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sábado, 16 de enero de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 96

Capítulo 96. Rico Sabor Azucarado (1)


Leah creía que Ishakan se estaba aprovechando de la situación, pero le hizo caso a sus impulsos y se sentó sobre sus muslos. Una vez sentada, la abrazó con cortesía y firmeza, teniendo cuidado de no tocarla de forma inapropiada. 

Ella no pudo evitar reírse. Estaba actuando como una silla de verdad.

Una suave sensación de confort y estabilidad comenzó a fluir en ella mientras se acomodaba, extendiéndose desde su pecho hasta las puntas de sus dedos. La peculiar situación la hizo estremecerse, y tuvo que contenerse para no apoyar su cara en su hombro.

Ishakan sacó algo de su bolsillo. Se trataba de una galleta del tamaño de la palma de una mano, que estaba envuelta en una bolsa de papel marrón. La galleta horneada tenía una llamativa mezcla de chispas de chocolate, frutas y nueces. Con tanta variedad, parecía que la mitad de la exuberante galleta bastaba para llenar su estómago. Ishakan abrió el envoltorio y puso la galleta en la mano de Leah.

"No has olvidado tu promesa, ¿Verdad?"

Cierto. La promesa de aceptar cualquier cosa que Ishakan le diera seguía siendo válida. Leah miró la galleta durante mucho tiempo antes de darle cuidadosamente un mordisco. Estaba agradablemente húmeda, y la masticó delicadamente, la dulzura despertó todos sus sentidos adormecidos. Ella tragó antes de afirmar en voz alta que estaba deliciosa. 

Se le hizo la boca agua al pensar en consumir más, pero devolvió el resto de la galleta a Ishakan, ignorando sus suplicantes papilas gustativas.

En lugar de tomar la galleta, Ishakan agarró la mano de Leah y la condujo hacia su propia boca, dándole un mordisco. Su mordisco imitaba al de ella, igual de pequeño.

"Sabe bien", dijo. "¿Por qué no comes más?"

"Porque estoy llena", ella respondió. Entonces, rápidamente cambió el tema. No quería que le pidiera que comiera más. "Por favor, háblame de la reina."

Cuando parecía que cambiar el tema no sería suficiente y que Ishakan se quejaría, ella hizo otra pregunta.

"¿Cómo supiste que era gitana?"

Leah esperó a que Ishakan respondiera a su pregunta, pero por mucho que esperaba, ni una sola palabra salió de su boca. Estaba a punto de presionarlo un poco más, preguntándole por qué se negaba a responder, cuando de repente, una suave risa salió de su boca. Movió la mano de Leah, que aún agarraba la galleta entre sus dedos, a los labios de ella.

Ishakan sabía que ella estaba tratando de evitar que le hiciera comer más. Pero, no se dejó engañar fácilmente.

"Te lo diré tan pronto como termines de comer", dijo. Una cariñosa dulzura brillaba en sus ojos mientras sonreía. Mirándolos, ella aceptó y lentamente mordió la galleta una vez más.

Sus papilas gustativas acogieron inmediatamente el rico sabor azucarado. Podía sentir una suave textura en su boca, mientras las nueces proporcionaban un robusto crujido y los trozos de chocolate se derretían sobre su lengua, mezclándose armoniosamente con los trozos de fruta. Se sentía eufórica con todas estas sensaciones.

Leah se arrepintió. No debería haber dado ese primer mordisco. Habría sido mucho más fácil negar sus impulsos y volver al trabajo si todavía no hubiera probado esta galleta. Pero ahora, la galleta estaba firmemente implantada en su mente. Era como si la galleta la estuviera hostigando con su presencia. Aunque sabía que no debía comerla, no podía detenerse.

Este deseo tan impulsivo no le resultaba familiar. El anhelo por la galleta hizo que devorara más y más, hasta que finalmente, desapareció. Estaba avergonzada, puesto que esto revelaba su mentira anterior. En realidad, no había estado llena.

Extendiendo la mano, Ishakan rozó suavemente las comisuras de sus labios. Por reflejo, ella apretó el envoltorio que tenía en la mano, dándose cuenta tarde, de que él le estaba quitando las migajas de galleta de la boca. Se había ensuciado por comer con prisa...

Leah estaba avergonzada. Debe haber parecido muy maleducada, renunciando a toda su etiqueta para disfrutar imprudentemente de un bocadillo. Desafortunadamente, esto parecía un patrón recurrente. No sabía por qué, pero cada vez que estaba con Ishakan, su normalmente minúsculo apetito parecía aumentar de forma inusual. Se sentía culpable, por su falta de autocontrol.

Con su corazón lleno de arrepentimiento, ella comenzó a manipular cuidadosamente el envoltorio de la galleta, pero Ishakan se lo quitó y lo arrugó. Mientras miraba esto, Leah no pudo evitar anhelar más galletas...