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domingo, 18 de julio de 2021

La Emperatriz Se Volvió A Casar - Capítulo 338

Capítulo 338. ¿Por Qué Sigue Apareciendo? (1)



'Debí haber prestado atención a Heinley cuando mostró interés en mí.'

Rashta esperó a que los nobles terminaran de pasar antes de salir de entre los arbustos y dirigirse a la habitación del Duque Elgy.

Cada vez que oía el crujido de la hierba al pisarla, su ira se elevaba como la espuma.

"¿No tienes buen aspecto?"

Preguntó el Duque Elgy, percatándose inmediatamente de la profunda ira de Rashta.

"Escuché malas noticias."

Rashta cerró la puerta sólo después de confirmar que no había nadie alrededor.

"¿Malas noticias?"

"¿Cómo se sentiría el Duque si alguien con quien tiene una mala relación llegara a ser feliz?"

"No creo que bien. Sería un poco desagradable."

"A Rashta le pasa lo mismo. Una persona que Rashta detesta se está volviendo feliz. Rashta odia eso. Dejó sus desgracias a Rashta y se marchó para ser feliz."

"¿De quién estás hablando?"

"... Hay una persona así."

Rashta habló vagamente y señaló la gran maleta de viaje detrás del Duque Elgy.

"Por cierto, ¿a dónde vas?"

"Ah. Voy a visitar el Imperio Occidental por un tiempo."

"¿El Imperio Occidental? ¿Por qué?"

Rashta se acercó asustada al Duque Elgy. Agarrando suavemente con ambas manos una esquina de su traje.

"¿Abandonarás a Rashta?"

"Me iré por un tiempo. Quiero ver a Heinley."

"Por qué a él..."

"Lo felicitaré por su primer hijo."

La expresión de Rashta se ensombreció. Ahora estaba molesta y alterada por eso. Sus entrañas parecieron retorcerse al escuchar que el Duque Elgy iría a felicitarlo.

"Oh cierto. Su Majestad Heinley es un amigo cercano del Duque."

"¿Su Majestad Rashta no va a ir?"

"¿Por qué Rashta iría allí?"

"Debería haber recibido una invitación formal. ¿No quiere ir?"

Rashta murmuró con voz deprimida.

"No es que no quiera ir. Rashta recientemente no ha sido tratada como una emperatriz ni siquiera en el Imperio Oriental. Siendo así en su propio país, ¿Rashta sería tratada bien en otro país?"

La verdad es que se debatía entre ir o no ir. No quería ir a ver a Navier hacer alarde de su felicidad. Pero quería ver al Emperador Heinley una vez más.

En aquel entonces, Rashta creía que Heinley tenía interés en ella, pero estaba tan obsesionada con el Emperador Sovieshu que fingió no darse cuenta, y al final Heinley se casó con Navier.

Ahora que la situación ha cambiado, ¿el resultado no sería diferente?

Tanto si cambiaba de opinión como si no, quería tantear el terreno. Sin embargo, dejando de lado al Emperador Heinley, no quería ver a la mujer que la empujó a un pozo y se marchó para ser feliz.

Además, el Duque Elgy también irá al Imperio Occidental...

"Ahora que lo pienso, hay menos razones para no ir."

"¿Vamos juntos?"

"Me gustaría. Pero no sé si Su Majestad lo permitirá..."

Rashta suspiró con ansiedad. Pero inesperadamente, cuando le preguntó a Sovieshu si podía ir al Imperio Occidental, inmediatamente accedió.

Fue una actitud complaciente que ni siquiera la propia Rashta había previsto.

"¿De verdad está bien ir?"

"Últimamente pareces deprimida. Te hará bien irte de viaje."

"¡Gracias, Su Majestad!"

"Observa a Navier mientras estés allí y aprende cómo se comporta una emperatriz."

Aunque desconfiaba de su actitud excesivamente suave, ya que se trataba de una petición suya, Rashta acabó confirmando su visita al Imperio Occidental y comenzó a prepararse para el viaje.

Y al cabo de unos días. Rashta partió hacia el Imperio Occidental, acompañada por el Gran Duque Lilteang, mientras que el Duque Elgy partió por separado, tomando un camino diferente al del resto del grupo.

Al día siguiente, el Marqués Farang partió para reunirse con su amigo Koshar, y Sovieshu envió a Evely, a quien había previsto enviar para el cumpleaños de Heinley.

Además, muchos otros nobles fueron a visitar por su cuenta el Imperio Occidental, por lo que el bullicioso palacio imperial pareció sumirse de repente en el silencio.

En este momento, la atención de la gente se centró en el Imperio Occidental. Sovieshu aprovechó la oportunidad para enviar a sus caballeros cercanos a capturar a las sirvientas de Rashta.

***

Mientras tanto. El viejo Duque Zemensia llamó a sus nietos y les indicó después de hablarles de su tía Christa.

"Su tía se suicidó por el bien de la familia, por el futuro de ustedes. Así que tienen que estudiar mucho y ser grandiosas personas, para fortalecer nuestra familia y vengar a su tía. ¿Lo entienden?"

Aunque Christa no se sacrificó voluntariamente por los niños, fue por el bien de estos niños que el viejo Duque Zemensia abandonó a Christa.

A pesar de que tuvo que renunciar a su hija, quería que estos niños honraran y recordaran el sacrificio de Christa con dignidad.

O más bien lo hacía porque su hija, al final, había sido demasiado lamentable.

Sin embargo, los dos niños tenían una expresión de molestia.

"¿Por qué tienen esa cara?"

Una vez que el Duque Zemensia preguntó severamente con un poco de suspicacia, su nieto respondió hoscamente,

"Mis amigos se burlan de mí diciendo que mi tía es una mentirosa."

"¿Qué?"

"He oído que mi tía se volvió loca por el emperador e intentó deshonrar a la emperatriz, por eso acabó en Compshire. ¿Qué sacrificio hizo por nosotros?"

"¿Crees esas tonterías?"

"Honestamente, sí. Qué nos importa si mi tía se suicidó. Mi tía es la hermana de mi padre, no la mía."

"¡Niño... niño grosero!"

Enfadado por las palabras de su nieto, el viejo Duque Zemensia le dio una bofetada en la mejilla.

Apenas rompió a llorar, su nieta, que estaba al lado de su hermano, gritó furiosa,

"¡Abuelo, por qué le pegaste! ¡Mi hermano no dijo nada malo! Incluso si mi tía murió por nosotros, esa fue su elección, ¡no le pedimos que lo hiciera!"

"¡No tienen corazón!"

El viejo Duque Zemensia gritó horrorizado.

"¡Su tía les celebró fiestas de cumpleaños en el palacio imperial, invitó a sus amigos a jugar, les organizó fiestas sólo para niños y les dio todo tipo de regalos! ¿Qué necesidad tenía su tía de hacer todo eso? ¡Cómo pueden ser tan crueles!"

Justo entonces se escuchó un grito agudo a través de la puerta abierta, "¡Oh, Dios mío! ¡Suegro!"

Al darse la vuelta, vio a la Duquesa Zemensia acercándose enérgicamente.

La Duquesa, que no tardó en llegar al lado de sus hijos, exclamó mientras abrazaba a su hijo que lloraba.

"¡¿Le pegaste sólo porque no te gustó lo que dijo?!"

"¡Nirhia!"

"¡Tiene razón! ¡Por culpa de Christa estamos en una posición terrible! Hay una fiesta para celebrar el primer hijo de la familia imperial, ¡y mi esposo, el Duque Zemensia, ni yo fuimos invitados! ¡La gente se ríe de nosotros cada vez que nos ven! ¡Todo es por culpa de Christa!"

"¡Tonterías! Gracias a mi hija andabas con la cabeza en alto, pero ahora que ha muerto y es objeto de burla, ¿no estás de su lado?"

"¿No es natural estar del lado de alguien sólo cuando es útil?"

"¡Nirhia!"

Gritó enfadado el viejo Duque Zemensia, con los ojos enrojecidos.

El mayordomo, que se acercó a la habitación tras escuchar las voces elevadas, caminaba de un lado a otro mientras pensaba que los vasos sanguíneos de su maestro podrían estallar en cualquier momento, así que eventualmente entró para asistir al viejo duque.

La Duquesa Zemensia lanzó una fría mirada al viejo duque y salió con los dos niños.

"Esos niños... esos niños como pueden ser así..."

El viejo duque estaba tan indignado que sus ojos se llenaron de lágrimas y no pudo hablar correctamente.

Christa ciertamente no se sacrificó voluntariamente. Sin embargo, sacrificó a Christa por el bien de esos dos niños, y su hija murió afligida por el abandono.

El cuerpo traído de Compshire no podía ni cerrar los ojos del resentimiento que albergaba.

"¡Cómo pude preferir salvarlos a ellos en vez de a mi hija!"

El viejo duque respiró con dificultad y se agarró el pecho.

"¡Maestro!"

El mayordomo se apresuró a sentar al viejo duque en un sillón cercano. El viejo duque se agarró con fuerza a los reposabrazos del sillón y jadeó repetidamente.

"Mayordomo... Mayordomo."

"Sí, maestro. Aquí, aquí estoy."

"Si no hubiera cedido ante la demanda de ese maldito emperador por el bien de esos dos niños, me las habría arreglado para mantener a mi hija aquí. Incluso si la familia se derrumbara, ¡habría sido capaz de protegerla!"

Las lágrimas corrían por las mejillas del viejo duque.

"Pero esos niños sin corazón... cuando Christa era la reina, los niños la seguían diciendo que su tía era la mejor..."

El viejo duque, que recordaba a sus dos nietos, a su hijo y a su nuera, acudir a Christa cada vez que necesitaban algo, especialmente dinero, sentía que su corazón estallaría y no dejaba de golpear con fuerza los reposabrazos del sillón.

"Maestro..."

El mayordomo, que había visto crecer a Christa desde que nació, también tenía los ojos llenos de lágrimas y se las secaba con las mangas.

"Mi hija. Mi Christa. Mi bebé."

El viejo duque rompió a llorar y se cubrió la cara con ambas manos.

Al pensar que su hija había muerto sin poder cerrar los ojos por lo que le había hecho, le dolía el corazón como si se lo estuvieran aplastando.

Y lo que es peor, no podía echarlos a pesar de estar tan enfadado que rechinaba los dientes. Si los echaba, la muerte de su hija sería en vano.

Además, si lo hacía en un ataque de ira, realmente se quedaría sin familia.

Incluso no había tenido noticias de su sobrino, el Marqués Ketron, en estos días, y el Duque Liberty por alguna razón intentaba establecer una conexión con la Emperatriz a través de sus dos hijos.

"Maestro..."

Los sollozos del viejo duque y el mayordomo llenaron la sombría mansión.