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sábado, 2 de enero de 2021

La Emperatriz Se Volvió A Casar - Capítulo 247

Capítulo 247. Una Pregunta Muy Importante (2)



Poco después de volver a casarse, el Emperador Sovieshu trajo a una hermosa mujer, que había sido una maga, a vivir en el palacio. Aunque la hizo pasar por asistente de un mago, pronto se convertiría en su segunda concubina.

Tal como Sovieshu había advertido a Evely, este tipo de rumores comenzaron a extenderse en cuestión de horas.

Por supuesto, estos rumores también llegaron a oídos de Rashta.

"¿Dónde va a quedarse?"

Rashta preguntó, desconcertada.

Su expresión era tan feroz que la Vizcondesa Verdi tartamudeó, mientras Rashta rechinaba los dientes y apretaba los puños.

Recordó el comportamiento altivo y grosero de esta chica hace unas horas. Hace un tiempo había escuchado del Vizconde Roteschu que Sovieshu traería a una chica de la academia mágica. Claramente era ella.

¡Además, Sovieshu realmente pretendía convertirla en su concubina!

"Cómo... Ni siquiera he dado a luz todavía."

Rashta suspiró, sentándose en el sofá atónita.

Al notar la expresión de Rashta, la Vizcondesa Verdi recogió el té en silencio, e intentó salir a hurtadillas de la habitación.

Pero antes de que pudiera salir.

"Vizcondesa Verdi."

Rashta la llamó primero.

La Vizcondesa Verdi se vio obligada a regresar.

"Sí, Su Majestad la Emperatriz."

"Aunque Rashta está limitada en lo que puede hacer como Emperatriz, ¿puedo al menos colocar a mis sirvientas en otros lugares?"

"Por supuesto."

"Encuentra a hijas de prisioneros que puedan desempeñarse como criadas. Chicas que tengan una buena relación con sus padres. Mejor aún, si sus familias se encuentran en una situación difícil."

"¿Perdón?"

Los ojos de la Vizcondesa Verdi se agrandaron ante la inesperada orden de Rashta. ¿Hijas de prisioneros?

"Su Majestad, ¿para qué va a utilizar a esas chicas...?"

"A Rashta sólo le queda una sirvienta. Necesito tener más."

"Entiendo."

Rashta añadió, con un brillo de inteligencia en sus ojos.

"Y una debe ser enviada adonde la chica maga."


"Como ordene..."

"Una cosa más."

"Sí, Su Majestad."

"Organizaré una fiesta de té, envía invitaciones a los hombres de la nobleza en la capital."

"¿A los hombres de la nobleza?"

"Sí. Sólo a los hombres de la nobleza."

Después de que la Vizcondesa Verdi se retirara. Rashta se recompuso, cubriendo su vientre con ambas manos.

Imitar ciegamente a la Emperatriz Navier no estaba resultando como esperaba.

'Pensándolo bien, ¿no fue la Emperatriz Navier quien salió derrotada después de entregarlo todo?'

No necesitaba imitarla, excepto en su rol de Emperatriz...

Lo había olvidado mientras intentaba agradar a los nobles.

Ahora que Sovieshu había traído a otra mujer, Rashta volvió en sí.

'Si no puedo conseguir el afecto de la nobleza como emperatriz, conseguiré que todos los hombres me amen. Si no puedo conseguir un grupo de damas de compañía, conseguiré un grupo de sirvientas. También aplastaré a esa maga de una vez para evitar que se convierta en un verdadero problema.'

* * *

Un gran carruaje traqueteaba a lo largo del camino de grava cuidadosamente hecho. 

El carruaje se detuvo en el jardín frente al palacio.

McKenna, que estaba esperando allí, se acercó rápidamente y abrió la puerta del carruaje.

"Bienvenidos al Imperio Occidental."

La pareja que iba en el carruaje se sobresaltó cuando alguien que no era un caballero ni un cochero abrió la puerta.

"¿Quién es usted?"

"Les ruego me disculpen. Soy McKenna, Secretario Principal del Emperador de Occidente."

Cuando McKenna reveló su identidad, la pareja se sorprendió y salió apresuradamente del carruaje para saludarlo.

"Gracias por recibirnos en persona."

McKenna respondió al saludo una vez más y rápidamente examinó al Duque y la Duquesa Troby.

Se parecían mucho a Navier, así que los consideraba cercanos a pesar del frío trato inicial.

El Duque y la Duquesa Troby también examinaron a McKenna en medio de su desconcierto.

McKenna era el ayudante más cercano de su segundo yerno, el Emperador Heinley. Además, habían crecido juntos.

'Se puede conocer a una persona por sus amigos.'

Por supuesto, hay casos en los que no es así, pero con una relación como la de Heinley y McKenna, que han estado juntos desde niños, entonces este dicho podría aplicarse. Era una forma de saber más sobre su yerno.

"Su Majestad el Emperador los está esperando. Por favor, vengan por aquí."

McKenna, como Heinley le había instruido, guió a la pareja con la voz más afectuosa y cordial posible.

McKenna guió al Duque y la Duquesa Troby al salón de las estrellas, donde se recibían a los invitados distinguidos.

Allí, frente al trono, Heinley ya estaba de pie, con varios funcionarios y caballeros a ambos lados.

Al igual que la mayoría de los invitados distinguidos que entraban a este salón, el Duque y la Duquesa Troby quedaron asombrados ante la increíble majestuosidad del lugar. 

Sin embargo, aún más sorprendente fue que incluso en este espacio increíblemente majestuoso, Heinley brillaba dignamente sin ser enterrado o presionado.

Más bien, su cabello rubio claro y sus ojos púrpuras parecían brillar con la luz reflejándose por todas partes.

Heinley esperó a que los duques se acercaran, y cuando estaban a pocos pasos de distancia, bajó de la plataforma donde estaba situado el trono y sostuvo sus manos personalmente.

"¡Su Majestad!"

Conmocionado, el Duque Troby retrocedió medio paso, pero rápidamente se acercó de nuevo para evitar avergonzar al emperador. 

"Bienvenidos, Madre. Padre."

Heinley sonrió cálidamente, llamando al duque y a la duquesa de forma afectuosa.

Ya habían experimentado este trato de Heinley en la Mansión Troby, pero no esperaban que lo hiciera delante de otras personas, incluso de sus propios subordinados, así que el Duque y la Duquesa Troby sonrieron avergonzados.

"Reina, ah. Ese es el apodo que usamos entre nosotros. Mi esposa los extrañó mucho a ambos. Por supuesto, yo también."

Los ojos del Duque y la Duquesa se estremecieron al escuchar el apodo que usaban entre ellos.

Una expansión del poder habría levantado la alarma del Emperador de entonces, así que el Duque Troby deliberadamente decidió dejar de ejercer funciones en el imperio desde que su hija, Navier, fue elegida como princesa heredera.

Se sentía tanto agradecido como incómodo con los comentarios de Heinley. Sin embargo, no había olvidado la etiqueta adecuada para dirigirse a un emperador.

"Gracias por su hospitalidad, Su Majestad. Además, me gustaría felicitarle por su título de Emperador del Imperio Occidental."

"¡Enhorabuena!"

Finalmente, la pareja lo saludó formalmente, y Heinley pensó mientras los miraba.

'Reina se parece mucho a sus padres.'

***

El día pasó demasiado rápido mientras chequeaba el número de personas empleadas en el palacio, sus puestos, funciones, experiencias y evaluaciones de desempeño.

Ni siquiera podía molestarme en almorzar, así que le pedí a la Condesa Jubel que dejara la comida en mi escritorio y seguí revisando los papeles.

Quería terminarlo lo antes posible ya que este trabajo servía de base para todo lo demás.

"¿Mi madre y mi padre están aquí?"

Sin embargo, a pesar de que mis padres vinieron de lejos, no quería ir a verlos en este momento.

"Sí, están con el Emperador ahora. Su Majestad envió a un hombre—"

"¿Tengo que ir ahora?"

Eso es todo lo que necesitaba saber. Cuando le pregunté con cierto pesar, Rose levantó las cejas y continuó después de la breve interrupción.

"— Le gustaría conversar en este momento a solas con ellos, así que Su Majestad la Emperatriz debe asistir es a la cena."

¿Qué?

"¿En serio?"

Ante esas palabras completamente inesperadas el sentimiento de pesar desapareció.

¿Heinley tenía algo que hablar a solas con mis padres?

"De qué quiere hablar con mis padres..."

"Eso no lo sé."

Rose ladeó la cabeza, y Mastas, que estaba de pie cerca de la ventana, intervino rápidamente.

"Creo que lo sé. Estoy segura de que es eso."

"¿Eso?"

"¿Ahora la confrontación no es entre el Imperio Oriental y el Imperio Occidental? Creo que les está preguntando sobre las debilidades del Imperio Oriental. Estoy segura."

Los ojos de Laura se agrandaron ya que se trataba de su propio país.

Rose asintió de acuerdo después de pensarlo un momento.

"Es una posibilidad. Aunque Su Majestad puede parecer despreocupado, cuando habla definitivamente no es para decir tonterías. Eso es lo que mi hermano me ha dicho."

"¡!"

***

La Duquesa Troby frunció el ceño, incómoda.

"¿Quieres saber qué es lo que le gusta a Navier?"