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martes, 9 de marzo de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 123

Capítulo 123. Hechicería de Cerdina


Pensaba que no se sorprendería escuchando cualquier nombre. Pero pronto, Leah se dio cuenta de que había sido demasiado ingenua.

"...La Condesa... Melissa..."

Su voz sonaba débil. La Baronesa Cinael asintió lentamente.

En su interior, no quería creerlo. Aunque vino buscando una respuesta, la realidad era cruel. 

Lo más angustiante era que la Baronesa Cinael, quien había dicho la cruel verdad, también sufría. Se sentía afligida porque sabía que sus palabras hirieron a Leah.

El silencio se hizo presente en la sala durante mucho tiempo. Leah bebió un sorbo de su té frío y recuperó un poco la compostura.

Sólo habían dos opciones. 

La Baronesa Cinael mentía. O la Condesa Melissa mentía.

Y por supuesto, Leah quería confiar en la Condesa Melissa.

Tenía sentido que la Baronesa no se hubiera defendido ante las otras damas de compañía y aceptara la licencia por enfermedad, condenada a la deshonra. 

En el Palacio de la Princesa, la Condesa Melissa era la persona influyente después de Leah. No importaba lo que dijera la Baronesa Cinael, pensaba que no le creerían. Además, sabiendo que Leah confiaba profundamente en la Condesa, probablemente la habrían echado sin poder terminar de hablar.

La Condesa Melissa siempre estuvo al lado de Leah con amor y afecto desde que había perdido a su madre a una edad temprana. Existía un vínculo entre ellas que no podía quebrantarse ni siquiera por el dinero o el poder.

Sin embargo, no parecía que la Baronesa Cinael estuviera mintiendo. Leah quería creer en la inocencia de las damas de compañía del Palacio de la Princesa. Quizás la Baronesa y la Condesa decían la verdad.

Leah, que últimamente sentía su mente despejada y limpia, se le ocurrió una nueva idea. 

Hechicería de Cerdina…

Parecía bastante posible. Si Cerdina podía hacer hechizos, seguramente también había hecho algo en el Palacio de la Princesa. De repente, sintió miedo. Desconocía su poder, pero no podía evitar sentir malas vibras.

¿La había hechizado? Sin embargo, ella nunca había actuado de forma anormal como el Rey o la Condesa Melissa. Leah sacudió la cabeza cuando se comparó con el Rey, que se comportaba como una marioneta de Cerdina.

"Gracias por decírmelo, Baronesa Cinael. Como esta es la situación, creo es mejor que descanses por el momento."

Leah añadió que pensaría detenidamente en lo que le había dicho y luego sacó el paquete de galletas que le había traído. 

Poco después la Baronesa, que estaba comiendo una galleta con los ojos enrojecidos, aceptó desconcertada el papel que Leah le estaba dando. Ella murmuró atónita.

"Esto es...."

Se trataba de un certificado de propiedad de una pequeña granja. Leah le dijo tranquilamente a la Baronesa Cinael, que estaba sin palabras.

"Estoy arreglando algunas cosas antes de dirigirme a la frontera. Estoy dando contribuciones equitativas entre las damas de compañía del Palacio de la Princesa, así que por favor acéptalo."

"¡No! No puedo aceptarlo. ¡Sólo hice correctamente mi trabajo…!"

"Está bien. Es una recompensa por todo el arduo trabajo que has hecho por mí hasta ahora."

"Princesa..."

Los ojos de la Baronesa Cinael se pusieron llorosos. Las lágrimas que apenas habían cesado volvieron a fluir. Leah la tranquilizó durante un rato y luego se marchó de regreso al palacio.

***

Leah sentía el corazón pesado mientras miraba por la ventana del carruaje. 

Cuando llegó al palacio, sus pensamientos se habían organizado un poco. Iba a conversar con la Condesa Melissa, escucharía sus explicaciones y luego determinaría si la hechicería estaba realmente involucrada.

"¿......?"

Leah, que bajó del carruaje, se detuvo abruptamente. El palacio estaba demasiado tranquilo. Como fue a visitar a la Baronesa Cinael, sólo salió acompañada de los caballeros, sin damas de compañia. Pero ahora no veía a ningún empleado del palacio.

Sólo el sonido inquietante de los pasos de Leah resonaba en los pasillos vacíos. Un aire frío rozaba su piel. Leah se frotó el dorso de la mano debido al repentino escalofrío que sintió. Entonces, entró en su dormitorio para cambiarse la ropa.

Leah se sobresaltó cuando vio a la mujer sentada sobre su cama. Su cuerpo se puso rígido por reflejo. Leah movió los labios con dificultad.

"Eh, por qué has venido de imprevisto..."

Sin responder, Cerdina se levantó lentamente y se acercó lentamente a Leah. Un aroma amargo emanado por Cerdina, entró en la nariz Leah. Se preguntó por qué olía a hierba y no a su perfume habitual.

Pero no pensó en ello con más detalle. Porque los ojos de Cerdina se pusieron delante de ella. Una mirada penetrante, como una daga, atravesó lentamente a Leah. Se había quitado por completo la máscara de generosidad y amabilidad, parecía que ya no tenía intención de ocultar nada. Cerdina chasqueó la lengua.

"Intenté hacerlo moderadamente."

La fría voz le puso la piel de gallina y le erizó los vellos. Leah dio un paso atrás. Su mente vibraba como si alguien hiciera sonar una campana estruendosa. Se apoderó de ella la idea de escapar.

Rápidamente se giró y agarró el pomo de la puerta. Pero por mucho que se esforzaba, la puerta no se abría. Fue entonces cuando escuchó una risa detrás de ella. De repente, sintió un dolor de cabeza inconmensurable.

"¡......!"

Sentía como si alguien hubiera metido la mano en su cerebro, frotándolo y apretandolo. Se derrumbó debido al dolor insoportable. Leah se aferró a la alfombra mientras estaba boca abajo. Comenzó a sentir náuseas. La saliva se desliza por su boca y las lágrimas se derramaban.

Cerdina miraba tranquilamente a Leah que se retorcía, y se limitaba a chasquear los dedos. Cada vez que chasqueaba los dedos, Leah se agarraba la cabeza y rodaba por el suelo.

"¡Ah, aah, arg, ahhhhh......!"