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sábado, 6 de febrero de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 109

Capítulo 109. Proposición (1)


Sus dedos halaban la cuerda del arco con fuerza. Sus acompañantes no se atrevieron a intentar disuadirlo. Dada la horrible personalidad de Blain, los escuderos y monteros temían que soltara la cuerda de su arco, ellos estaban conteniendo su respiración.

« Montero - persona que ayuda en la cacería de un animal. »

Mientras todos estaban paralizados de miedo, Ishakan simplemente se rió. A pesar de que sus ojos podían ser atravesados por una flecha en cualquier momento, actuó como si la situación le pareciera divertida, sus ojos brillaban intensamente.

"¿Puedes soltar la cuerda del arco?"

Le dijo a Blain arrogantemente.

"Un bebé que sólo hace lo que se le pide, y que siempre está pegado a la falda de su madre."

"¡......!"

La mano que tiraba de la cuerda del arco estaba temblando. Poco a poco, su respiración se volvió más agitada. La punta de la flecha, que también temblaba, seguía apuntando a Ishakan.

"Nunca has hecho nada por tu cuenta. Ni siquiera sabes bien lo que quieres, sólo has usado malvadamente a la princesa como un escudo."

Ishakan se acarició brevemente su barbilla.

"Mira, Príncipe Heredero. Aquí no hay nadie que te cubra. ¿Qué vas a hacer?"

Sus ojos dorados brillaban extrañamente en el bosque sombrío. Le susurró tranquilamente a Blain.

"¿Puedes dispararme esa flecha?"

Blain, rechinando los dientes, murmuró una serie de insultos.

Entonces, en el momento en que los ojos de Ishakan se curvaron de satisfacción, Blain terminó haciendo algo que no debería haber hecho. La flecha salió disparada.

"......"

Blain contuvo el aliento. La flecha se clavó en el hombro de Ishakan. No lo había impactado en el ojo, porque su mano tembló.

Después todo sucedió en un parpadeo. Ishakan levantó su arco inmediatamente y disparó una flecha hacia el costado del caballo que montaba Blain. Relinchando, el caballo levantó salvaje sus patas delanteras.

Blain se cayó del caballo. Rápidamente, Ishakan se bajó de su caballo y pisó la muñeca de Blain. Con el sonido de su huesos rompiéndose, Blain gritó de dolor.

"¡¡Su Alteza!!"

El bosque se convirtió inmediatamente en un caos. Los acompañantes de Blain gritaron, y los caballeros sacaron sus espadas.

Entre los ruidosos humanos, sólo los Kurkan permanecían tranquilos. Observaban inexpresivos e inmóviles, como si hubieran previsto esta conmoción. Pero cuando los caballeros actuaron, hicieron su movimiento. Los bloquearon para que nadie pudiera acercarse a Ishakan y Blain.

"¡Apártense!"

"No podemos hacer eso. Fue el Príncipe Heredero quien propuso una lucha por la dominancia jerárquica."

"¡Lucha de jerarquía! ¡Qué comportamiento tan vulgar y bárbaro…!"

Haban con un rostro inexpresivo, le advirtió al caballero desenfrenado.

"Ve, si quieres morir."

"......"

Instantáneamente, los Kurkan los miraron con frialdad. Aunque ni siquiera habían diez Kurkan, los caballeros retrocedieron con expresiones de miedo.

Mientras se producía un disturbio atrás, Ishakan sacó la flecha incrustada en su hombro y la tiró al suelo. Agarró a Blain por el cuello y lo levantó, ignorando la sangre que brotaba de su herida.

Blain estaba forcejeando con todas sus fuerzas. Sin embargo, sus pies no tocaban el suelo. Su muñeca destrozada estaba retorcida en una dirección extraña. Ishakan sonrió ante Blain, lo miraba fijamente como si quisiera matarlo.

"¿No fuiste tú quien atacó primero?"

Sus palabras estaban llenas de sinceridad.

"Actúe en defensa propia, Príncipe Heredero."

***

La cacería terminó de la peor manera posible.

Blain fue llevado de vuelta en la carreta como un animal cazado. Cerdina dejó de lado su apariencia noble, y se comportó como si hubiera enloquecido.

Muchos se sorprendieron, porque la reina habitualmente amable y gentil, parecía encontrarse en un estado delirante. Aunque hubiera perdido la cabeza por la lesión de su hijo, su comportamiento actual les seguía resultando extraño.

Cerdina, que lloraba frenéticamente, vio a los Kurkan acercándose sin prisa. Miró a los Kurkan uno por uno con los ojos inyectados de sangre. Por último, se quedó mirando a Ishakan. Ishakan le habló con calma a Cerdina, quien lo miraba con odio.

"Fue un accidente inesperado."

Al escuchar las palabras de Ishakan, las comisuras de los labios de la llorosa Cerdina se levantaron. Con una sonrisa inquietante en su rostro, dijo con maldad.

"Te arrepentirás de esto, Rey."