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martes, 26 de enero de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 105

Capítulo 105. Cazando Con Madre (1)


Ishakan sólo siguió observando el rostro sonrojado de Leah. Siempre se comportaba igual, podía hablar tranquilamente pero se abstenía de hacerlo a menos que se le interrogara. Nunca hablaba primero, sino que optaba por esperar las insistentes preguntas de Leah. Una vez más, ella no tuvo más remedio que seguir insistiendo, para que aclarara lo que había dicho.

"¿Qué... Qué has querido decir?", preguntó. En cuanto dijo esas palabras, cerró los ojos con fuerza, avergonzada. Había sonado muy estúpida... Debería haberse expresado con más elegancia, con más gracia. Su rostro se calentó lo suficiente como para sentir que toda su sangre se estaba acumulando en las punta de sus orejas.

Después de esperar unos momentos, todavía no recibía respuesta de Ishakan. Lentamente y con cuidado, abrió los ojos. La visión ante ella la hizo sorprenderse. 

Ishakan miraba fijamente a Leah, sin pestañear. Sus iris doradas parecían brillantes y sus pupilas emanaban una aguda sensación de hambre, como si estuviera mirando la presa más apetecible de toda la tierra. 

"Eres muy linda", murmuró. 

Leah se estremeció. Si actuaba más lindo, sospechaba que la devoraría entera, masticándole hasta los huesos. Ella inhaló profundamente e Ishakan la abrazó con firmeza. Comenzó a acariciarla. Le dio pequeños mordiscos por varias partes, chupando ocasionalmente su carne sensible, pero Leah permanecía aturdida, sosteniendo aún las galletas en la mano.

Entonces se escuchó un débil silbido. Ishakan se detuvo y frunció el ceño en señal de disgusto. "Ahora sí que me tengo que marchar", suspiró. "No te sorprendas demasiado si aparece Morga."

Leah salió de su aturdimiento y recobró los sentidos. Era la primera vez que escuchaba ese nombre, y supuso que Ishakan debía de referirse al Kurkan de cabello largo que había visto antes.

"Es un Kurkan que hace magia. Es bastante bueno. Su personalidad es un poco extraña, pero..." Ishakan se detuvo por un momento. "En fin, me voy a marchar". Levantó a Leah y le dio un beso breve antes de sonreír con picardía. "Me aseguraré de pagar por tu pañuelo. Espera ese momento."

Leah sólo tuvo tiempo de parpadear antes de que Ishakan desapareciera, tan rápido como había aparecido. Quedó abandonada, y consternada, se acostó de nuevo en el sofá. Las galletas apiladas sobre su palma rodaron por el suelo.

Tiempo después, un suspiro se le escapó de la boca. "Ah". Todo parecía irreal, como si una enorme ola se hubiera abalanzado sobre ella y la hubiera arrastrado. Puso el dorso de su mano contra sus mejillas y se dio cuenta de que la seguía subiendo su temperatura. Leah inhaló y exhaló profundamente.

Su mente estaba llena de pensamientos extraños. Leah estaba intentando contener su corazón, pero las emociones en su interior parecían gritar cada vez más fuerte, agitándose como un pez recién capturado que lucha por sobrevivir. Sus emociones se volvieron demasiado abrumadoras. Ella no podía controlarlas. Seguía contemplando las palabras de Ishakan.

De repente, una voz le habló desde el exterior. 

"Princesa."

La Condesa Melissa la llamó, y Leah sintió como si le echaran agua helada encima. Sus emociones disminuyeron rápidamente. Tenía que cazar con los halcones con Cerdina, pero se le había olvidado.

La tormenta que Ishakan había sembrado en su interior comenzó a calmarse. La sombra de Cerdina se cernió sobre su mente y, como si estuviera atrapada en una pesadilla desalentadora, Leah respondió a la Condesa Melissa.

"Voy a salir", dijo solemnemente. 

Leah salió de la tienda de campaña. 

***

Cerdina había terminado los preparativos y ya estaba alimentando a su halcón.  Este clavó sus garras en sus gruesos guantes y comió suavemente el único trozo de carne que le ofreció. Cerdina sólo le dio un bocado porque el halcón no podría cazar eficazmente si estaba lleno.

"Bienvenida, Leah."

Leah se puso un par de guantes de cuero que cubrían su antebrazo y abrió la jaula que contenía su halcón personal. Soltando la cuerda que ataba su pata, lo dejó volar, y los cazadores se apresuraron a seguir al halcón. El halcón tenía una cascabel que facilitaba seguirlo por el sonido.

A pesar de haber comenzado al mismo tiempo, el halcón de Cerdina ya se había adelantado considerablemente al halcón de Leah. Leah se mordió el labio mientras veía a su halcón en el aire. 

Cerdina miró a Leah y se sonrió. "¿Vamos también?"

Guiando a las otras damas, Cerdina se adelantó y Leah la siguió de cerca. Si caminaban lo suficientemente despacio, los cazadores regresarían habiendo encontrado a los halcones y a su presa por su cuenta. El bosque estaba impregnado del sonido de las aves que cantaban a pesar del frío.

Leah observó atentamente a Cerdina mientras se acomodaba el dobladillo de su vestido. Dado que Cerdina era Gitana, ¿Podía usar magia también? Leah había escuchado que muy pocos Gitanos podían usar magia, pero Ishakan no habría llamado a un Kurkan capaz de hacer magia si no tenía una buena razón. Con esto, la situación podría volverse aún más complicada, pero Leah había logrado sortear la mayoría de los problemas hasta el momento...

Cambió su atención a las damas que estaban con Cerdina. Ellas provenían de familias aristocráticas de alto nivel, y seguían a la reina como sombras inexpresivas. 

Puede que la familia real estuviera en un estado decadente y relativamente impotente, pero ellas no podían ignorar a Cerdina. Leah podía adivinar que Cerdina no había sido realmente bendecida con un buen círculo interno de amistades, por lo que las damas permanecerían a su lado hasta cierto punto. Cerdina debe haber descubierto las debilidades de esas damas de alguna manera.

En cuanto a la propia Cerdina, Leah había buscado incansablemente una debilidad, pero lamentablemente siempre había salido con las manos vacías. La reina debía tener grandes habilidades para poder cubrir sus rastros tan bien. Sin embargo, si habían magia de por medio...

Cosas por las que Leah había sentido curiosidad comenzaron a aparecer en su mente una por una. El testarudo rey había decaído mucho después de coronar a Cerdina como reina. ¿Realmente era la vejez lo que nublaba su juicio?

Leah estaba perdida en sus pensamientos cuando, de repente, Cerdina dejó de caminar, sobresaltándola. Cerdina dirigió su mirada a Leah y sonrió de la forma más dulce...