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domingo, 6 de junio de 2021

La Emperatriz Se Volvió A Casar - Capítulo 319

Capítulo 319. ¿Por Qué Está Aquí? (2) 


La tranquilidad reinaba en el carruaje traqueteante.

Aunque seguía sin tener apetito, no me sentía mareada por el movimiento del carruaje y el viento era fresco. Con el cielo despejado, el tiempo era perfecto para viajar.

'Realmente quería que viniéramos juntos.'

Mientras estaba apoyada en la ventana del carruaje observando cómo el verde paisaje se transformaba en magníficos edificios, no pude evitar sentir cierta lástima. La imagen de Heinley parloteando a mi lado no dejaba de venirme a la cabeza.

¿Cuándo invadió mi mente de forma tan natural?

"Parece que ya casi llegamos, Su Majestad."

Estaba sumida en mis pensamientos cuando escuché la animada voz de la Condesa Jubel. En ese momento, recordé lo que había sucedido antes de partir y me reí.

El hecho de que podría convertirme en maga también era un secreto, pero sólo lo mantendría como una carta de triunfo.

No necesitaba engañar a todos como hice con el bebé, así que les conté a mis damas de compañía el propósito de este viaje.

Mis damas de compañía se emocionaron tanto que se pusieron nerviosas. Por supuesto, todas querían acompañarme.

Pero al final decidí llevar sólo a la Condesa Jubel y a Mastas, lo que escandalizó a Rose y a Laura. Al ver a Rose y a Laura quejándose juntas, la Condesa Jubel estalló en risas.

"Parece estar alegre, Su Majestad."

"Bueno. Estaba pensando que la próxima vez debería venir con la Señorita Rose y la Señorita Laura..."

Justo cuando Mastas iba a hablar, el carruaje se detuvo y el Vizconde Langdel abrió la puerta.

"Hemos llegado, Su Majestad."

"Bien."

El Vizconde Langdel me extendió la mano y bajé del carruaje.

Por cierto... ¿se encontraba bien? Su expresión era sombría bajo la luz del sol.

¿Podría ser porque estaba lejos de la Duquesa Tuania?

"Lamento haber hecho que me acompañaras en este largo viaje."

Me disculpé, pensando que podría ser por mi culpa, pero el Vizconde Langdel respondió inmediatamente.

"¿Qué? No, no. Eres mi salvadora, mi señora aunque sea temporal."

Aunque lo negó, no tenía buen semblante...

Mientras reflexionaba sobre si sería descortés preguntar, el Vizconde Langdel murmuró, tomando esta vez la mano de la Condesa Jubel para que bajara del carruaje.

"En realidad es por Nian."

La Condesa Jubel preguntó apresuradamente antes de bajar del carruaje.

"¿Qué ocurrió con Nian?"

En el Imperio Oriental, Nian era el foco de los chismes de la alta sociedad.

Desde que llegué aquí, los rumores sobre mí no habían dejado de circular, así que ella había permanecido un poco entre bastidores. La Condesa hace mucho que no oía nada sobre Nian, así que parecía intrigada.

El Vizconde Langdel respondió hoscamente.

"Todo es por culpa del Marqués Liberty."

El Marqués Liberty era el hijo mayor del Duque Liberty. No ostentaba oficialmente el título de marqués, todos le llamaban marqués por ser el sucesor. Profundizando un poco más, era el hermano mayor de Wihan, el hermanastro de Mullaney. Pero, ¿por qué él?

Rechazando la mano del Vizconde Langdel y saltando del carruaje, Mastas preguntó.

"¿Te refieres a esa comadreja tímida?"

"Sí, esa comadreja."

¿Comadreja?

"¿Por qué una comadreja?"

Preguntó la Condesa Jubel, sus ojos brillaron por completo al escuchar que un hombre se interpuso entre el Vizconde Langdel y Nian.

El Vizconde Langdel volvió a responder dócilmente,

"Creo que se enamoró de Nian. Aparece en cualquier fiesta que Nian organice o a la que asista, sin importar lo pequeña o grande que sea."

La Condesa Jubel soltó una carcajada y sacudió las manos como si hubiera hecho un escándalo por nada.

"Pensé que era algo serio. No es el primer hombre ni el segundo así, ¿por qué te preocupa tanto?"

"Él tiene un estatus más alto, más estable... y tiene una apariencia suave."

Mastas intervino rápidamente y consoló al Vizconde Langdel.

"El Vizconde también tiene una apariencia suave."

"¿Es eso un cumplido?"

"¡Por supuesto! El Vizconde también es una gran comadreja."

"¿Es eso realmente un cumplido?"

En momentos como este, el Vizconde Langdel no parecía un temible comandante de los caballeros transnacionales. Viendo cómo el Vizconde Langdel asentía ante el aparente cumplido de Mastas, me mordí los labios para contener la risa.

Pero el Vizconde Langdel, que caminaba tranquilamente, se detuvo de repente y su expresión se volvió rígida. Su rostro inocente desapareció, y surgió al instante la expresión feroz del comandante de los caballeros.

¿Qué ocurre?

Giré mi cabeza hacia la dirección que estaba mirando.

La razón fue fácil de entender.

Sovieshu...

Allí estaba Sovieshu.

Él también tenía una expresión rígida, como si no esperara verme aquí. Los caballeros que seguían a Sovieshu parecían incómodos. La brillante atmósfera se volvió repentinamente pesada.

Nos miramos torpemente por un momento, luego nos acercamos cuidadosamente como si alguien nos hubiera empujado.

Ocupábamos una posición demasiado elevada como para pasar de largo fingiendo que no nos habíamos visto. Como emperador y emperatriz de países competidores, debíamos mostrar respeto mutuo.

Además, este era un camino recto. Si quería evitarlo, tendría que pasar a través de los arbustos a los lados. Sería demasiado obvio que estaba huyendo.

A unos tres pasos de distancia, nos detuvimos de nuevo. Lo saludé cordialmente, sonriendo lo mejor que pude como una emperatriz. 

"Escuché del nacimiento de la bebé. Felicidades."

"... Gracias."

Sovieshu respondió incómodamente.

Levanté las comisuras de los labios y asentí sin decir una palabra. Entonces añadí,

"¿Puedes darle ahora el regalo que le dejé, o lo tiraste?"

Cuando Rashta quedó embarazada, elegí una espada como regalo para su bebé. Una espada espléndida y hermosa, pero decorativa. Una espada que significaba vivir sin trabajar.

La expresión de Sovieshu se congeló rápidamente.

"Bueno. Ese regalo se lo diste a Rashta, así que no sé dónde está."

"Lo entiendo."

Asentí y miré en la dirección en la que debía ir. Esa era la dirección desde la que apareció Sovieshu.

Estaba indecisa. ¿Podría despedirme y seguir mi camino? ¿Podría decirle que me dejara pasar, que tenía asuntos que atender?

"Retrocedan."

Supongo que no.

Sovieshu ordenó a los guardias que traía consigo que retrocedieran. Entonces, dirigí una mirada que expresaba lo mismo a los hombres que estaban detrás de mí.

El Vizconde Langdel frunció un poco más el ceño, pero no dijo nada. Aunque Wirwol funcionara como una región autónoma, seguía siendo territorio del Imperio Oriental, por lo que Sovieshu podía preguntar, '¿Qué hace aquí una persona exiliada?' Por alguna razón, parecía que intentaba evitarlo.

Por último, también pedí a la Condesa Jubel y Mastas que retrocedieran.

No podía ignorar su petición a la ligera, seguía siendo el Emperador del Imperio Oriental.

En cuanto todos se alejaron, Sovieshu preguntó con voz desgarrada.

"Pensé que vivirías bien. ¿Por qué has perdido tanto peso?"


Sorprendentemente, sonaba bastante molesto.

Es cierto que he perdido peso, no he comido mucho últimamente.

Pero no podía decir que había perdido el apetito porque estaba embarazada. Mientras permanecía en silencio intentando encontrar una respuesta, Sovieshu volvió a preguntar.

"¿Es culpa de tu esposo?"

......

Nota: El próximo capítulo será publicado mañana.