ponerte un vestido?"

"No, es que... no he tenido apetito últimamente..."

Ishakan frunció el ceño. Preguntó esta vez con una voz un poco más sombría.

"¿Por qué no tienes apetito?"

Leah desconocía el motivo. Extrañamente cuando comía algo que no fueran los dátiles, sentía náuseas y terminaba vomitando todo. Esto le parecía ridículo, así que ella prefirió no decir nada.

Aunque no recibió una respuesta, Ishakan no indagó más. En cambio, murmuró con una expresión de disgusto.

"Estás bajando de peso..." Chasqueó la lengua y le preguntó a Leah. "Hay un buen clima, ¿Por qué no hacemos un paseo nocturno juntos?"

Nuevamente estaba diciendo tonterías. Pero sería inútil reprochar su comportamiento. Si se hubiera preocupado por eso desde el principio, no habría venido aquí. Cuando Leah se preguntaba cómo debía negarse y pedirle que se marchara, Ishakan agarró suavemente su barbilla.

"Te daré muchos dátiles..." Sus largos dedos tocaron sus labios. Limpió los restos de dátiles de las comisuras de su boca, luego se lamió las yemas de los dedos y dijo. "También te daré algunas cosas más deliciosas."