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jueves, 4 de marzo de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 121

Capítulo 121. Pensamientos Esperanzadores 


Cerdina se quedó sin palabras durante un tiempo. Sus ojos ojerosos, debido a que se había trasnochado durante unos días, temblaron.

Ella levantó las comisuras de su boca a la fuerza. Su sonrisa se veía extraña, puesto que tenía los ojos inyectados de sangre. Una de sus manos llena de trozos de hierba, acarició lentamente la cara de Blain. Palabras astutas salieron de sus labios temblorosos.

"Imposible, Blain. El amor no es una emoción tan oscura como la que sientes tú."

"......"

"No estás enamorado, sólo quieres poseerla."

Blain miró a Cerdina en silencio. Recordó la primera vez que le dijo que la quería. En ese momento, Cerdina había dicho lo mismo. No había ninguna diferencia.

"Te lo dije. Cuando te conviertas en Rey, y luego en Emperador, tendrás el continente bajo tus pies, habrán muchas mujeres como esa..."

"Madre."

Blain movió sus labios resecos lentamente.

"Si no hago lo que quieres, ¿Me hechizarás a mi también?"

"¡Blain!"

Un fuerte grito sonó en el dormitorio. Cerdina, que respiraba agitadamente, miró la muñeca de Blain que estaba vendada. Entonces, en lugar de volver a gritar, se inclinó para abrazar a Blain. 

"No seas tan cruel con tu madre. Todo lo hago por tu bien."

Sus dedos delgados acariciaron repetidamente el cabello plateado.

"Ya casi terminamos, ¿Verdad? Sólo falta un poco. Si lo deseas, también te dejaré tener su corazón. Pero después lo entenderás. Que eso no es gran cosa..."

La voz susurrante estaba llena de afecto desmesurado. Siempre fue igual. No importaba la tontería que Blain quisiera hacer, ella siempre lo aceptaba. Porque quería lo mejor para Blain.

Blain sonrió superficialmente. Aunque no estaba bajo ningún hechizo, le pareció que no actuaba diferente a los demás. 

"Entonces lo sabré cuando lo tenga."

Blain le dijo a Cerdina, que lo miraba sin siquiera parpadear.

"Por favor, dame el corazón de Leah. Mientras pueda tenerlo... haré lo que quieras, madre."


***

Como se esperaba, esta vez volvió a desmayarse. En realidad, no se había desmayado, sino que se había quedado dormida. Por supuesto, eso era lo que Leah creía.

Cuando abrió los ojos después de haberse quedado dormida en los brazos de Ishakan, Leah se encontró acostada sobre la cama del Palacio de la Princesa. Una luz tenue se filtraba a través de la ventana. Estaba amaneciendo.

Observó con atención su entorno. Las sábanas que se desordenaron durante el intenso acto sexual, habían sido acomodadas. Leah estaba sola en el pulcro dormitorio, como si lo sucedido durante la noche anterior hubiera sido una ilusión.

Una inexplicable sensación de vacío surgió en su corazón. Leah, que se mordió el labio inferior, encontró una pequeña nota en la mesa de noche al lado de su cama. La nota estaba escrita con una letra rústica sobre un trozo de papel rasgado.

『¿Vendrás conmigo al desierto?』

Seguía teniendo una mala caligrafía, pero parecía un poco más refinada que antes. ¿Quizás estaba practicando? No pudo evitar reírse al imaginarse a Ishakan sosteniendo una pluma en una de sus grandes manos mientras escribía en un pequeño papel.

Leah abrazó la nota y se lanzó sobre la cama. No era un comportamiento adecuado para una Princesa, pero no importaba porque no había nadie mirando.

"......"

Leyó la nota unas cuantas veces más, luego la colocó nuevamente sobre su pecho. 

Entonces, recordó el intenso dolor de cabeza que tuvo anoche. Aunque ella sentía dolores de cabeza frecuentemente, anoche fue la primera vez en su vida que experimentó tanto dolor. Aparentemente, había alcanzado su límite mental, pero extrañamente, sentía su cabeza más despejada después de eso.

Originalmente, sentía su cuerpo pesado cuando se despertaba por la mañana. Siempre había sufrido de migrañas como una enfermedad crónica, y vivía con depresivas nubes oscuras en el fondo de su corazón.

Pero ahora, estaba tan claro como un día soleado. Consideraba que podía hacer cualquier cosa. Pensamientos esperanzadores brotaban continuamente en su mente, que estaba tan limpia como el agua de un manantial.

¿No sería bueno irse al desierto con Ishakan?

De todos modos, todo estaba arruinado. Las negociaciones y la reforma fiscal no se llevarían a cabo. Por lo tanto, era mejor buscar un futuro, que renunciar a su vida. 

Incluso tal vez, este era el camino que debía seguir por el bien de Estia. Aunque tuviera que renunciar a su propia reputación para proteger a su país, estaría cumpliendo con sus deberes como Princesa.

Fluían muchos pensamientos que nunca podría haber hecho anoche. Si realmente se convirtiera en la Reina de Kurkan, podría persuadirlos para que no invadieran Estia. Podría intentar reanudar las negociaciones, o intentar hacer intercambios entre los dos países... y además… podría estar con Ishakan.

Inmediatamente, su corazón comenzó a latir como si fuera a explotar. Su cuerpo se estremecía a causa de las desbordantes emociones. Leah, no podía controlarlo, así que se puso a dar vueltas por el dormitorio. No podía quedarse quieta.

Su imaginación continuó extendiéndose sin cesar. En el desierto sería libre. Sería Leah, no más la Princesa de Estia. Podría comer lo que quisiera, no tendría que mirar la cara de su hermanastro y no tendría que aguantar la vigilancia de su madrastra.

Al imaginar una vida sin ataduras y restricciones, Leah se tumbó en el suelo. Estaba tan emocionada que su cuerpo se estaba calentando. Colocó deliberadamente su piel contra el frío suelo de mármol, respirando profundamente para calmarse.

Todavía quedaba tiempo. Tenía que tomar esta decisión cuidadosamente. 

Pero Leah sabía que su corazón estaba inclinado hacia un lado.