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lunes, 25 de enero de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 104

Capítulo 104. Cuando Te Enamoras (2)


"¡No!" exclamó Leah. "¡No lo hagas! ¡Suéltame...!"

Ishakan parecía disfrutar cuando Leah armaba un escándalo. Le besó la cara y el cuello, perturbando sus sentidos. Resistiendo con más intensidad, Leah consiguió apartar a Ishakan y sacar ella misma el pañuelo. Sin embargo, en cuanto lo hizo, se dio cuenta de que la falda de su vestido se le había subido hasta los muslos.

Ishakan le besó la rodilla ruidosamente, mientras descaradamente miraba hacia sus muslos. Estos ahora estaban expuestos debido a que la falda de su vestido estaba elevada. Le agarró los muslos. Su toque se sentía extraño por los guantes. Su cuerpo se estremeció ante la fría textura del cuero.

"Qué desperdicio", se quejó Ishakan. "No tengo mucho tiempo". 

Si tuviera tiempo, ella no sabía qué demonios haría. 

Leah cerró rápidamente las piernas para cerrar la brecha entre ellos. Ishakan, que estaba encima de ella, se levantó todavía sonriendo. El sofá, que había soportado su peso todo este tiempo, chirrió como si apenas hubiera podido aguantar el peso de ambos. Ishakan pesaba un poco más hoy debido a la incorporación de su espada.

Ella lo examinó atentamente una vez más. El arco y el carcaj con los que había llegado estaban probablemente atados a su caballo, mientras que la espada permanecía consigo. Aunque Leah no había visto a Ishakan manejar su espada antes, parecía increíblemente hábil para blandirla.

Entonces, Ishakan ató a la empuñadura de su espada el pañuelo que Leah le había dado. Todos se preguntarían de dónde lo había sacado en cuanto lo vieran. Leah, consciente de ello quería detenerlo, pero terminó cediendo cuando Ishakan comenzó a hacerle una pregunta.

"¿Qué tipo de bestia te gustaría que capturara?"

Ishakan pensaba traerle una presa después de la cacería. Bueno, si él había pretendido hacer eso desde el principio, entonces la gente hablaría sin importar si ella decidía darle su pañuelo o no. De todos modos, siempre habría alguien contando chismes sobre ellos...

Leah continuó profundizando sobre sus pensamientos, y se sorprendió cuando se dio cuenta de que comenzaban a volverse bastante agresivos. Parecía como si se estuviera convirtiendo poco a poco en alguien como Ishakan.

Ella decidió cambiar de tema, y dijo. "No sé en qué estaba pensando Blain cuando te invitó."

"Supongo que está tratando de competir aprovechando la jerarquía", respondió Ishakan. La miraba mientras ella se sentaba en el sofá.  "Competiré con confianza, aunque la reina y el príncipe puedan tener sus trucos."

'¿Sólo eso?' Leah no podía creerlo, pero Ishakan estaba tranquilo. 

"Es normal volverse un poco loco cuando te enamoras", dijo Ishakan. Ella no entendía por qué mencionaba el amor de la nada. 

Ishakan inclinó ligeramente la cabeza. "Mírame, Leah". Sus ojos se entrecerraron, con una ligera sonrisa en los labios. "Yo también estoy siendo bastante estúpido."

Leah observó a Ishakan, atónita. Las palabras de Ishakan estaban retumbando en su cabeza, aunque él permanecía imperturbable, como si no hubiera dicho nada extraño. Los ojos de Leah se agrandaban cada vez más mientras hacía lo posible por ordenar sus pensamientos. Asombrada, ella se llevó una mano a su boca.

¿Qué acababa de escuchar?

Mientras Leah permanecía sentada sin saber qué hacer, Ishakan tomó su mano y colocó galletas de tamaño moderado horneadas con trozos de dátiles de palmera. Apiló unas cinco galletas sobre la palma de la mano de ella, deteniéndose hasta que no hubo más espacio.

"Estaré un rato con el príncipe heredero, así que espera. Cómete todas estas mientras lo haces", dijo, pasando una galleta por los labios de Leah. Leah, desprevenida, masticó y tragó por reflejo. El dulce sabor de los dátiles de palmera finamente troceados se extendió por toda su boca, pero dada la rapidez con la que tragó, no pudo degustar bien los sabores.

Sin embargo, esa no era su mayor preocupación. Leah se levantó del sofá. "Justo ahora...", comenzó, pero se detuvo brevemente. Intentó hablar adecuadamente, pero no pudo dejar de tartamudear. "Justo ahora, lo que me has dicho..."