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miércoles, 10 de marzo de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 124

Capítulo 124. En Manos De Cerdina


"Hmm. Está más roto de lo que pensaba. Ese hechicero bárbaro es bastante bueno. Pero no parece que haya podido profundizar."

Cerdina dijo molesta, frunciendo el ceño.

"De hecho, también fue difícil cuando hice el primer hechizo hace cuatro años. Intentaste salirte del lavado de cerebro apenas apareció la más mínima oportunidad."

Esperó hasta que Leah sufriera lo suficiente y perdiera toda su voluntad. Entonces, le preguntó generosamente. 

"¿Te duele, Leah?"

Ella asintió frenéticamente. Sin dudarlo pidió disculpas por sus malas acciones. Si pudiera detener este dolor, sería capaz de besar los pies de Cerdina.

Cerdina se echó a reír y chasqueó los dedos. En ese momento, el dolor infernal desapareció por completo. Leah se sentó en el suelo, jadeando.

Cerdina se sentó frente a Leah, y acarició suavemente su cabello plateado. Cuando Leah trató de apartar su cabeza, su corazón se desplomó.

Su cuerpo no se movió. Una increíble sensación de alienación invadió todo su cuerpo. Incluso inhalar y exhalar se sentía extraño. Como si estuviera en el cuerpo de otra persona...

(Alineación - el proceso mediante el cual un individuo se convierte en alguien ajeno a sí mismo, que se extraña, que ha perdido el control sobre sí.)

Sudor frío comenzó a recorrer su espalda. Cerdina sonrió cuando el miedo apareció en los ojos de Leah.

"No tienes que tener tanto miedo."

Lentamente, rasguñó la parte inferior de la barbilla de Leah con una uña. Una línea roja se trazó sobre la piel blanca. Leah no tuvo más opción que aceptar el dolor. Mirando las temblorosas pupilas púrpuras, Cerdina sonrió con gracia.

"¿Alguna vez has estrangulado a alguien que quieres?"

Sus manos se movieron independientemente de su voluntad. Leah se estranguló a sí misma. Los ojos de Cerdina se curvaron mirando a Leah, que se estaba poniendo roja por la falta de aire.

En cuanto su conciencia comenzó a desvanecerse, las manos se soltaron. Leah respiró rápidamente. Sentía que su corazón había estado a punto de explotar. Sin embargo, no tuvo mucho tiempo para recomponerse.

"¿Alguna vez has clavado un cuchillo en un corazón?"

No pudo abrir sus labios. Cerdina reflexionó y dijo, "Ah."

Luego tocó los labios de Leah con un dedo. Sólo entonces Leah pudo hablar.

"Oh, no..."

"No quieres hacerlo, ¿Verdad? Odias el dolor."

"Sí... lo odio..."

"Entonces, no pienses en nada innecesario."

Acariciando con cariño la mejilla de la asustada y pálida Leah, Cerdina susurró.

"No le digas nada a Blain. No creo que le guste que estés en este estado. Por supuesto, es mejor que tampoco se lo digas a nadie más."

Sonrió fríamente.

"¿Lo mantendremos en secreto entre madre e hija?"

Leah asintió lentamente con la mirada perdida. Nuevamente, lágrimas se deslizaron por su mejilla. Se condensaron en el borde de su barbilla y luego cayeron al suelo. Cerdina sonrió con satisfacción.

"Desde hoy, comienza nuevamente a controlar tu alimentación. La boda está cerca, pero has ganado mucho peso."

Se puso de pie con elegancia y miró a Leah, que estaba sentada sin fuerzas en el suelo. Luego dijo tranquilamente.

"Entonces me voy. Ha sido un placer hablar contigo, Leah."

El pomo de la puerta, que no se movía a pesar de sus desesperados intentos, se giró fácilmente. Cerdina abrió la puerta y se marchó del dormitorio.

"......"

Leah, que se quedó sola, bajó la cabeza. Su cabello plateado cayó como una cascada.

Una risa vacía se escapó de su boca. Era ridículo que hubiera estado segura de que no estaba hechizada, sólo porque no se parecía a la marioneta del Rey.

Ahora ella sabía que también estaba hechizada. Se encontraba en un estado terrible, no muy diferente a una marioneta.

La advertencia que le hizo Cerdina fue clara. Ella tenía el control de su cuerpo, lo que significaba que si hacía algo estúpido, la haría sufrir miserablemente.

Leah se imaginó estrangulando a Ishakan y clavándole un cuchillo en el corazón. Su mente, que apenas se había aclarado, se oscureció de nuevo. La oscuridad, que creía que había desaparecido, la cubrió de pies a cabeza.

Se quedó sentada durante mucho tiempo y luego levantó lentamente la cabeza. Miró el dormitorio aturdida. El recuerdo de su eufórica noche en este lugar parecía lejano.

Sus tobillos seguían estando atados con fuertes cadenas. Había soñado con una libertad que ni siquiera había existido desde el principio. Desesperanzada, Leah dijo su nombre. 

"Ishakan..."

Sus lágrimas brotaron nuevamente. Nunca en su vida podría pisar las arenas del desierto. Y ni siquiera estaría con él.