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domingo, 21 de marzo de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 130

Capítulo 130. Antes de Marcharse


Los preparativos para dirigirse a la frontera se hicieron rápidamente. No había mucho que preparar puesto que no llevaría muchas cosas y tampoco llevaría a las damas de compañía consigo. El ambiente en el palacio no había sido bueno después de que Blain fuera herido, y la despedida de Leah sería tan discreta como la de los Kurkan.

El último día de su estancia en el palacio, Leah fue a visitar al Rey. Su relación estaba tan deteriorada, que ni siquiera recordaba haberlo llamado padre adecuadamente. Pero pensaba que debía verlo de nuevo antes de morir. No lo hacía porque sentía una oleada de emociones porque estaba cerca de su muerte.

"......"

Leah miraba al Rey sentado frente a ella. Sus ojos desenfocados no eran diferentes a los de las damas de compañía del Palacio de la Princesa. 

Antes todavía sentía como si estuviera vivo, sólo que sin la óptima capacidad para discernir las cosas, pero ahora ni siquiera eso. Cerdina ya no necesitaba ocultarle nada a Leah, así que no tuvo que tomarse la molestia de devolverle parte de la conciencia al Rey.

Mirando el cabello plateado y el rostro arrugado, Leah habló lentamente.

"...¿Por qué?"

Su fría voz estaba llena de resentimiento.

"¿Por qué abandonaste a mi madre y dejaste entrar a esa mujer? No entiendo que hay de bueno en ella..."

Leah apretó los puños. Luego, le preguntó al Rey.

"¿Sabes lo que has hecho?"

Se esforzó todo lo que pudo, pero todo fue en vano. Leah murmuró con impotencia.

"Estia está acabada..."

Pero no hubo respuesta. Sin importar lo que dijera, sólo estaría hablando consigo misma. Leah miró las pupilas vacías del Rey y se puso de pie con un sentimiento de desdicha. 

Terminando la conversación sin sentido, se marchó. Las personas del palacio que vieron a la Princesa caminando sola sin ninguna asistente, se mostraron desconcertados, pero a Leah no le importó.

Mientras caminaba sin rumbo, llegó sin darse cuenta al salón del palacio principal. Este fue el lugar donde se encontraron por primera vez como la Princesa de Estia y el Rey de un país extranjero. No había ninguna actividad en el lugar. El amplio salón estaba vacío y silencioso. Contempló el brillante trono al final del salón y las filas de pilares, luego se movió de nuevo.

El siguiente destino fue la sala de conferencias. Después de un rápido vistazo al lugar en el que había negociado con él, se dirigió a la Habitación de la Gloria.

Las esculturas y pinturas, muy bien cuidadas, se veían tan hermosas como siempre. Caminando entre las obras de arte con una larga historia, Leah se situó en el centro del lugar. Había un haz de luz que descendía desde la ventana en el techo. Ella se quedó debajo del mismo, sintiendo la calidez del sol, recordó la voz que le dijo que se veía hermosa.

Luego, pasó por el pasillo en el que tuvieron una breve conversación hace algún tiempo y se detuvo en la fuente que estaba más allá. No pudo evitar sonreír al pensar que las semillas que él había arrojado entres los arbustos se podrían convertir en palmeras datileras.

De regreso al Palacio de la Princesa, sintió un escalofrío. Incluso cuando la dueña del palacio había regresado, ninguna de las damas de compañía acudió a recibirla. Leah se paseó por el palacio, que carecía de calidez humana.

Contempló el jardín de flores, que antes estaba lleno de nardos, con nuevas flores de diversos colores que habían sido plantadas.

Cuando regresó al dormitorio, apartó cuidadosamente la cortina para luego abrir la puerta de cristal y salir al balcón. Permaneció de pie agarrada a la barandilla durante mucho tiempo. Parecía como si en cualquier momento saltaría.

Finalmente, se sentó en la cama y acarició la manta blanca. Como si tuviera algún sentimiento persistente, siguió haciendo lo mismo durante un rato antes de levantarse y dirigirse a su oficina.

Leah se sentó en su escritorio y sacó un papel en blanco. Agarró una pluma y escribió en silencio.

[Última Voluntad.]

Terminó de escribir con una pulcra caligrafía. Había hecho esto con la esperanza de que no hubiera una controversia inútil sobre si su muerte fue un suicidio o un homicidio. El contenido fue breve porque no tenía mucho que decir.

Puso su firma al final del papel y le estampó el sello que se utilizaba en el Palacio de la Princesa. Leah volvió a leerlo y lo guardó al fondo del cajón. Cuando muriera, suponía que alguien la encontraría ordenando sus pertenencias.

Después de revisar los documentos con los regalos a repartir entre las damas de compañía del Palacio de la Princesa y los nobles que la habían ayudado, los puso junto a su última voluntad. Habiendo hecho todo, Leah regresó a su dormitorio y se acostó temprano.

Entonces llegó el día de abandonar el Palacio de Estia.