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lunes, 8 de febrero de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 111

Capítulo 111. Lo Siento


Ella ni siquiera se dio cuenta de que estaba conteniendo la respiración. Sólo cuando comenzó a sentir que su corazón se estaba poniendo rígido, Leah finalmente respiró profundamente.

Tal vez porque estaba muy sorprendida, tenía la mente en blanco. No podía pensar en nada. Abrazando a Leah, que permanecía muda y paralizada, Ishakan continuó susurrando.

"¿Has visto alguna vez un desierto? No te imaginas lo hermoso que es mirar la arena dorada extendida por todo el panorama."

Los ojos feroces del hombre, que la miraban con cariño, le parecían peligrosamente encantadores. Leah miraba a Ishakan como si estuviera hechizada.

Se imaginó un vasto desierto de arena que se extendía como un océano. Todavía no lo había visto, pero seguramente sería tan precioso como el oro.

"Y no todo es sólo arena. En la parte más profunda del desierto, donde viven los Kurkan, hay una pradera. En ese lugar, siempre florecen las flores que te gustan."

Sin que se diera cuenta, su cara se había acercado. Estaba tan cerca que sus pestañas podían tocarse. Los ojos dorados que tenía enfrente brillaban como estrellas.

"En ese lugar tendrás todo lo que quieras."

Yo lo haré realidad.

Sus palabras fueron firmes. Leah, que se había humedecido bastante, cerró los ojos con fuerza. Una sensación de desesperación se apoderó de ella, sentía que sus piernas cederían en cualquier momento.

Ahora mismo, si Ishakan le estaba mintiendo o le estaba diciendo la verdad, a ella no le importaba. Cualquier cosa estaba bien. Incluso si se tratara de una dulce mentira, no le molestaría creerla, aunque muriera.

Sólo había una razón para ello.

Me gustas, Ishakan.

Las palabras que no podía pronunciar se arremolinaban en su mente. Tanto, que ella temía que se le salieran por error. Leah apretó sus labios lo más fuerte que pudo y enterró su cara en el pecho de Ishakan.

En realidad, le había gustado desde la primera vez que se conocieron. Desde el día en que pasaron la noche juntos, nunca había olvidado a Ishakan.

La solitaria princesa fue saboteada por alguien desconocido. Lo dejó estar cerca sabiendo que era peligroso, y al final, todo terminó desmoronándose.

Pero curiosamente, a Leah le gustaba eso. Le gustaba perder el control y el orden.

Ahora igual. Ella quería seguir al hombre que la tentaba y romper todas las ataduras que la ataban. Deseaba escapar al desierto de arena dorada que él le había susurrado.

Pero no podía. No debía hacerlo. Desde el momento en que nació con el apellido de Estia, Leah recibió las responsabilidades y los deberes correspondientes a una princesa. Podía manchar ese apellido con sus propias manos, pero no podía relegar del mismo.

Probablemente, debido a las intensas emociones que surgieron en su interior, le comenzó a doler la cabeza. Después de lograr calmarse un poco, dio una respuesta que ninguno de los dos quería.

"...Lo siento."

Ishakan la miraba en silencio. Como si la estuvieran estrangulando, ella continuó hablando con dificultad.

"Yo... no puedo abandonar a Estia."

Después de pronunciar la última palabra, ella mantuvo la boca cerrada. Ishakan la miraba de forma penetrante, pero ninguna palabra sincera salió de sus temblorosos labios.

Cuando Leah se mordió el labio inferior, el rostro de Ishakan se contorsionó. Las emociones que habían permanecido encubiertas volvieron a surgir.

"...Tú."

De repente, él habló molesto.

"¿Alguna vez sentiste que tus pensamientos eran extraños?"

Leah parpadeó sin comprender. La voz de Ishakan se hizo más fuerte.

"¡Tu dedicación a Estia, tu elección de morir sin oponerte a la familia real!"