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domingo, 11 de abril de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 147

Capítulo 147. Átame (1)


Leah, que estaba siendo precavida, se sintió atraída por sus ojos sonrientes. Estaba consciente de que Ishakan era un hombre excepcional y hermoso. Aunque a veces hacía que se avergonzara por su actitud descarada.

Solo cuando la miraba, sus ojos feroces se suavizaban. No había manera de que pudiera rechazar a este hombre. Leah negó con la cabeza y la apoyó en su pecho. Ishakan la abrazó como si hubiera estado esperando esto. La mano que acariciaba su columna vertebral era cálida y firme.

"Pensé que había dejado todo atrás..."

Pudo escuchar el ruido de las cadenas en sus oídos. Aunque sabía que se trataba de una alucinación auditiva, Leah sintió el impulso de comprobar sus tobillos. Sin embargo, no se atrevió a mirar porque temía que realmente sus tobillos tuvieran los grilletes atados. Se limitó a meter los pies dentro de la manta.

"Todavía sigo pensando en Estia."

Le confesé, tratando de escapar de la sombra que me atormentaba.

"Es angustiante..."

Ishakan de nuevo puso su mano sobre la cabeza de Leah. Sus mejillas estaban apoyadas contra su firme pecho.

"No pienses en nada, sólo duérmete. Estarás bien después de un buen sueño."

Leah cerró los ojos. Ni siquiera había estado despierta medio día. Volvió a quedarse dormida en los brazos de Ishakan, con la esperanza de poder mantenerse despierta un poco más el día de mañana.

***

Su cuerpo se movía por sí mismo. Esto no le gustaba, intentó gritar, pero nada salió de su boca. Agarrando una daga se acercó al hombre profundamente dormido.

Aunque dormía despreocupadamente, abrió los ojos lentamente cuando Leah se acercó. En el momento en que ella hizo contacto visual directo con los ojos dorados, le clavó la daga en el corazón. La horrible sensación de cortar carne humana se transmitió directamente a sus manos.

Sólo entonces fue finalmente liberada de las restricciones. Ahora que podía hablar, Leah no decía nada. Se limitó a mirar las consecuencias de lo que había hecho. Fue Ishakan quien hizo el primer movimiento en lugar de la desalmada Leah.

—Está bien.

Mientras abrazaba a Leah, le dijo.

—Está bien, Leah.

La sangre caliente comenzó a derramarse. En medio de esto, Leah dijo.

—Por qué, por qué…

Aunque seguramente pudo haber evitado que Leah lo apuñalara, sólo se quedó mirando a Leah mientras le clavaba la daga. Ishakan pasó un mechón de cabello de Leah por detrás de su oreja y susurró.

—No quería que te lastimaras por accidente si lo esquivaba.

Se despertó sobresaltada. La línea que separaba el sueño y la realidad no estaba clara. Leah, que entró en pánico, rodó hasta que se cayó de la cama.

Contuvo el gemido de dolor y se apresuró a comprobar sus manos. En cuanto vio sus manos limpias de sangre, el alivio y la ansiedad la invadieron al mismo tiempo.

Fue un sueño. Pero también podría convertirse en realidad en cualquier momento. Una idea apareció en su mente.

Tengo que regresar a Estia.

Ella no encajaba en este lugar. Tenía que regresar a Estia, al lugar al que pertenecía. Se levantó tambaleándose y corrió hacia la primera salida que tenía a la vista. Era una ventana cubierta con una fina cortina.

En cuanto apartó la cortina, puso sentir en su cara la fresca brisa nocturna. Recobró los sentidos como si le hubieran dado un puñetazo en la mejilla.

"......"

Leah miró fijamente el exterior. La tenue luz de la luna brillaba sobre la edificación de piedra blanca. Las hojas de las palmeras se mecían con la brisa. Ella dejó escapar el aliento que había estado conteniendo y se sentó lentamente en el suelo.

Se cubrió la cara con las manos. Su cuerpo comenzó a temblar levemente. Sólo ahora se daba cuenta. Su mente estaba trastornada. No sólo se ha convertido en la marioneta de Cerdina, sino que también había perdido la cabeza.

Creía que había tocado fondo, pero el pantano de la desesperación no tenía fin. Sorprendentemente, todavía podía experimentar un infierno peor.

Sola en la oscuridad, Leah se volteó de repente y se sobresaltó. Un par de ojos la observaban bajo la luz de la luna que entraba por la ventana.

El hombre que se había parado sin hacer ningún ruido, sólo miraba a Leah en silencio. Por la mirada tranquila de sus ojos parecía que había observado todo desde el principio. Mirándolo, ella abrió lentamente los labios.

"...Enciérrame."

Sintió un miedo insoportable. Sobre todo, porque la imagen del hombre recibiendo la puñalada sin resistirse se superpuso ante sus ojos.

"Puedes meterte en la cárcel, aislarme en algún lugar, o atarme. Si esto continúa, de verdad puedo matarte..."

Leah susurró con el rostro pálido.

"Ayúdame con esto, Ishakan."

Suplicó de manera desesperada, pero Ishakan no respondió. Solo sonrió brevemente.

Ishakan sabía mejor que nadie el hecho de que Leah aún no se había liberado de los hechizos de la Reina. Probablemente quizás también conocía su estado mental.

Sin embargo, Ishakan no mostraba ningún indicio de miedo. Mirando a Leah, dijo.

"Eres muy ingenua..."

Ishakan levantó a Leah y la cargó sobre sus hombros. Luego caminó hasta la cama y la arrojó sobre ella. Poco después, algo cayó frente a Leah.

Eran unas esposas de cuero con cadena. A diferencia de la otra esposa que sólo ataba una muñeca, estas esposas ataban ambas muñecas. Ishakan le puso las esposas en las muñecas hábilmente, y luego puso el extremo de la cadena en el dosel de la cabecera de la cama.

Ese no fue el final. También le colocó grilletes en los tobillos. No tenían ninguna cadena larga colgando, pero sí una cadena corta entre los tobillos. La cadena sólo permitía extender sus piernas a la amplitud de una mano, así que le sería imposible caminar libremente.

Todas sus extremidades estaban atadas, pero eso la hacía sentirse un poco mejor. Aunque no podía mover su cuerpo libremente, se sentía aliviada porque no podía herir a Ishakan como lo hizo en sus sueños.

"Te he atado como deseabas." Ishakan dijo mientras se subía encima de Leah. "Te prometí que te curaría, así que no entiendo porqué estás tan preocupada."