Reciente

viernes, 22 de enero de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 102

Capítulo 102. Cazando Con Las Bestias (2)


Leah notó que Ishakan caminaba tranquilamente hacia ella. Su aura habitual había sido reemplazada por una de mayor imponencia. Llevaba ropa de caza, y quizás sólo eso bastaba, para dar una impresión diferente. Resultaba extraño verle llevar un carcaj y una espada en la cintura, pero le quedaba bien.

Detrás de Ishakan estaban los Kurkan que había elegido para que lo acompañaran en la cacería. Habían cinco en total, incluyendo a Haban y a Genin. Sin embargo, había uno en particular al que nunca había visto antes.

Era un hombre que tenía su cabello largo atado hacia atrás, cuyas hebras llegaban a rozar su cintura. Tenía un tatuaje en la piel, que se extendía desde el borde del ojo hasta la altura de las mejillas. Tenía los ojos largos y delgados. Sus labios estaban ligeramente curvados en una sonrisa.

Antes de que Ishakan pudiera alcanzar a Leah, otra figura apareció para saludarlo. 

Blain había estado revisando su caballo, pero dejó de hacerlo para acercarse a Ishakan. Los dos hombres se miraron fijamente por un momento sin decir ninguna palabra. Blain fue el primero en abrir la boca.

"Gracias por haber decidido cazar con nosotros hoy, señor", dijo.

Entonces, Cerdina, con un vestido sencillo y cómodo muy parecido al de Leah, salió de una tienda de campaña. Observó el entorno con ojos soñolientos. Sin embargo, en cuanto vio a los Kurkan, se recompuso con elegancia y se acercó a su rey.

"Cuánto tiempo sin verte", saludó. "¿Cómo has estado?"

Los Kurkan se quedaron mirando a Cerdina como si se tratara de una criatura particularmente interesante. Sus ojos dirigidos a ella, daban miedo e intimidaban, pero Cerdina no vaciló ni un poco. Simplemente sonrió amablemente. Ishakan le devolvió la sonrisa..

"Gracias a la gran hospitalidad de Estia, mi estancia ha sido muy confortable."

Aunque el almuerzo al que asistió se había arruinado aquella vez, nadie lo había mencionado. Todos sonrieron y siguieron hablando como si nada hubiera pasado. En los círculos sociales, el enemigo de ayer podía convertirse fácilmente en un amigo al día siguiente. Sin embargo, independientemente de la frecuencia con que se producían esas situaciones, siempre resultaban extrañas de presenciar.

Leah fue la última en acercarse. Pensaba saludar con sencillez y apartarse inmediatamente, pero no estaba segura de que Ishakan se lo permitiera. Cuando se acercó a Ishakan, los Kurkan que observaban a Cerdina desviaron su miraba hacia Leah. La miró tranquilamente a los ojos, e inconscientemente sonrió.

"Princesa", dijo Ishakan. Despreocupado por los que le rodeaban, habló con un tono de voz suave. "¿Te gustaría conseguir algún animal? Lo atraparé para ti."

Leah iba a responder, pero otra persona habló primero.

"Mi hermana lo cazará por sí misma". Blain agarró fuertemente a Leah por la muñeca, y la haló, poniéndola detrás de él. "No tiene que hacer nada por ella, señor."

La atención de Ishakan no estaba centrada en Blain. En su lugar, sus ojos se enfocaban en la muñeca de Leah, mirando con severidad el molesto agarre que la sujetaba. Lentamente, con una intención peligrosa, movió su mirada hacia la cara de Blain.

"Príncipe heredero, ¿De qué tienes tanto miedo?" Sus labios se curvaron en una sonrisa superficial. Sin embargo, a diferencia de la naturaleza amable de su expresión, sus ojos estaban fríos y brillaban siniestramente. 

Su voz, tranquila pero penetrante, desafió al príncipe. 

"¿Crees que voy a capturar y casarme con la princesa en este momento?"

Cualquiera que hubiera escuchado podría decir que Ishakan tenía la clara intención de provocar al príncipe. Blain respiró profundamente, tratando de contener su creciente irritación.

"¿Tengo que temerle a algo?", replicó. El príncipe pudo mantener una sonrisa en su rostro a pesar de la ira en su voz. "Has venido a Estia personalmente, con la intención de firmar un tratado de paz... Teniendo eso en cuenta, supongo que tu objetivo no es iniciar una guerra". Habló con frialdad, con una voz tan escalofriante como el viento invernal. "No deberías codiciar lo que otro posee."

Ishakan pareció reflexionar sobre las palabras de Blain antes de reírse brevemente. Leah, atrapada entre la conversación de los dos hombres, miró a Cerdina.

La reina parecía feliz. Normalmente, se mostraría susceptible ante cualquier muestra de desconsideración o falta de respeto hacia su preciado hijo, por lo que su actual actitud le pareció a Leah inusualmente extraña. Inquieta, optó por no perder de vista a Cerdina y observar sus acciones.

Ishakan también miró a Cerdina, con una sonrisa en sus labios. "Realmente, ahora... Creo que esta va a ser una caza divertida", dijo. Leah captó la forma en que sus ojos dorados brillaban de forma astuta y enigmático. 

"Estoy deseando que comience", respondió Blain, y en cuanto terminó de hablar, Ishakan se alejó inmediatamente. 

La conversación había terminado, y Blain miró la espalda de Ishakan antes de darse la vuelta también, arrastrando a Leah de vuelta a su campamento. La dejó en un sitio cercano mientras él continuaba con sus preparativos para la caza.

Leah observó cómo Blain probaba la cuerda de su arco y examinaba la montura de su caballo. No la miró hasta que terminó.

"Leah, el pañuelo", ordenó.

Las manos de ella se movieron bruscamente, ofreciéndole en silencio un pañuelo que había traído. Lo había conseguido por casualidad, puesto que lo había encontrado tirado en el palacio, y aunque Blain debía de saberlo, recibió el pañuelo sin protestar. No le importaba su origen, lo importante era que lo recibía de ella.

"¿Quieres un cuerno de ciervo?", preguntó, atando el pañuelo que le dio Leah alrededor de su muñeca. "¿O una cola de zorro?"

Leah sabía que su hermano seguiría molestándola si no elegía algo, así que le respondió automáticamente, sin entusiasmo. "Quiero la piel de un zorro", dijo. Sin embargo, la primera criatura que se le ocurrió no fue un zorro, sino un lobo. El animal que le recuerda a Ishakan. 

Se sacudió ese pensamiento. Aparentemente, Ishakan había estado ocupando su mente.