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viernes, 2 de julio de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 199

Capítulo 199. Cúmulo de Emociones (2)


Leah, que estaba absorta en el fresco aroma, apretó sus labios. No haré nada que no quieras… Cada palabra pronunciada por el hombre que venía del desierto hacía que Leah se sintiera extraña. El hombre añadió despreocupadamente.

"Pero, al menos podríamos besarnos."

"¿......?"

"Tú también lo necesitas. Por supuesto, si quieres hacer algo más, será bienvenido."

"No lo necesito." Leah se negó rotundamente. Aunque fuera el Rey de Kurkan no podía tratarla de esta manera. Entonces, decidió corregir lo que estaba mal. "Ya hemos confirmado las identidades del otro, así que debes comportarte adecuadamente."

Pero parecía que Ishakan hizo oídos sordos a las palabras de Leah y la observó atentamente. Después de mirar sus flacos hombros, murmuró unas palabras incomprensibles. "Si estuvieras en el desierto, te tratarían increíblemente..."

Leah se mordió los labios. Su corazón latía con fuerza cada vez que el hombre decía algo. Su aroma, su voz, su mirada, su temperatura corporal y todo lo demás, la ponía nerviosa.

Su boca se secó por el inexplicable nerviosismo. De repente, sintió un punzante dolor de cabeza acompañado de una voz severa.

—Abandona este lugar inmediatamente.

Fue una orden prepotente, pero hoy no le importaba rebelarse. Quería hablar con este hombre un poco más.

Leah se quedó obstinadamente. Cuando levantó la cabeza y vio sus ojos dorados que la miraban fijamente, le hizo una pregunta sin ninguna cortesía.

"Entonces, ¿Has recordado algo?"

"¿Cómo puedo recordar a alguien que nunca he conocido?"

Ishakan frunció el ceño ante sus espinosas palabras. Se quedó pensativo por un momento hasta que repentinamente, sacó una pequeña caja.

"Segunda pista." Cuando abrió la tapa de la caja, quedaron al descubierto unos frutos de color marrón oscuro. Leah los miró con curiosidad.

'¿Qué es eso?'

Era la primera vez en su vida que los veía. Pero olían muy bien. Se le hizo la boca agua. No podía apartar la mirada de ellos.

"Son dátiles..." Ishakan le tendió la caja sonriendo. "Es un presente."

Olvidando rechazarlo, agarró la caja y se comió uno enseguida. Un sabor dulce se extendió en su boca acompañado de una textura pegajosa.

Sus mejillas se sonrojaron y sus ojos se agrandaron espontáneamente. Leah exclamó en su interior. Este era el sabor que había extrañado en su inconsciente durante mucho tiempo y que se moría por probar.

Después de comerse el primero en un instante, se metió apresuradamente los demás en la boca. Estaba comiendo como si sus náuseas fueran falsas. Los dátiles estaban tan deliciosos que casi lloraba.

La caja quedó vacía en un parpadeo. Leah, que miraba la caja vacía con pesar, recobró la compostura. Entonces, cerró la tapa de la caja.

Por mucha hambre que tuviera, debía mantener las apariencias... Además, estaba frente al Rey de otro país…

Estaba avergonzada, deseaba poder esconderse en algún lugar. Realmente parecía una glotona como decía Cerdina. Quería comer más, quería saciar su estómago hambriento hasta el punto de estallar.

Pero no había otra manera de conseguir más dátiles. No podía pedirle a las damas de compañía que le consiguieran esto. Si pedía conseguir algo tan inusual como un dátil, seguramente Blain y Cerdina se enterarían. Si ellos casualmente le preguntaban por qué los quería, ella no tendría ninguna excusa creíble.

Después de todo, la única forma de conseguir un dátil era el hombre que tenía delante. Saboreando la tenue dulzura remanente en su boca, Leah se arriesgó a preguntar.

"Pu, puedes..." Ishakan ladeó la cabeza hacia un lado ante la voz temblorosa. Ella le dijo con la cara sonrojada. "¿Puedes darme un poco más...?"

Ishakan se cubrió la boca con el dorso de la mano. Leah se dio cuenta de que estaba conteniendo las ganas de reírse y su rostro enrojeció aún más.

"Hay una condición." Ishakan tocó sus labios con su dedo. Estaba claro lo que significaba ese breve gesto. Un beso. La expresión de Leah se volvió rígida ante la exagerada condición.

"Tengo pareja."

"Yo también."

El hombre no retrocedió en absoluto y habló tranquilamente.

"Si no quieres, está bien."

"......"

Leah apretó los labios. No había podido comer nada durante un tiempo. Así que después de haber probado algo que podía comer, se le hacía difícil resistir los impulsos. 

El sabor de los dátiles que acababa de comer seguía invadiendo su mente, causando que se impacientara. Su raciocinio comenzó a nublarse. El muro del autocontrol que había mantenido firmemente se derrumbó estrepitosamente.

Lo haría impulsado por el intenso deseo de comer. Leah miró los labios del hombre. Cuando se besaron no le desagradó en lo más mínimo, incluso le produjo placer.

Ahora ella se preguntaba si sentiría lo mismo que cuando se besaron bajo la lluvia. Ignoró la advertencia de su cabeza y extendió las manos. Apoyando sus manos en el pecho de Ishakan, se puso de puntillas. Sus ojos se agrandaron ante la repentina aproximación del rostro del hombre.

Sus labios hicieron contacto suavemente, provocando en ella una sensación de estremecimiento. En el momento en que pensó despegar sus labios, el hombre se abalanzó.