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viernes, 5 de marzo de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 122

Capítulo 122. La Condesa Melissa


El Rey de Estia ordenó la deportación de los Kurkan. Sin embargo, reconociendo la mutua negligencia, no los expulsó inmediatamente, sino que les dio un periodo de gracia de unas dos semanas.

Se decidió que Leah saldría del palacio para dirigirse a las tierras fronterizas después de que los Kurkan se marcharan. Cómo sería antes de lo previsto, Leah pasó todos los días ocupada trabajando y delegando tareas.

Hoy también tenía una agenda muy apretada. Antes de comenzar a hacer las cosas que había planificado para el día de hoy, la Condesa Melissa trajo un peine de madera y comenzó a peinarle el cabello.

Sus habilidades para peinarla eran tan buenas como los años que habían pasado juntas. Probablemente nadie podría arreglar mejor el cabello de Leah que ella.

"Byun Gyeongbaek pronto se dirigirá a la frontera oeste, pero parece que primero quiere reunirse contigo."

"Está bien. De todos modos, debemos reunirnos."

Las dos siguieron charlando brevemente sobre ciertos asuntos. Mientras Leah observaba cómo estaba quedando peinado su cabello plateado, dijo tranquilamente.

"No he visto a la Baronesa Cinael."

La mano que se movía diligentemente se detuvo por un momento, la Condesa Melissa respondió en voz baja.

"Tiene una licencia por enfermedad."

Ella le explicó que había gestionado el asunto bajo la autoridad de dama de compañía principal, y que no había podido informarle porque últimamente parecía muy ajetreada. Leah señaló con calma.

"La están tratando como la culpable."

"......"

La Condesa Melissa dejó el peine sobre el tocador.

"Lo siento, Princesa. Intenté hacer algo, pero la situación estaba empeorando… así que pensé que sería mejor que la Baronesa tuviera una licencia por enfermedad y descansara por un tiempo."


Parecía que estaba siendo aislada como la culpable del robo del vestido de seda púrpura. Sin embargo, aún no se había descubierto la verdad. Necesitaba reunirse con ella y escuchar su argumento.

"Tengo un par de horas libres esta tarde."

Había reservado ese tiempo para descansar un poco. Aunque oficialmente estaba libre, regularmente se ponía a tomar el té mientras revisaba algunos documentos.

"Visitaré a la Baronesa Cinael."

"¿No es demasiado repentino?"

"Hay cosas más importante que la etiqueta."

Se estremeció después de decir esas palabras. No estaba acostumbrada a decir ese tipo de cosas. La Condesa Melissa también parecía un poco sorprendida. Pronto, Leah continuó dejando a un lado lo que había dicho anteriormente.

"Por favor, haz los preparativos para eso. Como voy a visitarla, tendré que llevar un regalo como muestra de cortesía."

Después de terminar el trabajo de la mañana, almorzó y se preparó para salir. Leah subió al carruaje con un paquete de galletas hechas por el chef principal del Palacio de la Princesa. Esas galletas eran las favoritas de la Baronesa Cinael.

Ninguna de las damas de compañía del Palacio de la Princesa provenía de un linaje familiar con poder. La Baronesa Cinael también vivía en una zona un poco alejada del centro de la capital real. 

Mientras viajaba en el carruaje, Leah hizo algunas especulaciones por su cuenta. Hubiera sido mejor que todo se desarrollara discretamente, pero al final las cosas pasaron a mayores.

Las damas de compañía del Palacio de la Princesa no habrían señalado a la Baronesa como la culpable sin ninguna razón y la habrían excluido. Dadas las circunstancias, la Baronesa debe haber hecho algo sospechoso.

Tal vez ella había robado el vestido para pagar algún préstamo privado. Pero no creía que la Baronesa hubiera robado el vestido porque estuviera en una situación difícil. Teniendo en cuenta su personalidad, le habría dicho a Leah y le habría pedido ayuda.

Mientras hacía algunas suposiciones al respecto, sin darse cuenta, había llegado a la residencia de la Baronesa. El carruaje de la realeza se detuvo frente a la modesta mansión.

Los ojos de una mujer que estaba regando las flores del jardín se agrandaron cuando vio el carruaje. La Baronesa Cinael vio a Leah bajándose del carruaje y murmuró para sí misma.

"Princesa..."

"Dama."

Leah sonrió levemente y corrió hacia ella para abrazarla, las lágrimas estallaron. La Baronesa se aferraba a Leah como si se fuera a desplomar.

El Baron Cinael, que se había quedado en casa para consolar a la Baronesa Cinael, estaba sorprendido por la aparición de Leah, y lo que estaba sucediendo.

Leah abrazó a la Baronesa en silencio. Cuando ella finalmente pudo detener sus sollozos, llevó a Leah al interior. Luego de servir personalmente el té, murmuró.

"No recibo salario debido a que me encuentro de permiso por enfermedad… Tuve que prescindir de algunos empleados para ahorrar un poco. De todos modos, no tengo nada que hacer en casa."

El té en la taza con un patrón atenuado, se enfrió lentamente. Leah esperó a que ella hablara del asunto primero. La Baronesa, que había permanecido en silencio hasta que la taza de té se puso tibia, comenzó a llorar de nuevo.

"Estoy muy frustrada... sólo seguí instrucciones..."

Se limpió las esquinas de los ojos con un pañuelo, pero pronto se humedecieron de nuevo. La Baronesa Cinael continuó hablando sosteniendo el pañuelo.

"Ese día me dijeron que sacara el vestido de seda púrpura y se lo llevara al sirviente que estaba afuera... eso fue lo que hice."

"¿Quién te dio esa orden?"

La Baronesa Cinael cerró los ojos con fuerza. No podía responder a esa pregunta fácilmente. Después de dudar durante un rato, finalmente habló con cuidado.

"...La Condesa Melissa."