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lunes, 15 de marzo de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 126

Capítulo 126. Intentando Evadirlo (1)


Después de haber jugado con el cabello de Leah a su antojo, recogió algunas hebras que se habían caído y se marchó. Leah acompañó a Cerdina hasta la entrada principal del Palacio de la Princesa y luego regresó a su oficina.

Se sentó en su escritorio y tomó algunos documentos. No había ninguna dama de compañía para ayudarla. Una mueca de desprecio se extendió por la boca de Leah mientras leía sola.

¿Traerla de regreso al palacio real?

Solo quería seguirla atormentando, para que más la traería de regreso. Ella no lo permitiría.

Leah sonrió amargamente, luego se desplomó sobre el escritorio. Cerró los ojos y contó los días que faltaban para la boda. No quedaba mucho tiempo antes de que entrara en el descanso eterno.

Sus ganas de vivir habían desaparecido hace tiempo. La muerte era la única venganza que Leah podía tomar, y el camino para que todos fueran libres.

Cerdina prometió que el día que Leah dejara el palacio real, liberaría a las damas de compañía del Palacio de la Princesa del lavado de cerebro. Fue una promesa que apenas pudo conseguir agitando la cola como un perro. Así que después de la boda, se suicidaría en la primera noche con Byun Gyeongbaek…

"......"

Leah se cubrió la cara con las manos. Últimamente no había podido pensar con claridad.

Desde ese día, cualquier pensamiento que tuviera, se interrumpía y se hundía en la melancolía. Su mente estaba empapada como la tierra húmeda bajo una llovizna.

El dolor que Cerdina le había provocado, y la horrible sensación de estrangularse a sí misma, se repitió vívidamente.

Mientras intentaba deshacerse de esos recuerdos, su nombre siempre aparecía en su mente de forma natural. Esto era muy doloroso para Leah, porque ahora se trataba de un nombre que debía olvidar.

¿Alguna vez has estrangulado a alguien que quieres?

¿Alguna vez has clavado un cuchillo en un corazón?

La suave voz volvió a sonar en sus oídos. Sus hombros temblaron y Leah se cubrió las orejas con las manos, sollozando silenciosamente. Cerró los ojos y sola trató de erradicar el miedo desbordado que surgía en ella.

La desgracia sólo se hace más grande si se comparte. Él no encajaba con la oscuridad de Leah. Leah deseó con todo su corazón, que el hombre radiante siempre estuviera bajo la resplandeciente luz del sol.

***

El tiempo pasó volando. Parecía fluir aún más rápido porque ella no estaba en sus cabales.

Pero no importaba. Más bien, Leah deseaba lo mismo.

Y finalmente mañana, sería el día en que los Kurkan se irían.

Leah paseaba sola por el jardín del Palacio de la Princesa, a altas horas de la noche. Cerdina la había estaba molestando todo el día. Estaba exhausta y con ganas de acostarse en la cama inmediatamente, pero no podía.

Porque como antes, Ishakan la visitaría esta noche.

Lo extrañaba mucho. Pero no quería verlo. No quería estar en una situación en la que tuviera que decirle palabras crueles y rechazarlo fríamente para poder alejarlo.

Prefería que simplemente se fuera. Si la dejaba, sería porque era mentira el amor que le susurraba y simplemente actuaba para intentar robar los secretos de Estia.

Entonces, podría acabar con su vida sin ningún remordimiento.

Leah siguió caminando lentamente, esperando que la encontrara, y al mismo tiempo que no lo hiciera. Sus pasos sin rumbo se detuvieron frente al jardín de nardos. Siendo precisos, lo que había sido un jardín.

Todos los nardos habían sido arrancados y estaban esparcidos en el suelo. El jardinero había preparado el terreno para plantar nuevas flores. 

Mirando con atención entre las flores rotas y aplastadas, Leah pudo encontrar una intacta. 

En el momento en que extendió una mano con cuidado...

"......"

Una pequeña piedra cayó delante de sus pies. Lentamente, levantó la mirada hacia arriba.

Vio a un hombre sentado en la rama de un árbol fumando. Tenía la espalda apoyada en el grueso tronco del árbol. Exhalaba el humo con su rostro solemne.

Parecía muy natural la forma en que el hombre miraba desde arriba. En la oscuridad, sus brillantes ojos dorados miraban fijamente a Leah.

Como si supiera por qué Leah se paseaba por el jardín, sin poder entrar en su dormitorio.

Leah bajó la mirada. Luego puso un sólido muro alrededor de su corazón. Esta vez esperaba que este hombre no pudiera acceder a sus emociones.

Como Leah dejó de mirarlo, Ishakan se deshizo del tabaco y saltó ligeramente del árbol. A pesar de la considerable altura, no se escuchó ningún sonido cuando aterrizó en el suelo. sus movimientos fueron increíblemente ágiles.

Ishakan se le acercó lentamente. Percibiendo el fresco aroma del tabaco y Leah dijo.

"Saludos Rey de los Kurkan."

Ishakan sonrió amargamente ante su cordialidad. Entrecerró un poco los ojos y dijo.

"Supongo que hay diferentes formas de negarse."

Leah habló, todavía evitando sus ojos.

"Es tarde. ¡No es bueno que estemos reunidos en el jardín del Palacio de la Princesa, así que...!"

Sus palabras se detuvieron. Leah tomó un pequeño respiro. La brisa nocturna refrescó el calor que irrumpió en su cuerpo.

"No hace falta que me sermonees."

Un cálido abrazo envolvió a Leah con fuerza. Pronto, escuchó una voz.

"Déjame abrazarte un momento, Leah."