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miércoles, 20 de enero de 2021

Matrimonio Depredador - Capítulo 100

Capítulo 100. Una Muñeca Sin Vida


Leah se sentía atrapada en un sueño. Cada vez que recordaba su conversación con Ishakan en la Habitación de la Gloria, su corazón se aceleraba. La sombra de la melancolía que siempre vagaba dentro de ella se había evaporado, cubierta en una luz de esperanza.

Todavía no había nada definitivo, pero una tenue esperanza se había plantado dentro de ella, asegurándole que todo saldría bien de alguna manera. Leah nunca hubiera conseguido esta actitud optimista por sí misma.

Sin embargo, no pudo disfrutar mucho de esta sensación. Un visitante inesperado irrumpió repentinamente en el lugar donde estaba, buscando rudamente su atención sin siquiera concertar una cita previa.

"No te he visto la cara últimamente, Leah."

Leah había estado sentada sola en su oficina, revisando algunos documentos importantes. Lentamente levantó la cabeza.

"Príncipe heredero", reconoció tranquilamente.

Blain había abierto la puerta bruscamente para irrumpir en la oficina. Las sirvientas del palacio real que lo siguieron, estaban desesperadas. Intentaron disuadir a Blain mientras lo seguían, pero no pudieron. Leah suspiró, colocando su pluma en el portaplumas.

"Tráiganme un poco de té", ordenó. Pidió el té como una excusa para que las sirvientas se alejaran y no quedaran atrapadas en cualquier eventualidad como la última vez. Blain se sentó en el sofá frente al escritorio de Leah.

Se sentó con arrogancia, con las piernas muy abiertas. Su cabello, con los mismos tonos plateados de la luna, brillaba suavemente. Leah miró a su medio hermano con evidente desinterés.

Notando la forma en que ella lo miraba, le habló bruscamente. "¿Por qué me miras de esa manera?"

Leah se mordió el labio, conteniendo su desagrado. "Date prisa y dime lo que quieres."

"Voy a cazar con las bestias salvajes", dijo. "Quiero que tú también vengas."

No sólo le estaba avisando, también le estaba dando una orden. La mano de Leah, que estaba apoyada en su escritorio, tembló. Ella cerró su mano en un puño. Blain  ya había arruinado el almuerzo, ¿Ahora que estaba planeando?

Ella ignoró la forma en que sus labios se curvaban. "Apenas tuvimos nuestra primera reunión de negociación. Por favor, ¿No puedes quedarte quieto hasta que las negociaciones terminen completamente?"

Blain se rió brevemente. "¡Te has vuelto más arrogante!"

Se levantó del sofá, acercándose lentamente a Leah. Luego, puso sus manos sobre su escritorio. Ella lo miraba con recelo. Él sonreía ampliamente mientras la miraba.

"Parece que algo ha estado pasando últimamente", susurró. "Has estado aceptando todo lo que ellos quieren". Sus pálidos dedos rozaban suavemente el cabello de Leah, como si quisiera peinarlo. "Si tanto te gusta la bestia, ¿Qué te parece si lo ponemos a dormir en el establo?" 

De repente, Blain le agarró con fuerza el cabello, causándole dolor. "Sería emocionante verlo entre los caballos", se burló.

"Si eso sucediera, seguramente los nobles admirarían la elegancia de Estia", respondió Leah, con una expresión inquebrantable.

Esperaba que Blain levantara la mano y la abofeteara, pero el golpe nunca se produjo. En lugar de abofetearla, se rió.

"Trae un pañuelo el día de la cacería", le dijo.

Eso fue todo. Antes de que las sirvientas pudieran traer el té, Blain se había ido. Leah, agarró la pluma nuevamente. La tinta en su punta caía como lágrimas, ennegreciendo la hoja de papel que tenía delante. La oscuridad parecía inundar todo su cuerpo. 

Se sintió terrible.

***

Una voz encantadora resonaba más allá de una puerta cerrada. Los sonidos que parecían retumbar a través de los muros del castillo, transmitían el acto s3xu4l que estaba ocurriendo en el interior. Esos sonido bastaban para hacer arder los oídos de cualquiera, pero Blain, que estaba sentado en un sofá cercano, permanecía  indiferente. Su rostro reflejaba un aburrimiento inaudito. Habían sirvientas en fila detrás de Blain para atenderlo, se esforzaban en mantener sus rostros inexpresivos. Llenaban en silencio su vaso cada vez que lo vaciaba. 

Un último gemido resonó antes de que la habitación cerrada finalmente quedara en silencio. Después de unos momentos, la puerta finalmente se abrió. Cerdina salió de la puerta, apartando su cabello sudoroso.

Sus ojos se agrandaron, sorprendida. 

"¿Blain?" preguntó.

Un espeso aroma provenía desde la puerta abierta. Dulce, pesado y repugnante. Cuando Blain la miró fijamente, frunciendo el ceño, ella le sonrió suavemente y abrió la puerta aún más para revelar la escena detrás de ella.

El rey estaba en su dormitorio. Sin vergüenza, permaneció reclinado y desnudo en la cama, mirando al techo con una mirada soñadora. Sus ojos estaban desenfocados y desprovistos de espíritu. Parecían los ojos de un muñeco.

Cerdina se arregló su vestido desordenado para ocultar mejor su figura, todavía sonriendo a Blain.

"No sé si es un efecto secundario del hechizo, pero parece que tomará algún tiempo". Ella dijo mientras caminaba descalza sobre la alfombra. Se sentó al lado de Blain y habló con una voz afectuosa. "¿Has esperado mucho tiempo? ¿Por qué no entras?"

Blain resopló. "Sé exactamente lo que estás haciendo. ¿Cómo podría entrar?"

"Bueno, esto es mucho mejor que comportarme como madre que desperdicia en vano el precioso tiempo de su hijo", dijo, antes de beber de un vaso que le habían dado las sirvientas.

La mirada de Blain se dirigió inconscientemente hacia el rey, que todavía estaba reposando en silencio.  Viendo el cabello plateado del rey, Blain se puso a pensar. Se dice que no se puede engañar a la sangre, y que los dos se parecían mucho. Blain había escuchado que cuando el rey era más joven, había sido un hombre muy apuesto. Tan hermoso como él.

Cerdina, al notar que Blain contemplaba el rostro del rey, se echó a reír. Al escuchar ese repentino sonido, Blain rápidamente apartó su mirada, pero lo hizo demasiado tarde. Ella lo había descubierto.

"¿Quieres que haga lo mismo con Leah? ¿Una muñeca sin vida?", preguntó. Su suave voz sonaba tentadora. Sonrió fríamente.