Reciente

sábado, 3 de julio de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 200

Capítulo 200. Cúmulo de Emociones (3)


El hombre tenía una temperatura corporal bastante cálida. Ella no pudo resistirse a la fuerza del empuje y su espalda chocó contra la puerta. El hombre envolvió a la renuente Leah entre sus brazos.

Antes de que ella pudiera pensar en algo, siguió un profundo beso. Una mano del hombre sujetó su cintura y la otra su nuca.

Una llama apasionada ardió por todo su cuerpo, en el momento en que la mano que estaba en su cintura tocó su sen0. Cuando rozó su p3zón, sintió un gran placer. "¡Oh, detente...!" 

Leah empujó tardíamente a Ishakan y lo miró fijamente con sus temblorosas pupilas. Sus cálidos ojos dorados le parecían hipnotizantes.

El sonido de sus respiraciones agitadas se mezclaban mientras mantenían el contacto visual. Su mente estaba caótica por el deseo carnal que experimentaba por primera vez en su vida. Leah desvió rápidamente su mirada y susurró. "...Detente, suéltame."

Pero los gruesos brazos sólo abrazó a Leah con más fuerza. Leah lo empujó de nuevo, murmurando entre dientes. "Por favor..."

Un sentimiento de culpa la invadió. No podía creer que hubiera traicionado a la persona que amaba y que había estado a su lado durante tanto tiempo por un simple deseo. Ishakan se dio cuenta de que Leah se sentía culpable, así que preguntó entrecerrando los ojos.

 "Dime qué tiene de bueno ese tipo. Entonces te soltaré." Obviamente se refería a Blain. "Parece que no se preocupa por ti."

Leah contestó con firmeza esperando que el hombre no profundizara más en el asunto. "Es porque me gusta."

"¿Por qué?"

Leah no pudo responder inmediatamente, se quedó dudando. Leah amaba a Blain de forma natural, del mismo modo que sale el sol y la luna se pone.

Ella sintió aversión ante la simple idea de cuestionar una verdad absoluta que nunca había considerado. Después de haber dudado durante un tiempo, Leah respondió cuidadosamente.  "Es muy dulce."

Aunque ahora había cambiado un poco, en el pasado Blain realmente se comportaba dulcemente. Ishakan se burló de la inocencia de Leah. "Estoy seguro que ese tipo te ha forzado."

"¡No, confesé mis sentimientos primero...!" Le replicó Leah enfadada. Sin embargo, detuvo sus palabras porque los ojos de Ishakan repentinamente se volvieron feroces. 

"...¿Tú?" Preguntó con una voz sombría. "¿Cómo?"

Leah no entendía por qué tenía que responderle esto, pero terminó revelando una historia muy personal,  "En un jardín de peonías... le confesé mis sentimientos..."

"¿Peonías?" La forma en que interrumpió sus palabras y preguntó hizo que ella sintiera miedo. Parecía que mataría a alguien en cualquier momento. Instintivamente su cuerpo se encogió.

"Ah, el jardín de peonías...." El hombre habló mientras Leah estaba tan asustada que no podía decir nada. "Debes haberte confesado sosteniendo una flor." Un destello apareció en sus ojos dorados. "Estabas temblando y con el rostro enrojecido, aún así pediste que te tomara como prometida..."

Golpeó fuertemente la puerta en cuanto terminó de hablar. Leah se quedó atónita. Ishakan gritó en lenguaje Kurkan algo ininteligible con la cara contorsionada. El puño contra la puerta tembló brevemente.

Ishakan no pudo contener su ira e insultó repetidamente en lenguaje Kurkan. Hasta que de repente, tiró de Leah hacia su pecho. Leah permaneció paralizada mientras la abrazaba. El hombre pronunció su nombre.

"Leah..." El arrogante hombre se estremeció como si estuviera a punto de derrumbarse. De repente, sus ojos se llenaron de lágrimas y sentía que lloraría, aunque no había ninguna razón para ello. Pero Leah pudo contenerse. 

Ishakan inhaló y exhaló profundamente durante un rato mientras la abrazaba. Su ferocidad, parecida a la de un animal, se calmó lentamente. "Antes sabías que este lugar era un infierno." Miró a Leah y susurró. "Ahora ni siquiera lo sabes."

"......" Fue un comentario grosero. Leah debería reprochar su actitud, pero no podía hablar como si sus labios estuvieran pegados.

Una gran mano cubrió la mejilla de Leah. Fue la que Blain le había abofeteado el otro día. Sus largos dedos acariciaron suavemente su mejilla.

"¿Qué debo hacer, Leah?" Preguntó Ishakan en un tono suave. "¿Los matamos y nos vamos al desierto?"