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viernes, 2 de abril de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 141

Capítulo 141. Apetito (2)


"Oh..."

Una expresión de asombro salió de su boca. Era un paisaje realmente digno de admirar. Las interminables dunas de arena eran mucho más hermosas de lo que había imaginado basándose en las pocas líneas de texto que había leído de un libro.

No podía ocultar su emoción, sus ojos brillaban. Ishakan puso su mano sobre la cabeza de Leah, creando una pequeña sombra para ella. Leah, que había estado cautivada observando el paisaje durante un tiempo, gritó.

"¡Bájame, Ishakan!" Después de decir eso, sintió que había gritado demasiado fuerte, así que bajó la voz y le dijo. "Quiero caminar por la arena."

Ishakan se rió y besó la mejilla de Leah. "No puedo porque hace demasiado calor."

Leah estaba descalza porque acababa de salir de la cama. En sus brazos, miró con pesar el desierto de arena durante mucho tiempo. Tardíamente, miró a su alrededor.

Los barracas estaban al lado de un oasis. Le pareció increíble mirar árboles y hierba sólo alrededor del oasis. Era el único lugar en el interminable mar de arena que estaba teñido de verde.

Mientras Leah miraba el agua ondulante, Ishakan se acercó lentamente al oasis. Bajó a Leah a la sombra de un árbol. La arena bajo la sombra estaba fresca porque no estaba expuesta al sol abrasador.

La sensación de sus pies descalzos hundidos en la fina arena le resultaba extraña. Leah miró a Ishakan, sin poder dar un paso adelante. Él sonrió y le extendió la mano. Agarrados de la mano, caminaron juntos por la arena.

Habían muchas palmeras datileras alrededor del oasis. Cada palmera estaba llena de frutos rojos, tantos que estaban inclinadas levemente. Parecían que estaban a punto de caer.

Leah recogió un fruto que había caído en la arena. Al mirarla más de cerca, le resultó familiar. Se trataba de un dátil de palmera. Con curiosidad, miró alternativamente entre la palmera datilera y el dátil de palmera. 

Entonces, mientras Leah estaba manipulando el dátil de palmera en su mano, Ishakan miró hacia atrás. Leah hizo lo mismo, se dio la vuelta y se sorprendió.

Fue porque habían Kurkan escondidos detrás de las palmera datileras, sólo asomaban la cabeza. Los Kurkan miraban a Leah con sus ojos peculiarmente brillantes. 

"Ah..."

Debido al susto Leah emitió un pequeño sonido, pero parecía que ellos interpretaron que se trataba de una señal de permiso. Los Kurkan ocultos comenzaron a acercarse. Desde las barracas, las carretas, los camellos, las palmeras datileras y otros lugares, se acercaron como si hubiera caído algún fruto. Rodearon a Leah en un parpadeo.

Sobresaltada, Leah dejó caer el dátil de palmera que tenía en la mano. Ishakan, que había estado observando tranquilamente a su lado, dijo mientras agarraba el dátil de palmera que caía. "Están causando un alboroto." Antes sus palabras, los Kurkan retrocedieron uno o dos pasos, pero siguieron mirando a Leah porque tenían curiosidad.  

Como los Kurkan tenían un gran físico, todos eran más altos que Leah. Ella sentía como si estuviera rodeada de árboles porque tenía que mirar hacia arriba. Ella estaba un poco sorprendida. De repente, los ojos de la esbelta mujer se agrandaron y dijo. "Guao..."

El Kurkan masculino que estaba a un lado señaló a Leah y gritó.

"¡Realmente es pequeña y blanca! ¡Parece un copo de nieve!"

Entonces otro Kurkan que se sobresaltó, inmediatamente lo regañó.

"¡No deberías hablar tan alto!"

Hablaba con un tono serio.

"Podría romperse..."

Haban les había dicho que debían tener mucho cuidado. Y aunque hablar fuertemente no destruiría a nadie, parecía que todo el mundo se lo estaba tomando en serio.

Leah miró el dorso de su mano. A la luz del sol, su piel se veía tan blanca y translúcida que incluso las venas se reflejaban. En comparación a la saludable piel bronceada de los Kurkan, su piel blanca ciertamente la hacía parecer como una persona enferma.

Mientras ella se preguntaba si debía broncear su piel o no, los Kurkan aprovecharon para contemplar el rostro de Leah, luego se fijaron en su delicado cuello, sus delgados brazos, entre otras cosas. De repente, sus expresiones se volvieron serias.

Por alguna razón, los Kurkan miraron a Ishakan al mismo tiempo. Ishakan levantó una ceja, parecía la mirada de un tipo malo. El Kurkan, que parecía el más amable y el más viejo, le susurró a Leah.

"Bueno... ¿Ya has comido? ¿Quieres que te traiga comida?"

"Ya he comido."

"¿Puedo saber qué has comido?"

Preguntó con un tono muy suave y gentil. Leah respondió con naturalidad.

"Medio tazón de gachas de avena..."

Pero en cuanto respondió, se produjo un silencio en el lugar. Los Kurkan se quedaron con la boca abierta y pusieron expresiones de incredulidad. Tal vez había dicho algo malo. Pero ella no tenía ni idea en qué parte de 'medio tazón de gachas de avena' podría haber dicho algo incorrecto.