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jueves, 8 de julio de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 204

Capítulo 204. Ocupada (2)


Pero intentar tener s3xo con Blain la asustaba. No sabía por qué sentía tanta repulsión

"......"

Leah frunció el ceño un momento. Sentía una pesadez en el vientre y le dolía un poco. Su menstruación estaba irregular, no había venido últimamente.

De repente, recordó que un sastre había dicho que las medidas de su cintura habían aumentado un poco. Ahora que lo pensaba, parecía que su barriga sobresalía un poco. Esto no tenía sentido porque no estaba comiendo normalmente. Le preocupaba que Cerdina se diera cuenta porque seguramente le reprocharía arruinar la forma del vestido.

Leah dejó de pensar en ello, para no seguir angustiándose. Ahora mismo tenía mucho trabajo que hacer.

Cuando estaba leyendo los documentos sobre la seguridad de la capital, hubo un alboroto afuera, y pronto la puerta se abrió abruptamente. Una mujer rubia entró en la oficina.

"Que la luz brille sobre Estia." La Dama Mirael caminó hacia el frente del escritorio de Leah, haciendo sonar su calzado. Entonces la saludó con una sonrisa. "Hola Princesa." 

Leah, que no respondió a su saludo, dirigió su mirada hacia la puerta. Las damas de compañía y los caballeros no sabían qué hacer.

Al parecer, la Dama Mirael había entrado imprudentemente. Ella entendía que los caballeros no podían forzarla porque le tenían miedo a Blain.

En el palacio real se conocía ampliamente la agresividad de Blain. Nunca perdonaba a nadie que fuera en contra de su voluntad. Ellos no actuarían precipitadamente porque no sabían qué castigo recibirían si trataban inadecuadamente a la Dama Mirael, quien recibía el favor de Blain.

Leah dejó la pluma suspirando levemente. Apartó los documentos y miró a la Dama Mirael mientras ésta se sentaba.

"Pensé que sabrías la etiqueta básica para entrar en el palacio." Leah dijo con frialdad. "Necesita un nuevo profesor que le enseñe la etiqueta real, Dama Mirael."

Sin embargo, a pesar de la frialdad en su tono, la Dama Mirael no retrocedió. "No me malinterpretes." Ella afirmó con una gran sonrisa. "He venido aquí con la intención de conocerte más."

La Condesa Melissa frunció el ceño por su lenguaje y comportamiento descortés. Leah miró a la Dama Mirael en silencio. No haría nada para saber hasta dónde llegaba.

La Dama Mirael miró alrededor de la oficina de Leah. Después de observar el escritorio lleno de varios documentos, miró la mano de Leah y sonrió.

Leah miró su mano por un momento. Tenía tinta en el dedo. Ni siquiera se había dado cuenta porque estaba muy ocupada trabajando.

"El trabajo es importante, pero ¿No hay algo más importante?" La Dama Mirael continuó hablando tranquilamente. "Yo podría ayudarte de muchas maneras. Por ejemplo..." Después de alargar un poco sus últimas palabras, dijo sonriendo. "Con su Alteza..."

Pero eso no fue todo. La Dama Mirael incluso dijo algo que no debería. "Tienes que intentarlo, Princesa. Seguramente no quieres que te suceda lo mismo que tu madre."

Hubo una tensión en la oficina. La Dama Mirael miraba a Leah con ojos expectantes. Leah finalmente entendía la razón de su visita.

Parecía que quería un conflicto con Leah. Quizás esperaba que Leah la abofeteara para después acudir a Blain para decirle que la habían maltratado en el palacio de la princesa y crear un problema.

La fatiga la invadió. Fue porque no tenía ánimos para entrar en una guerra de desgaste con la Dama Miriel. Prefería seguir leyendo los documentos. 

"Dama Mirael." Leah sacó un pañuelo y preguntó, limpiando la tinta de su mano. "¿Te preocupa perder el favor del Rey?"

"¡......!"

La Dama Mirael reaccionó como si hubiera pinchado su punto débil.

"¿Por qué no tratas de cuidar tu belleza en lugar de venir a hablar conmigo?"

"Co, cómo... puedes decir..."

"Eres una consorte." Leah dijo tranquilamente. "No la Reina."

Los ojos de la Dama Miriel se agrandaron. Frunció el ceño y exclamó.

"¡Eres una mediocre que ni siquiera puede tener s3xo...!"

"¿Qué está pasando?"

Una voz fría sonó en la oficina. Leah y la Dama Mirael dirigieron sorprendidas su mirada hacia la puerta. Blain, vestido con ropa de caza, estaba parado con una expresión fría en su rostro.

Dejó caer las flores de melocotón que tenía en la mano y se acercó. Inmediatamente agarró a la Dama Mirael por el cabello. Ella estaba tan conmocionada que ni siquiera gritó. Blain preguntó de nuevo.

"¿Qué está pasando?"