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viernes, 19 de marzo de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 128

Capítulo 128. No Hay Donde Huir


Una fuerza brusca tiró de su hombro. Su cuerpo se dio la vuelta por inercia. Se quedó sin aliento. No pudo respirar debido a los deslumbrantes ojos dorados. 

Ishakan tenía un rostro imperturbable y sus ojos feroces la miraban de forma penetrante. Leah lo miraba a los ojos, absorta. Ese hermoso color dorado, que más nunca volvería a mirar, quedó grabado en su memoria.

Cuando recobró los sentidos tardíamente y evitó el contacto visual, su gran mano la agarró por la barbilla. Forzando el contacto visual entre ambos, Ishakan abrió lentamente la boca.

"Escúchame con atención, princesa."

La inquietante voz baja hizo que se sintiera un poco nerviosa.

"La noble vida que tienes como princesa. La voy a pisotear y arruinar."

Sus dedos presionan suavemente su mejilla, susurrando unas palabras que se incrustaron en lo más profundo de su interior.

"Haré que dejes de hablar como la princesa de Estia..."

Una brillante luz dorada destelló en su corazón. 

"No hay donde huir."

Y con esas palabras, Ishakan desapareció. En cuanto ella parpadeó, desapareció como si se hubiera disuelto en la oscuridad. Leah, que se quedó sola mirando la oscuridad vacía, sonrió amargamente.

"......"

No tenía que huir. Si la buscara, lo único que encontraría sería un cadáver.

De repente, volvió a mirar hacia los nardos esparcidos en el suelo. Entre el montón de flores dañadas había una intacta, pero ahora no la veía. Después de mirar la tierra fértil vacía, Leah caminó lentamente de regreso a su dormitorio.

Ahora estaba completamente sola.
 
***

La noche antes de dejar el palacio de Estia.

Los Kurkan se movían afanosamente, guardando el equipaje y completando los deberes ordenados por su Rey. Frente al palacio donde se estaban alojados, una fila de carruajes y carretas estaban alineados.

De repente, los Kurkan que se movían de un lado a otro, se detuvieron. Todos miraron en una dirección. Había un hombre que caminaba tranquilamente..

"¡Ishakan!"

Haban, que estaba liderando la carga, corrió para saludar a Ishakan. Genin dejó la pesada caja que llevaba y también se acercó a Ishakan.

Todos los Kurkan que se reunieron rápidamente tenían una mirada de nerviosismo en sus rostros. Morga intercambió miradas con Genin y Haban. Genin abrió la boca con cautela.

"La princesa..."

"Dijo que no. Me ha rechazado espléndidamente."

Aunque habló de forma despreocupada, Ishakan no pudo ocultar sus sentimientos. Se cubrió los ojos con las manos y soltó un grito de dolor.

"...Ha."

Después de un rato, se quitó las manos de la cara e hizo una pregunta.

"Parecía muy inestable. ¿Seguro que está bien?"

Se veía inusualmente frágil. Morga parpadeó sorprendido ante la pregunta desesperada. Sólo se quedó con la boca abierta, pero gracias a que Genin le dio un ligero codazo en el costado, pudo responder aunque tardíamente.

"No se puede hacer nada por ahora. Lo mejor sería llevar a la princesa a Kurkan lo antes posible."

"......"

Ishakan suspiró. Luego se tocó la punta de la barbilla.

"Genin."

En cuanto la llamó, Genin se tensó y respondió.

"Todos los preparativos están listos. Yo y Haban estaremos encargados de las dos alas."

"Morga."

"No podemos eliminar el hechizo de rastreo, pero se puede obstruir. Puedo ocuparme de ello tan pronto como tenga a la Princesa."

"Haban."

"Tenemos el equipamiento listo. En cuanto a la ubicación, sería en las llanuras."

Se refería a las llanuras que estaban en las afueras de la capital donde crecían las eulalias. Después de escuchar a Haban, Ishakan revisó la carga que los Kurkan habían trasladado diligentemente hasta entonces. 

Cuando quitó la tela que cubría la carreta, apareció una cuerda con un gancho de hierro. Un gancho robusto, ideal para enganchar algo.

"Pensamos usarlos para volcar el carruaje."

"No está mal."

Con Haban a un lado, Ishakan agarró el gancho. Tirando con fuerza de la cuerda para comprobar si estaba bien atada, murmuró.

"Ella no tiene que asumir ninguna responsabilidad."

Realmente no. No le importaba que lo calificaran como un hombre malvado.

Soltó el gancho de hierro y se dio la vuelta. Frente a los Kurkan, que miraban a su Rey, Ishakan sonrió fríamente.

"Entonces..."

Sus ojos dorados brillaron.

"Vamos a raptar a mi novia."