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lunes, 18 de enero de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 98

Capítulo 98. Matrimonio Por Captura (1)


Mirándolo a los ojos, Leah no pudo evitar recordar su primer encuentro, que se trató de un encuentro deliberado disfrazado de coincidencia. Sentía como si esa incidencia hubiera ocurrido ayer... Ishakan con su capa, y ella con su disfraz.

Tales recuerdos no aliviaron las dudas que surgieron en ella.

Parecía que los Kurkan tenían alguna relación con algunos dignatarios de Estia. No sería extraño que su rey se involucrara de alguna manera para atraer a Leah, una figura clave en la sociedad de Estia. Ella estaba consciente de lo fácil que sería para Ishakan persuadirla y robar la información más confidencial de Estia. 

La razón buscaba advertirla. Su razonamiento le decía que debía apartarse de él y de sus mentiras. Sin embargo, su corazón no quería creer eso. 

Cuando Leah se dio cuenta de que seguía dudando incluso después de pensar en más de 29 razones diferentes por las que no debía confiar en Ishakan, sólo pudo llegar a una conclusión. 

Su capacidad para mantener un punto de vista objetivo, había sido anulada. No podía pensar adecuadamente.

Ishakan esperó en silencio una respuesta mientras Leah estaba asombrada por sus pensamientos conflictivos. 

Sin embargo, después de un silencio prolongado, Ishakan dijo. "Nunca es fácil."

Luego, se inclinó hacia adelante, besándola de forma lenta y suave. 

Después del beso simple y cariñoso, sin la sensación empalagosa de la lujuria. Se alejó sólo lo suficiente para mirarla a los ojos, y le habló una vez más.

"¿Qué quieres hacer después del tratado de paz?"

Ella no respondió.

"¿Todavía quieres morir?"

Ella bajó la mirada.

"¿Tu estás muriendo por tu conveniencia?"

No podía responder ninguna de sus preguntas fácilmente. Se sentía a la deriva por su interrogatorio y por los sentimientos que le provocaba. Su mirada se dirigió hacia el círculo de luz en el suelo, que se reflejaba a través la ventana. Brillaba como una cuerda luminosa a la que podía agarrarse para salir de esta habitación sofocante. Una vez que escapara, podría sentir la brisa fresca quitándole las preocupaciones.

Un impulso familiar surgió en su interior una vez más, pero esta vez, no la dejaría fácilmente. En el momento en que reconoció esta sensación, no pudo ignorarla. Se esparció por todo su cuerpo.

El hombre en el que estaba sentada lo había arruinado todo. Incluso su más firme decisión, que había jurado que nunca cambiaría, había sido afectada por su influencia. El duro caparazón en su interior se rompió en pequeños pedazos. Ishakan destruyó sus sólidos planes y los transformó en algo inestable, algo peligroso.

Estaba vacilante, y repleta de remordimientos. Pero finalmente Leah pudo responder.

"No quiero morir", susurró. Ella estaba temblando, sentía como si su garganta hubiera quedado obstruida. Leah sintió como si esa simple frase, la hubiera roto en pedazos y cortara sus entrañas. 

Los ojos dorados de Ishakan estaban fijos en ella, sin presionarla. Sólo le estaba prestando atención. Destruida en su interior, Leah temblaba en sus brazos.

"Quiero vivir."

***

Desde su creación, los Kurkan fueron una raza defectuosa. Estaban llenos de imperfecciones, puesto que nacieron en contra de las leyes de la naturaleza. Sólo podían vivir hasta la edad adulta y tener descendencia después de ciertos rituales. Si no podían celebrar los ritos de iniciación, entonces no podían ni siquiera envejecer, ocupando permanentemente la línea entre la adolescencia y la edad adulta para siempre.

Los Kurkan rescatados de la esclavitud fueron enviados de vuelta al desierto para sus iniciaciones. Debían renacer como guerreros para poder hacer sus tareas y vivir en sus pueblos. Con la intención de despedirlos antes de que se fueran, Ishakan se dirigió a las llanuras en las afueras de la capital. La despedida tuvo lugar en el borde de las llanuras. En ese lugar, el viento soplaba a través de la alta y gruesa hierba. 

A diferencia de los Kurkan normales e iniciados, estos Kurkan  eran mucho más pequeños. Estaban vestidos con túnicas y mochilas colgadas sobre sus hombros. Mirando a Ishakan, esperaban respetuosamente a que se dirigiera a ellos.

"Que la tormenta de arena se calme a cada paso que den", les dijo, y ellos inclinaron sus cabezas, agradeciéndole.

Una mujer que estaba parada en la parte delantera del grupo habló cuidadosamente. "Pensamos que nuestro rey nos había abandonado", dijo. Ishakan se rió entre dientes por su declaración. Sus compatriotas apartaron la vista, mirando hacia otro lado. 

"Yo también fui abandonado en el pasado". Sus ojos se volvieron fríos mientras hablaba, recordando a su predecesor. "Me levanté de las mismas profundidades que todos ustedes habitaron alguna vez."