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martes, 23 de marzo de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 133

Capítulo 133. ¡Suéltame!


Leah se estaba marchando.

Blain miraba fijamente al carruaje que se alejaba. Sentía una mezcla desgarradora de emociones. Aunque sabía que debía esperar, quería correr de inmediato y detener el carruaje.

Al pensar que Leah pasaría su primer noche de bodas con Byun Gyeongbaek, brotaron llamas en su corazón. Sin embargo, Blain se contuvo. No quería simplemente tomar su cuerpo.

Quería su corazón. Cada vez que Leah miraba al Rey bárbaro con sus ojos llenos de emoción y afecto, lo atormentaba un sentimiento insoportable.

Deseaba que ella lo mirara como miraba a Ishakan. Que le susurrara tímidamente, con sus ojos enamorados y sus mejillas sonrojadas.

Si pudiera tener un corazón, podría renunciar a tomar su virginidad. También creía que después de que ella se acostara con el viejo desagradable, estaría mucho más dispuesta a tener relaciones sexuales con él.

También ha escuchado que Byun Gyeongbaek tiene un mal gusto en la cama. Blain conocía los rumores de que compraba muchas pr0stitutas que se parecían a Leah y las trataba con dureza. Si la dejaba sufrir durante un tiempo con Byun Gyeongbaek y luego la rescataba como su salvador… Parecía una buena idea.

Faltaba poco para que se pusiera la corona y pudiera reclamar todo lo que le correspondía. 

Blain dejó atrás a las tristes damas de compañía del Palacio de la Princesa y entró en el palacio que había perdido a su dueña. Tenía la intención de pasearse por el lugar antes de que los rastros de Leah se desvanecieran por completo.

Mientras caminaba por el silencioso pasillo, abrió la puerta de cada espacio para observarlos. La sala, el estudio, el dormitorio de invitados, el almacén donde se guardaba la ropa y los accesorios… 

Sus pasos se detuvieron frente a la oficina. Blain entró como si fuera el dueño. Un tenue aroma aún perduraba en el espacio limpio y ordenado. Blain se sentó en la silla del escritorio y jugueteó con la pluma de Leah.

Entonces, abrió el cajón inconscientemente. La cara de Blain palideció. Vio un sobre, cerrado con un sello de cera, con algo escrito en el extremo.

[Última Voluntad.]

El sobre temblaba levemente. Blain se dio cuenta tardíamente que se debía a sus manos temblorosas. Rompió el sobre, leyó rápidamente el contenido del papel y los documentos que estaban puestos junto al sobre.

En ellos se establecía que los bienes de Leah debían repartirse entre las damas de compañía del Palacio de la Princesa y los nobles que seguían a la princesa. Viendo que había escrito minuciosamente lo que le dejaba a cada persona, no pudo evitar maldecir.

"¡Maldita sea...!"

Rompiendo su última voluntad y los documentos por la mitad sobre el escritorio, Blain se marchó furioso de la oficina. Cuando salió del Palacio de la Princesa, vio a los caballeros reunidos en las cercanías.

El asistente, que estaba esperando con un carruaje mientras conversaba con los caballeros, se acercó corriendo a Blain cuando lo vio.

"¡Ha ocurrido algo grave! ¡Los bárbaros han atacado la procesión nupcial de la Princesa!"

Sintió que algo se rompía en su interior. Blain dijo entre dientes.

"...La Princesa."

El asistente no pudo entender lo que había dicho por su voz baja. Como no respondió, Blain agarró al asistente por el cuello y gritó.

"¡¡La Princesa!!"

"¡Ha sido raptada...!"

Blain soltó al asistente y desató un caballo del carruaje.

"Dile a mi madre."

Luego, montado el caballo, dijo fríamente.

"Yo mismo perseguiré a las bestias."

***

Cuando se confirmó que el Rey tenía a su novia entre sus brazos, sonó el cuerno de batalla que anunciaba la retirada. Los Kurkan dejaron de luchar y comenzaron a galopar para retirarse. 

Decenas de caballos galoparon velozmente, dejando atrás a los cadáveres y las eulalias empapadas de sangre. El incesante galope se detuvo al final de las llanuras llenas de eulalias.

Allí estaban otros Kurkan que habían estado esperando con antelación. Morga, que andaba cerca del carruaje hecho de madera de ébano sin patrones, se acercó rápidamente al regreso de Ishakan.

"¡Ishakan, por aquí!"

Ishakan se bajó de su caballo con Leah forcejeando sobre su hombro.

"¡Suéltame! ¡Suéltame!"

Leah le dio un golpe en la cara a Ishakan con su pequeño puño. Pero fue inútil. Ishakan sólo la miró de forma indiferente, como si no le hubiera dolido ni un poco. Después de observar que su mano comenzaba a enrojecerse, agarró sus muñecas para evitar que Leah volviera a golpearlo.

Metió a Leah en un carruaje con asientos acolchados, cojines y unas mantas. Ella se escabulló rápidamente hacia una de las esquinas del carruaje, respirando agitadamente. 

Ishakan y Leah se quedaron mirándose fijamente. Poco después, sus miradas fueron interrumpidas por las palabras de Morga, quien los había seguido.

"Tienes que dárselo ahora mismo."

Ishakan recibió la pequeña botella de vidrio que le dio Morga. Un extraño líquido rojo oscuro estaba dentro de la botella.

Ella se negó a abrir la boca. Pero él presionó su mandíbula, forzando que la abriera. En cuanto el líquido entró en su boca, intentó escupirlo, pero una gran mano le tapó la nariz y la boca. Rasguñó el dorso de la mano con las uñas, pero no se movió.

La otra mano le tocaba el cuello suavemente. Al final, ella tuvo que tragar el líquido en su boca. Sólo después de asegurarse de que se lo tragó todo, bajó la mano. Leah tosió y luego dijo.

"Por qué...Por qué yo..."