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lunes, 22 de marzo de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 132

Capítulo 132. Mi Luz


El recuerdo de aquel día siempre estaba vívido. No se desvanecía de la mente de Ishakan, estaba muy arraigado. Se trataba de un lugar donde sólo había una oscuridad abrumadora. La única salida del hoyo, en el que ni siquiera podía estirar las extremidades cómodamente, era una pequeña puerta redonda de madera ubicada en el techo.

El espacio utilizado para enseñar la obediencia era demasiado cruel para el pequeño. En ese lugar donde ni siquiera podía diferenciar el flujo del tiempo, no tenía acceso a un vaso de agua o una rebanada de pan.

Las pesadas cadenas que sujetaban sus extremidades le lastimaban la piel. Las heridas no tratadas se estaban pudriendo, estaban oscurecidas por el pus y los gusanos que la infestaban. 

Le habían amordazado la lengua para que no pudiera morderla, y esto empeoraba la sed ardiente que sentía en su garganta. Era una sensación más terrible que el hambre que sentía en su estómago vacío.

Su determinación de mantener su honor como guerrero del desierto se fue desmoronando poco a poco ante el dolor. Cada vez que tenía la tentación de doblegarse y jurar obediencia, sentía una angustia insoportable.

Aunque anhelaba la muerte, los Kurkan tenían una fuerza vital increíblemente tenaz. Ishakan rezaba fervientemente.

Quiero morir. Por favor, déjame morir. Dios, permíteme morir.

Pero su oración no obtuvo ninguna respuesta. El pequeño Kurkan, abandonado por su propio pueblo, fue ignorado hasta por Dios. Entonces, cuando su voluntad se había quebrantado perdiendo sus últimas esperanzas, una luz descendió.

Se abrió la puerta de madera que parecía nunca se movería, y la luz del sol entró. Cabello plateado deslumbrante. Unos ojos purpuras que brillaban como gemas amatistas.

En el pasado no lo sabía, pero ahora sí. En ese momento se había enamorado a primera vista. Ishakan lamentaba el tiempo que había perdido por no saberlo. Por esa razón, haría todo lo posible.

"......"

Miraba hacia adelante con un rostro inexpresivo. Las llanuras, densamente llenas de eulalias, eran tan vastas que no se veía el final. Un fuerte viento estaba soplando. Como una ola, las eulalias se inclinaban hacia un lado.

Se escuchó el chillido de un halcón procedente del cielo. Haban, abrió la boca mirando al halcón que volaba por el firmamento.

"Ishakan."

Ishakan miró hacia atrás. Los Kurkan, con la mitad de los rostros ocultos por largas telas, estaban alineados sobre sus caballos. Mirando sus ojos penetrantes, Ishakan se bajó la tela que le cubría el rostro hasta debajo de la barbilla y dijo.

"Vamos."

Los caballos levantaron sus patas delanteras, y galoparon relinchando con fuerza. El sonido de los cascos golpeando la llanura parecía el sonido de un tambor.

Los ojos de los Kurkan brillaban extraordinariamente. Se debía a la sensación de euforia que experimentaban los Kurkan antes de una batalla. El instinto de las bestias arraigado en sus venas hacía que su cuerpo hirviera.

Poco tiempo después de cabalgar a través de las eulalias, su objetivo estaba a la vista. A lo lejos, la bandera de la Familia Real de Estia ondeaba magníficamente. La boca de Ishakan se torció.

A pesar de tanta dedicación, nadie de Estia salvó a la Princesa. Le parecía ridículo que solo miraran el sacrificio que hizo con su sangre y sus lágrimas. Eran repugnantes.

Entonces, Ishakan ordenó.

"¡Ataquen!"

Haban agarró el cuerno de batalla en su cintura. Sopló el cuerno de batalla, hecho del cuerno de un carnero, produciendo un fuerte sonido en la vasta llanura.

Los Kurkan, que se habían dividido y avanzado desde diferentes direcciones, respondieron sonando sus cuernos de batalla. Los sonidos que señalaban el inicio de la batalla se extendieron por los campos de eulalias.

"¡Emboscada!"

"¡Aumenta la velocidad!"

Gritaron los caballeros reales, que se dieron cuenta tardíamente de los perseguidores. Sin embargo, perseguir a las presas que huían era lo que mejor hacían los Kurkan. 

Fueron rodeados rápidamente. Los sonidos de los caballeros desenvainando sus espadas y los gritos se mezclaban. Las eulalias comenzaron a mancharse de sangre caliente. Mientras los caballeros ponían resistencia desesperadamente, el cochero del carruaje intentó escapar. Pero fue en vano.

Ganchos de hierro volaron desde todas las direcciones. Los ganchos que volaron como flechas, se clavaron en el carruaje una tras otro. El cochero agitó su látigo frenéticamente y gritó.

"¡Estos bárbaros...!"

Esas fueron las últimas palabras del cochero. Una daga curvada penetró el corazón del cochero. El carruaje se tambaleó, fuera de control. Las cuerdas atadas a los extremos de los ganchos se tensaron y el carruaje se volcó.

Ishakan cortó el cuello del caballero que se le acercaba con una espada curva. Una sonrisa cruel apareció en su rostro. Desde el momento en que veía sangre, le resultaba difícil controlar su naturaleza. Sus instintos se volvían aún más frenéticos con más matanza.

Sus ojos dorados brillaron entre la sangre roja esparcida. El otro caballero, que hizo contacto visual con Ishakan, retrocedió asustado. Pero pronto, una cuerda que llegó volando lo ató por el cuello y lo arrastró. La matanza unilateral continuó, su cuerpo quedó manchado de sangre. 

Finalmente, miró hacia el carruaje volcado. Pudo ver a una pequeña mujer empujando con dificultad la puerta dañada. Ishakan no pudo evitar sonreír. Esto debería asustarla, pero ella no se escondió. Más bien intentó mirar alrededor de las llanuras para poder comprender la situación. Eso encajaba con su personalidad.

Ya no había ningún obstáculo que bloqueara el camino de Ishakan. Lentamente, condujo su caballo hacia ella. Los ojos de Leah se agrandaron. Sus hermosos ojos púrpuras temblaron. 

"¿Por qué...?"

Las pestañas plateadas, los labios gruesos finamente curvados, su voz suave... todo era muy encantador. 

No pudo esperar más. Agarró a Leah y la sostuvo en sus brazos. En el momento en que abrazó fuertemente su delgado cuerpo, un aroma dulce y suave llegó a su nariz. Era un aroma que incluso calmaba su naturaleza. Una sensación de completa satisfacción llenó su cuerpo.

Mi luz, mi salvación.

Mi novia.

"¿No te acuerdas?"

Ishakan sonrió con fuerza, incapaz de contener su creciente alegría.

"¿No dije que te arruinaría la vida?"