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lunes, 14 de junio de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 188

Capítulo 188. Incomodidad


Tenía que esforzarse más para convertirse en la Reina perfecta. Mientras ella jugaba con las puntas de sus dedos inconscientemente debido al nerviosismo, una sombra se cernió frente a sus ojos.

"¿No me vas a saludar?"

Leah, que estaba sumida en sus pensamientos, recobró de repente los sentidos. Sus ojos azules la miraban fijamente. La Dama Mirael, que estaba a su lado, había retrocedido. Leah lo saludó bajo la severa mirada de la Dama Mirael.

"De todos modos." Blain señaló la carreta con la barbilla. "Entre los animales que cazamos hoy, hay algunas pieles que pueden usarse. Se enviarán al palacio de la princesa para que los revises." 

"Gracias."

Blain le ordenó a Leah mirándola fijamente. "Sonríe." 

Leah sonrió apresuradamente. Fue una sonrisa forzada, pero Blain ignoró ese hecho. Acariciando su mejilla con el dorso de la mano, dijo. "Vamos a cenar juntos. Ven al palacio principal más tarde."

"...Sí."

Después de la breve conversación, Blain entró en el palacio principal con la Dama Mirael. Leah esperó a que se marchara completamente y regresó apresuradamente al palacio de la princesa. Entró en su oficina para encargarse del papeleo. Habían muchos asuntos que debían atenderse hoy. 

Aunque se convertiría en la Reina después de la boda, Leah realmente seguía siendo una Princesa. Sin embargo, tenía que ocuparse de la mayoría de los deberes de la realeza debido a que Blain no cumplía adecuadamente con sus responsabilidades.

Después de ascender al trono, el temperamento de Blain empeoró. Incluso por asuntos triviales maltrataba y expulsaba personas. Como no podía juzgar las cosas racionalmente, Leah se encargaba de todos los asuntos estatales.

Por supuesto, estaba dispuesta a hacer todo esto por la persona que amaba. Pero en los días en que se desplomaba en su cama exhausta debido al interminable trabajo, deseaba que se compartieran algunas responsabilidades.

Leah no podría hacerlo todo para siempre, así que esperaba que Blain hiciera algo en algún momento.

Leah, que había firmado un documento, dijo al recibir el siguiente documento de la Condesa Melissa. "Todavía me pone un poco nerviosa tomar decisiones por mi cuenta. Sería bueno que Su Alteza mirara el acta de la reunión de hoy..."

Leah, que estaba lamentándose, se detuvo. En el momento en que ella mencionó a Blain, la sonrisa desapareció del rostro de la Condesa. Incluso apareció una pizca de frialdad en su rostro inexpresivo. Leah encubrió apresuradamente sus palabras anteriores.

"...Por supuesto, lo correcto sería que me esforzara más."

Entonces la Condesa Melissa sonrió como si nada hubiera pasado. Leah también sonrió, dejó la pluma y dijo. "Descansemos un rato. ¿Puedes traerme un poco de té?"

"Sí, Princesa."

Cuando Condesa Melissa salió de la oficina, Leah suspiró. Últimamente, se sentía un poco incómoda con la Condesa Melissa.

Sentía culpa por el hecho de sentirse incómoda con ella, puesto que ella había estado a su lado desde su niñez. Sacudiendo la cabeza, Leah se levantó de su asiento. Miró por la ventana, tocando el marco con sus dedos, que estaban entumecidos de tanto sostener la pluma. El jardín se veía desolado.

Últimamente, ninguna flor había crecido adecuadamente en el palacio real. Incluso los animales pequeños como los gatos, las aves, y las ardillas, habían desaparecido.

Le pidió a un jardinero que cuidara especialmente los retoños de osmanthus que le habían regalado, pero finalmente murieron. También, se intentó plantar diversas flores, pero todas terminaban marchitándose y muriendo. Sólo crecían enebros de hojas espinosas.

Como en el pasado el palacio real siempre había estado lleno de vegetación, ella lamentaba mucho esta situación. Una brisa fresca sopló entre las ramas estériles de los árboles, haciendo que se balancearan. Leah, que miró los árboles secos, lentamente bajó su mirada.

"......"

De repente sintió un vacío en su pecho. Estaba familiarizada con este dolor, puesto que la había estado atormentando últimamente. Cuando llamó a un médico para que la examinara, éste simplemente dijo que no había ninguna causa aparente.

Decidió ignorarlo pensando que se debía al cansancio, pero sufría cada vez que le dolía el corazón. La invadía una sensación de vacío insoportable. Como si hubiera perdido algo importante...

Pero Leah no sabía lo que era.