Reciente

miércoles, 14 de abril de 2021

Padre, No Quiero Casarme - Capítulo 32

Capítulo 32. En Negación


"De todos modos, me siento mejor que antes. Gracias", dijo la mujer. 

"De nada."

"¿Podría traer la cena a mi habitación más tarde también?" 

"Sí, Dama. Por favor, descanse."

Cuando la sirvienta salió de la habitación, Max continuó en el armario y miró ansiosamente las puertas del mismo. Unos minutos más tarde, sintió que el paso ligero y cuidadoso de la mujer se acercaba. 

'Ya está aquí'. Las puertas del armario se abrieron y ella apareció.

"Ya puedes salir", dijo la fascinante mujer. Su entorno brillaba, parecía que estaba envuelta en un halo de luz. 

"Ah..." Max abrió la boca inconscientemente y luego la cerró. Intentó preguntar a la mujer si estaba bien, pero fue incapaz de hacerlo.

Ella sonreía alegremente como una flor. "Comeremos ahora, como prometí."

Si Max hubiera sido racional, habría rechazado su oferta. Normalmente no tenía hambre y no aceptaba comida de extraños. Aun así, estaba extrañamente hambriento. 

"Ven por aquí", dijo ella. Max sintió un cosquilleo en el corazón cuando Jubelian hizo gestos con la mano para que avanzara.

'Esto es sólo porque tengo hambre'. Volvió a racionalizar su confuso comportamiento. Max siguió a Jubelian hasta la pequeña mesa de su habitación, donde pudo observar algunos sándwiches preparados de forma que fueran fáciles de comer. Frunció el ceño cuando los miró de cerca.

'¿Es esto lo que creo que es?' Max quiso enfadarse porque el sándwich contenía un ingrediente que odiaba, pero se vio incapaz de hacerlo viendo la cara de Jubelian.

"Aquí tienes", le ofreció ella. Max no se negó cuando ella le entregó el sándwich. 

"Pruébalo", dijo ella. "Nuestro chef es muy hábil". A petición de ella, tomó un bocado.

'Efectivamente, lo que pensaba'. El sándwich estaba lleno de pepinillos. Era realmente terrible.

"¿Qué tal está?" preguntó Jubelian. 

A decir verdad, Max ni siquiera distinguió el sabor porque se había tragado el bocado entero. Aun así, siguió comiendo más.

'¿Por qué estoy haciendo esto?' Max reflexionó sobre su comportamiento cuando la mujer habló con una sonrisa.

"¿No te gusta?"

Lo odiaba. Pero en lugar de responder con la verdad, Max negó lentamente con la cabeza y contempló el rostro sonriente de la mujer. Extrañamente, su corazón volvió a cosquillear.

"Estaba preocupada porque tengo extrañas preferencias por la comida, pero me alegro de que a ti también te guste", dijo ella mientras mordía un sándwich. 

Max miró a Jubelian y luego al sándwich de pepinillo al que normalmente no le prestaba atención. '¿Es tan bueno?' Dio otro mordisco al bocadillo y lo saboreó esta vez. La insipidez del pepinillo reavivó su aversión por la verdura. Pero a medida que siguió comiendo, se fue acostumbrando al sabor. Tal vez no era tan malo como él pensaba.

***

Me dio sueño después de almorzar con el discípulo de mi padre, pero no quise echarme una siesta cuando él estaba en mi habitación. 'No es que me vaya a desmayar por el sueño'. 

Decidí leer un libro para mantenerme concentrada, pero mis ojos seguían cerrándose. '¿Qué debo hacer? Estoy muy cansada'. Mi visión se fue nublando poco a poco, pero conseguí mantenerme despierta un poco más. 

"Oye", dijo de repente el discípulo de mi padre.

Me estremecí al escuchar su voz e inconscientemente bostezé. 

'Ahora sí que tengo que controlarme'. Por vergüenza, me cubrí la boca con ambas manos y apenas pude controlar otro bostezo. Aun así, no pude evitar que se me formaran lágrimas en los ojos. 

'Al menos no he enseñado la boca esta vez'. Apreté los ojos ante este pensamiento. Las lágrimas que había retenido corrieron por mi cara. ¿Por qué siempre hago esto cuando bostezo? Intenté secar las lágrimas con mis mangas, pero me detuve cuando vi al discípulo de mi padre cerca de mí.

'¿Eh? ¿Cuándo se ha acercado tanto?' Estaba mirándolo fijamente cuando algo suave me tocó los ojos. 

"¿Por qué estás llorando?"

Mis ojos se agrandaron al ver que sus mangas se habían mojado con mis lágrimas. Su camisa resultaba sorprendentemente suave al tacto, quizá incluso más que mi pañuelo, que estaba hecho del mejor algodón del imperio. 'Es la tela de mayor calidad que he sentido en mi vida. ¿No lo echaron porque no tenía dinero?'

Me llené de dudas, preguntándome si había deducido mal su identidad, cuando se me ocurrió un pensamiento. 'Bueno, no hace falta ser rico para llevar ropa de alta calidad'. Algunas personas compraban ropa cara para sentirse mejor consigo mismas, aunque no tuvieran mucho dinero. El discípulo de mi padre probablemente era de ese tipo. 

En ese momento, frunció el ceño y repitió. "Te he preguntado por qué estabas llorando."
 
"Oh... No es nada. No tienes que preocuparte por ello."

"Dímelo ahora."

Sinceramente, me parecía un poco vergonzoso. No quería decirle que bostezar me hacía llorar.