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sábado, 12 de junio de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 186

Capítulo 186. En La Oscuridad


Después de observar sus alrededores, vio hacia el frente donde estaba el trono. Allí estaba sentado Blain, llevando una corona. Cerdina estaba al lado de Blain con una ligera sonrisa.

Leah cerró lentamente los ojos y los abrió. Sabía el futuro que le esperaba. Una vez más, estaría encerrada en una casa de muñecos, viviendo una vida peor que la muerte. Ellos jugarían con ella como si fuera un juguete hasta que se aburrieran, entonces sería tirada a la basura.

Pero Leah había probado la libertad, y sabía lo dulce que era. Lentamente, agarró la daga que estaba atada a su cintura.

Ahora ella se había convertido en una rehén muy útil, puesto que se había convertido en la esposa del Rey de Kurkan. Pero nunca permitiría que la utilizaran de esa manera.

Al menos durante sus últimos momentos tomaría sus propias decisiones. Agarrando fuertemente el duro mango, susurró en su mente. 'Lo siento, Ishakan. Lo siento, te amo'.

Sin dudarlo, desenvainó la daga. Pero en el momento en que la daga estaba a punto de atravesar su corazón. "¡...Ahh!" Leah gimió de dolor. Blain se levantó del trono y la empujó hacia atrás. Leah soltó la pequeña daga y Blain la pateó haciéndola volar hacia una esquina.

Sus ardientes ojos azules miraron a Leah fijamente. Leah inmediatamente se mordió la lengua. Se escuchó el sonido de carne siendo masticada. Pero aunque lo hizo con todas sus fuerzas y sintió el sabor de la sangre, no pudo morir.

Antes de que pudiera morderse la lengua de nuevo, Blain le introdujo sus dedos en la boca. Mientras ella intentaba expulsar sus dedos de su boca, él le gritó. "¡Realmente eres una maldita perra...!"

Cerdina sonrió ante el furioso grito. Se acercó lentamente y bajó su mirada hacia Leah. "¿Te has divertido en el desierto? El hechizo se ha desvanecido bastante." Dijo mientras sacaba una pequeña botella de vidrio. "Pero ahora tienes que regresar a tu hogar, Leah."

Blain le arrebató la botella de vidrio a Cerdina de la mano. Leah forcejeaba como una loca. Mordía los dedos en su boca, intentaba apartar las rodillas que presionaban sus muslos hacia abajo y se agitaba como estuviera convulsionando. Cerdina frunció el ceño ante su actitud poco refinada.

"No te muevas. No puedes evitarlo." En ese instante, su cuerpo se detuvo extrañamente. No podía hacer nada más que parpadear. Aunque intentó moverse desesperadamente, permaneció inmóvil como una muñeca rota.

Blain quitó la tapa de la botella de vidrio riéndose. Ella lo miró con sus ojos llenos de lágrimas. Sus labios temblaban mientras susurraba en su mente. 'Por favor. Por favor no hagas esto. Mátame. Sólo mátame…'

"......"

Los ojos de Blain temblaron por un momento, pero sólo fue por un momento. El líquido negro fue vertido directamente en su boca. La sangre y la poción se mezclaron, fluyendo por su garganta.

Recordó el desierto de arena dorada y los preciosos momentos.

—Quédate conmigo en el desierto.

Susurró mientras abrazaba a una llorosa Leah.

—Deberíamos tener una boda. Invita a todo el mundo en el desierto y haz que sea muy festivo…

Cuando ella valientemente le respondió a su propuesta.

—Te amo, Leah.

Los recuerdos del tiempo que pasaron juntos fueron arrojados rápidamente a un abismo. Ni siquiera podía recordar el nombre de su amado. Los recuerdos que escaparon como granos de arena quedaron enterrados en lo más profundo y oscuro.

Quedaron encerrados por una puerta de hierro que no podía moverse, envueltos con una cadena irrompible y bloqueados con una cerradura sin llave.

Donde todos esos momentos preciosos desaparecieron, se crearon nuevos recuerdos. Estos recuerdos surgieron de manera aleatoria, pero pronto se conectaron sin problemas y ocuparon la mente de Leah como debían. Sus sollozos disminuyeron.  Leah parpadeó desconcertada.

'¿Por qué estaba llorando?'

Se tocó la húmeda mejilla con la mano. Cuando inclinó la cabeza confundida, unos ojos azules llenaron su visión. Blain, que había acercado su cara a la de ella, le ordenó. "Sonríe."

Las lágrimas acumuladas en el borde de su barbilla cayeron. Leah, que seguía sin entender porque había estado llorando, sonrió. Blain preguntó con ojos brillantes.

"Leah, ¿Me amas?"

Sintió un dolor punzante en lo más profundo de su corazón. Frunció el ceño por el intenso dolor. Sintió náuseas porque estaba mareada.

Sus náuseas aumentaron y su corazón latió más rápido, pero su mente le dio automáticamente la respuesta. Leah respondió con mucha naturalidad.

"...Sí."

Entonces Blain susurró con una cariñosa sonrisa.

"Te amo."