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jueves, 10 de junio de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 185

Capítulo 185. Amarga Separación


En el momento en que vio el humo negro envolviendo sus tobillos, todos sus pensamientos se detuvieron. El sonido de cadenas traqueteando sonaron en sus oídos. El débil sonido que hasta ahora parecía una alucinación auditiva, se volvió fuerte y claro.

Se dio cuenta instintivamente. Cerdina tratando de llevarla de regreso a Estia. De repente, tuvo una alucinación de que todo se derrumbaba bajo sus pies. No pudo respirar porque sentía que caía en una fría y profunda oscuridad. Sintiendo un miedo extremo su vista se oscureció.

"...¡Leah!"

Todo su cuerpo temblaba como si tuviera escalofríos. Los labios de Leah se abrían y cerraban. Ella quería gritar, pero no podía decir nada como si hubiera perdido la voz.

"¡¡Leah!!"

La voz que la llamaba de nuevo la hizo volver a la realidad. Tardíamente ella se dio cuenta de la situación. Su cuerpo flotaba envuelto en el humo negro.

Morga y otros hechiceros que la rodeaban, gritaban en lenguaje Kurkan. La alfombra de terciopelo roja había sido retirada en algún momento. En el suelo había un patrón mágico que seguramente fue dibujado previamente.

Las flores que decoraban el lugar se cayeron al suelo y fueron pisoteadas en el caos. Entre las flores blancas manchadas, Ishakan se acercó a Leah.

Pero, como si se tratara de una ilusión, su mano atravesó a Leah. Otros Kurkan también lo intentaron, pero nadie pudo atraparla.

Ansiosa Leah extendió su mano y afortunadamente pudo agarrar la mano de Ishakan. Pero aunque lo intentaba, él no podía hacer lo mismo. Parecía que sólo Leah podía aferrarse a los demás.

Después de haber agarrado finalmente la mano de Ishakan, el humo comenzó a tirar de Leah con más fuerza. Ella podía deducirlo intuitivamente. En el momento en que lo soltara, Leah sería llevada a Estia. 

Le dolía el brazo como si fuera a desprenderse, pero Leah se aferró a Ishakan con todas sus fuerzas.

"¡Ishakan! ¡La sangre...!" Ante los gritos de Morga, Ishahan desenvainó su daga con la otra mano. Inmediatamente se hizo un corte en el brazo. La sangre roja que brotó a borbotones fue absorbida directamente por el patrón mágico. 

El humo negro que envolvía a Leah se agitó. Un hechicero que estaba parado en una esquina del patrón mágico se desplomó vomitando sangre. Morga gritó una vez más con el rostro pálido.

"¡No es suficiente! Se necesita mucho más de lo que te dije..." Se detuvo porque sintió náuseas. La sangre fluyó entre sus dedos que cubrieron su boca, pero a Morga no le importó. Morga dijo mientras se limpiaba la sangre con el dorso de la mano. "Estamos bien. Así que no te preocupes y danos más."

Ishakan no dudó en hacerse una nueva herida. Cada vez que movía la daga, sangre brotaba y terminaba siendo absorbida el patrón mágico. Los hechiceros también estaban sufriendo, pero se mantuvieron firmes.

Leah miraba a Ishakan con ojos temblorosos. Observaba como su compañero, sangraba mientras se hería a sí mismo por todo el cuerpo.

El patrón mágico seguía absorbiendo la sangre constantemente. Pero el humo negro que envolvía a Leah no mostraba ningún signo de debilitamiento. Más bien, aumentaba gradualmente su intensidad.

Ishakan se hizo tres o cuatro heridas más rápidamente. Cada vez que aparecía una herida en su cuerpo, a ella le dolía el corazón. Había derramado demasiada sangre hasta ahora, la suficiente para considerarse peligroso.

Sin embargo, parecía que aunque vertiera más sangre nada cambiaría y el resultado sería el mismo. El humo negro seguía cubriendo a Leah poco a poco.

Ishakan y Leah sabían que esto no se podría solucionar de esta manera. Pero Ishakan no se rendiría aunque tuviera que sacrificar su propia vida.

Leah pensó en los escasos momentos felices de su vida. Fueron como un sueño. Y ahora había llegado el momento de despertar.

Extrañamente se sintió tranquila, como si aceptara inconscientemente este suceso como algo que había predicho. Los grilletes atados a sus tobillos se habían hecho más delgados, pero nunca se rompieron. Así que algún día tendría que regresar… 

Desde el principio, el lugar de Leah estaba fijado. Se trataba de un lugar oscuro donde no había ni un atisbo de luz. No era necesario que otras personas sufrieran.

Mirando a Ishakan, en lugar de lo que le quería decir, le dijo otra cosa. "Lo siento, Ishakan." Sus ojos dorados temblaron. Pudo suponer lo que Leah estaba pensado. Leah le susurró. "No me busques."

Las pupilas de Ishakan se dilataron. Habló como si tuviera un nudo en la garganta. "Leah, no..." Ella soltó lentamente su mano mientras él la miraba con desesperación. La sensación de calidez en sus manos se desvaneció.

El humo negro comenzó a envolver rápidamente el cuerpo de Leah. Ishakan intentó abrazar a Leah, pero fue en vano. Entonces, gritó desesperadamente. "¡¡Leah!!"

Ni siquiera una puñalada en el corazón le dolería tanto. Fue doloroso mirar a su compañero en este estado. Pero no apartó su mirada de él. Observó a Ishakan hasta que finalmente el humo negro envolvió todo su cuerpo.

Cuando el humo negro se disipó, Leah no estaba en el desierto. Había aparecido sobre un suelo de mármol. Su cuerpo tembló. Hacía frío, demasiado frío. Repentinamente, ella escuchó una voz. "Cuánto tiempo sin verte, Leah."

Sentándose, ella levantó lentamente la cabeza. Estaba en un lugar conocido. Estaba en el salón del palacio real de Estia, donde se le dio la bienvenida a Ishakan como el Rey de Kurkan. Leah observó las columnas de mármol alineadas a ambos lados del espacioso salón y las insignias con el emblema real de Estia.