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jueves, 14 de enero de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 95

Capítulo 95. Sé Mi Prometida (2)


Mientras la puerta  cerraba después de salir, Leah apretó fuertemente sus manos sobre la mesa. En lugar de despedirse de Ishakan, el Conde Valtein y el Ministro de Finanzas Laurent exhalaron profundamente al mismo tiempo cuando lo vieron marcharse. Se sentían como si hubieran vuelto a la vida. Ya no se sentían presionados por la sofocante presencia de Ishakan.

Leah estaba ocupada pensando debido a la enigmática sonrisa que Ishakan le había dado antes de irse. Parecía que le estaba insinuando algo.

Entonces, ella dejó a un lado los documentos que había preparado, y se levantó de su asiento. El Conde Valtein y el Ministro de Finanzas Laurent estaban desalmados, tenían la parte superior de sus cuerpos tendidas sobre la mesa, pero se dieron cuenta cuando ella se puso de pie. La miraron sorprendidos.

"¿Princesa?"

"Tengo que ir a un lugar", dijo vagamente.

Leah se marchó sin aclarar su confusión, caminando apresuradamente y dejando sus dos ayudantes en paz.

Al abrir la puerta, Leah se encontró con una sorpresa. Ishakan estaba parado frente a ella, esperándola. Casi chocaba contra su pecho, pero afortunadamente, logró detenerse a tiempo. Viendo la agitación de Leah, Ishakan se divirtió.

"¿Adónde iremos?" preguntó descaradamente. Habló con seguridad en sí mismo, como si hubieran acordado una cita de antemano. Leah se dio cuenta de que aún le quedaba un largo camino por recorrer antes de poder triunfar sobre este hombre.

Sólo había una habitación en su actual ubicación que podía servir como un lugar adecuado y aislado para que hablaran. Leah tomó a Ishakan y lo guió por el largo pasillo hacia la Habitación de la Gloria.

La Habitación de la Gloria estaba llena de pinturas y esculturas orientadas en una dirección, hacia una ventana circular de cristal claro situada en medio de un techo en forma de cúpula. Un haz de luz fluía a través de ella, iluminando el suelo. Se trataba de una habitación construida para simbolizar la ambición de Estia, la esperanza del país de una gloria sin fin y de que la luz brillara sobre ellos.

Aunque los artistas de Estia habían trabajado incansablemente para llenar la habitación con sus creaciones y prácticamente habían puesto sus corazones en cada pieza, Leah sentía frustración cada vez que entraba en la habitación. No podía decir si se debía a que estaba harta de los tópicos vacíos y la ostentación colorida de Estia.

Las obras de arte pueden representar algo noble, pero no se puede decir lo mismo de la nación. Personalmente, Leah quería reducir el número de obras de arte en el palacio real a la mitad y vender el resto para llenar la tesorería vacía del país. Eso incluía las piezas que actualmente se exhibían en la Habitación de la Gloria, pero las familias reales que valoraban esta superficial muestra de virtud nunca lo permitirían. Así que sólo podía guardarse este deseo para sí misma.

Ishakan pareció sorprendido al entrar en la Habitación de la Gloria. Cada obra maestra bellamente adornada estaba apuntando hacia el mismo foco central. Sin embargo, contrariamente a lo que Leah esperaba, miró hacia el techo en lugar de mirar las estatuas o las pinturas. Miraba fijamente la pequeña ventana y Leah se le acercó.

Ishakan la colocó debajo del haz de luz que provenía de la ventana. Esto hizo que su cabello plateado brillara con un suave resplandor. Sus ojos púrpuras también brillaban con la luz del sol y él se rió al verlo.

"Qué hermosa", dijo, y la cara de Leah se puso roja por el elogio.

Ella se apartó de Ishakan. Después de tan inesperado cumplido, dirigido a ella en lugar de hacerlo a las otras innumerables y bellas obras de arte que los rodeaban, no pudo mirarle a los ojos. Sin embargo, él no la dejaría en paz con tanta facilidad. Puso sus dos manos sobre sus hombros y le dio un dulce beso en la frente. Luego, se movió para besarle suavemente la mejilla.

Leah trató de no mirarle los labios mientras Ishakan retrocedía después del beso en la mejilla. No la besó en la boca forzadamente.

Ishakan soltó un suave suspiro, "¿Desayunaste?" preguntó.

"...He comido."

"¿Qué comiste?"

"Frutas y verduras."

"¿Cuánto?"

"Medio plato de ensalada y melocotones", respondió Leah, pero sentía que la interrogaba demasiado. Ishakan parecía bastante serio mientras hacía las preguntas, lo que la desconcertaba.

"¿Comiste una caja de melocotones?" preguntó con seriedad. Era una pregunta muy ridícula... Leah no pudo responderle, así que él suspiró y se resignó. "Está bien, siéntate por ahora."

Tomó la muñeca de Leah y comenzó a inspeccionar la habitación para buscar un lugar para que se sentara. Está habitación no tenía ninguna utilidad excepto apreciar las obras de arte. Se decepcionó inmediatamente. 

"¿No hay donde sentarse?"

Ishakan terminó sentándose frente a una estatua, usándola para apoyar su espalda. Tocó su muslo mientras miraba a Leah, indicándole que se sentara en él, pero ella se mostraba escéptica viéndolo sentado en el suelo.

Sonrió maliciosamente y se encogió de hombros. "No tenemos sillas, después de todo", dijo.