Reciente

martes, 22 de junio de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 194

Capítulo 194. Ocultar


Blain caminaba lentamente en el oscuro y lúgubre palacio. Desde las altas ventanas de cristal, que llegaban del suelo al techo del pasillo, se podía observar claramente la lluvia que caía en el exterior.

De repente, un destello de luz se extendió por todas partes. La aparición del relámpago, como una cicatriz en el cielo negro, fue seguida de un estruendo que hizo temblar el cielo y la tierra. A pesar del sonido ensordecedor, Blain siguió caminando indiferentemente.

Los gitanos que estaban sentados en el suelo del pasillo miraron a Blain. Aunque estaban vestidos con ropa de asistentes, su comportamiento seguía vulgar. Ni siquiera presentaron sus respetos, sólo tatarearon canciones en un lenguaje que no entendía.

Blain abrió la puerta de la habitación de Cerdina. Hacía calor en la habitación. En la cortina de la cama veía el reflejo del cuerpo de una mujer. Blain habló seriamente. "¿No me dijiste que tendría su corazón?"

Cerdina salió de la cama y se puso unas pantuflas. Un camisón hecho de satén cubría su piel. Omitiendo el hecho de que la visitaba en medio de la noche, ella solo frunció el ceño ligeramente y le preguntó. "¿Por qué Leah no te escucha? ¿No te he dicho que te ama?"

Blain torció los labios. "Es diferente."

Después de que Leah fuera traída de regreso al palacio real de Estia, sólo estuvo satisfecho durante una semana. Durante ese tiempo, Blain se dio cuenta de que algo andaba mal.

No existía el amor que esperaba. No habían sonrisas brillantes, conversaciones profundas, ni bromas juguetonas como esperaba.

Cuando le preguntaba, ella respondía como una muñeca con la cuerda rota, que lo quería. Su amor se basaba enteramente en lo que ella había vivido con el salvaje, puesto que los recuerdos de ese hombre habían sido ocupados por él. Por lo tanto, aún no había conseguido lo que quería.

Habían pasado dos meses desde que Leah regresó al palacio real de Estia. Pero la relación seguía estancada. Leah realmente no amaba a Blain.

La inconformidad empujó a Blain al precipicio. La locura en sus venas se hacía más intensa cada día.

"No me ama como lo hizo con ese hombre."

Cerdina miró a Blain en silencio. Se había cambiado la ropa, pero su cabello mojado por la lluvia no se había secado y se le pegaba a la cara.

Miró brevemente hacia la ventana. Sus largas pestañas se agitaron mientras veía la lluvia a través de los espacios de las cortinas.

"Estás siendo demasiado gentil. Tú también lo sabes." Había una pizca de irritación en su tono severo. "La chica es tuya, Blain. Tú tienes el control." Cerdina se acercó a Blain y pasó suavemente su mano por su cabello húmedo. "No dejes que Leah te domine. ¿De acuerdo?"

Blain no respondió. Cerdina suspiró suavemente y murmuró. "Tal vez estás preocupado porque él todavía está vivo."

Ella movió sus dedos en el aire. Humo negro apareció en la punta de sus dedos. "Convertiré en muñecos a los emisarios de todos los países que se reunirán en esta boda. Por supuesto, los bárbaros también se arrodillarán ante ti..." El humo negro salió por las rendijas de las ventanas hacia el exterior. El sonido de la lluvia fue disminuyendo gradualmente hasta que finalmente desapareció. 

Cerdina deslizó las cortinas y abrió la ventana. La lluvia había cesado. Ella se volteó sonriendo para mirar a Blain. "Ahora no soy diferente de un Dios."

Blain respondió con ironía. "Hablas demasiado, ni siquiera puedes hacer que tenga su corazón."

La sonrisa de Cerdina se desvaneció. Ella habló arrogantemente como si el mundo entero le perteneciera. "Si matamos al bárbaro..." Pero pronto detuvo sus palabras. Una suave brisa fresca sopló en la habitación donde el calor se había escapado por la ventana.

"No necesito la corona, el trono o el continente. Ese es tu deseo. Sólo he querido una cosa desde el principio." Blain habló con una mirada amenazante. "Por favor, mantén tu promesa. Madre."

***

Irónicamente después de abofetearla, Blain la esperó bajo la lluvia frente al palacio de la princesa durante mucho tiempo. Después de que Leah se secará con un paño y se cambiara la ropa, Blain le aplicó un ungüento en la mejilla hinchada. Finalmente, se marchó del palacio de la princesa cuando la vio quedarse dormida. 

Al día siguiente, Leah se despertó temprano. Sin embargo, no se levantó enseguida de la cama y se quedó acostada durante un rato.

Normalmente, habría ignorado lo sucedido bajo la excusa de que lo amaba. Sin embargo, en esta ocasión las acciones de Blain quedaron grabadas en su mente, la había tratado como un objeto y la había humillado. Quizás porque había conocido a un hombre extraño.

El Rey de Kurkan… Leah se esforzó por apartar al hombre de ojos dorados de sus pensamientos. Parecía que había que reforzar la seguridad del palacio real.

El día comenzó como de costumbre. La Condesa Melissa vino a atenderla, escuchó la agenda del día y decidió desayunar ligeramente en su habitación.

Pero en cuanto trajeron la comida a la habitación, Leah frunció el ceño. Percibió un intenso y desagradable olor a productos cárnicos. Aunque todavía no había comido, sintió el impulso de vomitar. 

En el momento en que se preguntaba si debía comerse todo el desayuno, la puerta de la habitación se abrió abruptamente, sin que nadie hubiera tocado previamente.

"Buenos días, Leah."

Cerdina, que sonreía, entró en la habitación como si fuera suya. Su mirada se dirigió a la comida frente a Leah.

"¿Estabas comiendo?"

Instantáneamente, un pensamiento instintivo apareció en su mente.

'No puede descubrirlo'.

Leah no entendía porque no debía descubrirlo. Pero de todos modos ocultó sus náuseas. Entonces respondió con una sonrisa casual.

"...Sí, estuve comiendo."