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domingo, 20 de diciembre de 2020

Matrimonio Depredador - Capítulo 91

Capítulo 91. De Sangre Gitana (2)


El Conde Valtein se había convertido en un firme defensor de unas relaciones diplomáticas amistosas con los Kurkan. Leah lo elogió por su duro trabajo y le dio un permiso, entendiendo que el hombre necesitaba unos días libres después de todo lo que había pasado.

Juntos habían decidido no aumentar el número de rehenes Kurkan que utilizarían como moneda de cambio, sino mantener la cantidad existente. Ahora sabían que no necesitaban más, porque Ishakan, el rey de los Kurkan, se esforzaba por apoyar a su pueblo. 

A diferencia de su predecesor, que descuidaba el tema de los esclavos Kurkan, Ishakan se involucraba con entusiasmo. Leah sospechaba que había una posibilidad de que Ishakan aceptara el trato aunque sólo tuvieran un Kurkan con ellos.

Por supuesto, con ese único aspecto a su favor, no sólo ellos se comprometerían inmediatamente a un tratado de paz, sino que no podían llevar las cosas más lejos. Leah estaba esforzándose en sus planes para manipular las negociaciones a su favor, y aunque ya la estresaban bastante, ella también debía preocuparse de otras cosas.

La atmósfera dentro del palacio real se había vuelto amarga rápidamente. Después de que Cerdina robara el vestido de seda púrpura, Leah le ordenó a la Condesa Melissa que encubriera la implicación de Cerdina como culpable. Sin embargo, había una razón para ello.

Como no se conocía a la persona culpable, las damas del palacio real comenzaron a dudar entre ellas. Obedecieron a Leah, y se dedicaron a rastrear al detestable culpable por su propia cuenta. Las sirvientas frecuentemente comenzaron a mirarse de forma suspicaz y discreta, hablando con desconfianza.

Si las cosas se intensificaban más y alguien resultaba culpable, Leah se vería obligada a intervenir. Aunque eso le molestaba, más le preocupaba la discordia que se estaba gestando entre las damas de Leah. 

De repente, la voz de Ishakan comenzó a resonar en sus pensamientos.

|La reina es una Tomari.|

Cuando escuchó eso en el pasado, ella no había podido decir ninguna palabra por mucho tiempo. Ishakan se rió, viéndola tensa.

|¿Quieres saber más?| preguntó, y, aturdida, Leah asintió rápidamente. Casi derramaba la taza que sostenía. Ishakan continuó, y ella pudo sentir que sus entrañas se retorcían con cada palabra.

|Te lo haré saber en el futuro|, dijo naturalmente. |Tal vez deberías usar esto como una excusa para volver a verme.|

Leah se quedó sin palabras. Ishakan había predicho lo que ella haría. Desde el momento en que ella dejó la posada, estaba decidida a no volver a verlo nunca más. Pero él siempre había bloqueado todas sus rutas de escape. Ella terminó regresando al palacio sin hacer más preguntas.

Por supuesto, Leah sabía que era posible que Ishakan hubiera mentido, pero no estaban debatiendo las negociaciones y evidentemente no había sido una broma. El hecho de que los Kurkan hayan estado persiguiendo a los gitanos recientemente le daba más crédito a sus afirmaciones.

Los gitanos eran considerados tan humildes como los Kurkan. Los nobles no las aceptarían como sus esposas, aunque eligieran pasar una noche juntos. Casarse con una Tomari podría equivaler a casarse con alguna Kurkan.

Por lo tanto, si Cerdina fuera realmente una Tomari... Bueno, la familia real de Estia entraría en un escandalo terrible. El Príncipe Blain tendría la sangre de un gitano en su interior, interfiriendo potencialmente con su derecho a suceder al trono.

A pesar de lo intrigante que resultaba todo, Leah sabía que no debía tocar ese tema, así que decidió ponerlo en espera hasta que obtuviera más información de Ishakan. O, al menos, lo intentaba.

Y ese tema seguía apareciendo en sus pensamientos. De hecho, mientras se preparaba para salir hoy, pensamientos relacionados con Cerdina llenaban su mente. Caminando lentamente hacia su destino, no pudo evitar repensar los eventos previos que habían tenido lugar en relación con Cerdina, tomando ahora en cuenta nueva información.

"Princesa", dijo la condesa Melissa, impaciente, "¿Estás segura de que quieres volver a verlo?"

La Condesa estaba siguiendo a Leah. Su voz hizo que Leah detuviera sus pensamientos.

"Debería..."

"Tengo miedo de que vuelva a hacer algo. "

"No. No creo que lo haga, pero no puedo estar segura", dijo Leah. Se dirigió a la Condesa Melissa, y tontamente le hizo una proposición. "Por favor, quédese a mi lado, Condesa."

"Por supuesto", respondió la Condesa, apretando el puño con determinación. Leah sonrió levemente viendo esto y continuó caminando a su lado.

Necesitaba reunirse con alguien hoy, pero como no podía confiar en las otras damas del palacio real, Leah sólo permitió que la Condesa Melissa la acompañara. Leah se dirigía al palacio principal donde los nobles se reunían con frecuencia.

***

Los aristócratas presentes, al verla, la saludaron. Ella respondió a sus saludos educadamente antes de observar atentamente su entorno.

Le dijeron que la persona con la que quería reunirse había llegado al palacio. Muy pronto, vio al hombre que buscaba rodeado de otros aristócratas. El hombre charlaba alegremente con la gente a su alrededor hasta que percibió la mirada de Leah.

Leah comenzó a caminar hacia el hombre. A medida que se acercaba, la expresión del hombre se volvía más desconcertada. Incluso después de haberlo alcanzado, deteniendo sus pasos justo enfrente de sus ojos, continuaba mirándola con desconcierto. Su mirada podía considerarse grosera e irrespetuosa, pero los otros nobles a su alrededor la miraban de la misma manera, asombrados.

Tal vez porque Leah había sido la primera en acercarse. Poco después, habló primero, inclinándose ligeramente hacia adelante.

"¿Estás ocupado?", ella preguntó.

El hombre la miraba como si su alma se hubiera salido de su cuerpo. "Oh, no estoy ocupado", tartamudeó.

Leah respondió educadamente.

"Entonces, hablemos un momento, Byun Gyeongbaek de Oberde."