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jueves, 21 de enero de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 101

Capítulo 101. Cazando Con Las Bestias (1)


"No es necesario."

"De acuerdo, Blain", dijo ella, dándole una suave palmada en la cabeza. "Buena decisión. Si lo hiciera, las cosas se volverían muy aburridas, ¿No?" Blain no respondió, por lo que ella continuó. "Espera un poco más y todo caerá en tus manos. Será mucho más encantador que esa marioneta de hombre. No seas demasiado impaciente."

Blain permaneció en silencio, mientras Cerdina lo mirada de forma cariñosa. Pasó su mano por su flequillo desordenado y le susurró: "Todo será tuyo. Leah, este país... Este continente..."

Su ambición no podía satisfacerse sólo con este pequeño reino. Cerdina no tenía ninguna duda, convencida de que alcanzaría todo lo que su corazón deseaba.

"Con respecto a la cacería, ya lo he escucha todo". Después de decir eso, ella sonrió levemente, consciente de la verdadera naturaleza de la visita de Blain. "Me sorprendió un poco al principio, pero que importa si de todos modos las bestias me estaban vigilando. Por esa razón, es mejor encontrarme con ellos en un lugar que haya preparado."

Ella apoyó la decisión de Blain, diciendo que había sido algo oportuno.

Finalmente, habló. "¿Aunque te esté poniendo en peligro?", preguntó. Apretó los puños, sus venas brotaron en la palidez de su piel. Habló con voz tensa. "¿También me apoyaras?"

Los ojos de Cerdina se agrandaron ante la declaración de su hijo. Pero, rápidamente su expresión se relajó y le respondió. "Por supuesto, Blain. Estoy segura de que tienes tus razones. Incluso te proporcionaría mi cadáver si lo necesitaras. Todo lo que quieras. Me aseguraré de que lleves esa corona, querido hijo."

Su voz sonaba empalagosa, insensata y cariñosa. Escucharla dejó un sabor amargo en la lengua de Blain.

'Ya has llegado demasiado lejos', pensó.

***

Parecía que llovería en cualquier momento. El tiempo nublado era totalmente inadecuado para una cacería, pero eso no disuadió a los que decidieron reunirse para participar en ella. Después de todo, el verdadero objetivo no era cazar.

Leah, que estaba observando el cielo, bajó la mirada para observar su entorno. Tiendas de campaña se extendían por todo el bosque y habían hogueras encendidas, formando unas barracas para mayor conveniencia. Los cazadores y asistentes presentes se movían en perfecto orden, preparándose para la próxima cacería. Los cocineros también estaban preparados para recibir cualquier animal que los cazadores les proporcionaran. 

Sin embargo, aunque se habían reunido más de cien personas, sólo unos pocos decidieron participar en la cacería. El rey de Estia no acudió, alegando una enfermedad. La reina, el príncipe, la princesa y el rey de los Kurkan eran las únicas personas presentes que pertenecían a la realeza.

La Condesa Melissa estaba parada al lado de Leah con una expresión de nerviosismo en su rostro. Leah miró a su alrededor, pero no pudo encontrar a la Baronesa Cinael entre las personas que la seguían. Se preguntó por qué la Baronesa no estaba, puesto que solían gustarle asistir a este tipo de actividades. Sin embargo, Leah decidió indagar más sobre este asunto cuando se terminara la cacería y se puso en marcha lentamente. Se dirigió al lugar donde se encontraban enjaulados los halcones.

Una vez en el lugar, vio un halcón agitando las alas dentro de una gran jaula. Ese halcón era de Leah. Ella sonrió cuando el ave pareció reconocerla. 

Se puso los guantes y le dio de comer pollo crudo. Le encantaba que se viera tan valiente y elegante incluso cuando sólo estaba comiendo. Parecía que el halcón podría capturar fácilmente un conejo o una paloma, pero en realidad, no era muy bueno cazando. Leah nunca lo entrenó en ese sentido. Lo recompensaba con deliciosos alimentos, aunque sólo sabía hacer vueltas en el aire, y estaba acostumbrado a una vida sencilla. 

Sin embargo, a diferencia del ingenuo halcón de Leah, el halcón de Cerdina era más astuto. Cazaba muy bien. Y si no podía atrapar a su presa directamente, la atraía hacia los cazadores para que la atraparan en su lugar. Todos los demás aristócratas codiciaban el halcón de Cerdina. Sin embargo, Leah no. A ella no le interesaba mucho la caza, así que no le importaban esas características. Prefería quedarse con su propio halcón, con la intención de explorar el bosque con él.

Sin embargo, de la nada, el halcón de Leah dejó de picotear, olvidando brevemente el pollo crudo que le había dado. Parecía dudar, mirando hacia otro lado. Las demás criaturas presentes se comportaron de forma similar. Por ejemplo, los caballos y los perros de caza movieron sus cabezas para mirar en una dirección al unísono. 

Los perros de caza habían estado ladrando vigorosamente, pero ahora estaban calmados y sus colas moviéndose hacia abajo. Los caballos dejaron de masticar sus zanahorias y retrocedieron silenciosamente, abandonando su comida como lo había hecho el halcón de Leah. El miedo innato a un depredador superior los invadió, tanto que comenzaron a actuar con precaución.

Las miradas de las personas reunidas en el bosque, naturalmente siguieron las miradas de los animales. El bosque, antes ruidoso, se quedó en silencio.

Los animales parecían haber percibido la presencia del rey de los Kurkan, Ishakan.