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domingo, 13 de junio de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 187

Capítulo 187. Engaño


En Estia se había estado preparando la boda del Rey. No habían pasado ni siquiera unos meses desde el funeral del Rey anterior, pero la determinación de celebrar la boda se mantuvo firme.

Se casaría con su hermanastra, la Princesa Leah. A pesar de que se trataba de un matrimonio incestuoso, los nobles de Estia lo aceptaron sin oponerse.

En otros países consideraban repulsivo el matrimonio entre miembros de la realeza, pero no podían hablar de ello abiertamente porque se trataba de un asunto de otro país, así que se limitaban a murmurar entre bastidores.

El nuevo Rey, Blain, afirmó que se haría una magnífica boda. Estaba demasiado impaciente por casarse públicamente.

No bastó con enviar invitaciones por todo el continente para invitar a los emisarios de distintos países, sino que incluso se enviaron invitaciones a los Kurkan en el desierto del oeste. Fue extraño considerando el hecho de que normalmente ignoraban y despreciaban a los Kurkan como bárbaros.

"Debemos realizar un banquete para darle la bienvenida a los emisarios de los países que nos visitarán para la boda. Se necesita un gran presupuesto para eso."

Su voz se extendió en el Consejo de Gabinete. Leah se mantuvo en silencio por un momento y miró fijamente a los nobles. Hubiera sido normal que alguien hubiera refutado, objetando que la boda no debería ser tan extravagante.

Sin embargo, nadie se opuso. Todos dieron sus respuestas y estuvieron de acuerdo por unanimidad. El Consejo de Gabinete siguió fluyendo de forma natural como una obra de teatro. Leah fue la única que sintió una sensación de incongruencia.

¿Los nobles siempre habían sido tan leales a la familia real? Ella creía que en el pasado no había sido de esa manera, así que le parecía extraño. Mientras reflexionaba sobre esto, sacó a relucir deliberadamente un asunto que los nobles odiaban. La reforma fiscal.

Había pensado en ello durante mucho tiempo, pero nunca se atrevió a intentarlo. Sin embargo, su preocupación fue inutil. Los nobles aceptaron dócilmente la reforma.

En el momento en que Leah consiguió fácilmente lo que tanto había deseado, sintió que todos los que la rodeaban la engañaban.

Después de otra reunión sin sentido el día de hoy, los nobles presentes se quedaron conversando. Leah se acercó al Conde Valtein y al Ministro de Finanzas Laurent.

"Gracias por su arduo trabajo hoy, la reunión terminó sin problemas." 

El Ministro de Finanzas Laurent respondió con una sonrisa. "No, todo es gracias a su duro trabajo." El Conde Valtein asintió ante sus palabras.

Leah, viendo su actitud obediente, mantuvo la boca cerrada. En el pasado, cuando comenzaban a hablar de asuntos estatales, lo hacían sin detenerse. Los tres tenían mucho que discutir, como por ejemplo cómo persuadir a los nobles y en qué asuntos enfocarse en cada ocasión.

Pero ahora los nobles eran completamente leales a la familia real. El Conde Valtein y el Ministro de Finanzas Laurent no eran una excepción.

Ya no expresaban ninguna opinión sobre las palabras de Leah. Al igual que los otros nobles, sólo asentían. 

Aunque ella quería discutir sobre algunos asuntos, prefería no hacerlo. Porque obviamente ellos estarían de acuerdo con cualquier cosa que dijera.

Al final, Leah salió de la sala de conferencia después de despedirse cortésmente. Mientras caminaba acompañada de las damas de compañía, un asistente se acercó apresuradamente.

"Su Alteza ha regresado."

Leah siguió inmediatamente al asistente. Blain, que ocasionalmente salía de caza, se enfadaba mucho cuando Leah no lo recibía al regresar al palacio. Ella siempre lo hacía para evitar que él intimidara a los empleados.

Cuando ella llegó al lugar apresuradamente, Blain estaba entrando acompañado de caballeros y escuderos. Pero además, había una mujer a su lado. Se veía hermosa con su ropa de caza, su cabello rubio ondulado recogido y su bonita sonrisa.

Era la Dama Mirael, quien últimamente había sido la consorte favorita de Blain. Cuando ella vio a Leah, puso brevemente una expresión malhumorada en su rostro. Luego, con una sutil sonrisa, entrelazó su brazo con el de Blain.

Aferrada cariñosamente a Blain, la Dama Mirael le susurró algo. Blain no reaccionó a sus palabras, pero tampoco la apartó.

Leah, que no sabía lo que ella le había dicho a él, bajó la cabeza. Ella tenía toda la culpa de esto, porque tenía un cuerpo defectuoso que no podía cumplir con los deberes de una esposa.

Aunque Blain se había mostrado generoso hasta ahora, ella creía que estaría en problemas si seguía mostrando defectos después de convertirse oficialmente en la Reina de Estia. Definitivamente, no quería que la expulsaran. Quería cumplir con sus deberes como miembro de la familia real de Estia.