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sábado, 19 de junio de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 192

Capítulo 192. Hombre Misterioso


"Perdonaré tu descortesía. Haré como si nada hubiera ocurrido..."

"¿Equivocado?" Sin embargo, sus amables palabras fueron interrumpidas. El hombre dijo con un rostro inexpresivo. "Nunca me he equivocado. Ni una sola vez, desde que te conocí por primera vez hasta ahora."

Leah permaneció callada. Debería llamar a los caballeros para que castigaran al grosero intruso, pero seguía dudando porque no quería hacerlo. El hombre que la miraba fijamente le hizo una petición. "Recuérdame, Leah."

Lo dijo con una actitud muy seria, como si realmente ella pudiera recordar momentos que ni siquiera existían. Leah lo miró desconcertada. Cuando hubo cierta tensión en el inquietante silencio, se escucharon las voces de los asistentes que buscaban a Leah

—¡Princesa! ¡Princesa!

Las voces se acercaban. El hombre, con el ceño ligeramente fruncido, le entregó el paraguas. Leah agarró el paraguas inconscientemente. El hombre agarró la punta de su barbilla.

"Te daré la primera pista." Dijo con arrogancia. "Soy Ishakan, el Rey de Kurkan."

"¡......!" Los ojos de Leah se agrandaron. 

El hombre de los ojos dorados volvió a susurrar. "Recuérdame." En cuanto las palabras salieron de su boca, el hombre desapareció. 

Leah miró a su alrededor sobresaltada porque el hombre que había desaparecido en un parpadeo. Pero no había rastros del hombre en ninguna parte. La única prueba de que no fue un sueño era el paraguas que él le había entregado.

Sintió como si estuviera despertando después de haber sido poseída por algo. Sujetando el paraguas bajo la lluvia torrencial, Leah permaneció parada enfrente de la fuente durante un rato antes de moverse.

Después de caminar un poco, se encontró con unos de los asistentes que la estaba buscando. Corriendo bajo la lluvia el asistente se acercó a Leah con una expresión de preocupación y le sostuvo el paraguas.

Leah miró con pesar el paraguas que le quitó el asistente. Habían muchos paraguas similares en el palacio real, pero ella quería ese por alguna razón.

Mientras Leah se dirigía al palacio de la princesa, pensó en el hombre que se hacía llamar el Rey de Kurkan. Ella no lo recordaba, pero él actuaba como si la conociera muy bien.

A diferencia de los Kurkan, de los cuales no se conocía mucho, Leah se podría considerar una figura pública. Cualquiera podría actuar fácilmente como si la conociera si pudiera obtener información detallada. Sin embargo, ¿Qué sentido tenía hacer eso?

Los Kurkan también habían sido invitados a la boda. Sabiendo que Leah se casaría con el Rey de Estia, no había ninguna razón para que actuara de esta manera. Además, las emociones que había mostrado el hombre parecían demasiado intensas para considerarlas falsas.

Los pensamientos de Leah se interrumpieron cuando vio a una persona frente al palacio de la princesa. De pie bajo la lluvia y sin paraguas, estaba Blain con varios asistentes a su alrededor.

"......"

Mirando sus fríos ojos azules, Leah caminó lentamente hacia él. Blain, que esperó como una estatua, abrazó a Leah bruscamente cuando se acercó y puso su cara en su cuello. Ella sintió una leve repulsión, pero pudo tolerarlo. 

El cuerpo de Blain estaba frío, seguramente porque había estado bajo la lluvia durante un largo tiempo. Leah pensó en otro hombre mientras estaba en los brazos de su prometido. Un hombre con una temperatura corporal sorprendentemente cálida...

Después de abrazarla durante mucho tiempo, Blain levantó la mirada y le susurró. "Por favor, di que me amas."

Había un leve indicio de miedo en su voz quebrada. Ella no sabía de qué tenía miedo Blain, pero al menos sabía la respuesta que quería, así que respondió rápidamente. "Te amo."

Blain abrazó con más fuerza a Leah bajo la lluvia. Sólo cuando ella comenzó a temblar debido al frío, él habló nuevamente. "...Entremos."

Blain le dio un beso en la frente, luego agarró su mano para entrar al palacio de la princesa. Leah, que caminaba como si la estuviera arrastrando, miró de repente hacia atrás.

La lluvia que caía se había vuelto más espesa. Leah, que miró el jardín cubierto de una tenue bruma, siguió caminando.

Todavía pensaba en los ojos dorados.