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jueves, 3 de diciembre de 2020

Matrimonio Depredador - Capítulo 90

Capítulo 90. De Sangre Gitana (1)


El cielo oscuro se sentía frío. El aire húmedo cubría densamente el bosque, moviéndose a través de los árboles, arrugando sus hojas con brisas que llevaban susurros de lluvia inminente. Docenas de personas abarrotaban el área, con los pulmones llenos de vientos frescos, todos presentes para presenciar el desfile de caza del príncipe.

Un sabueso recorría el suelo húmedo mientras los escuderos ahuyentaban a las presas más pequeñas e intrascendentes, despejando el camino del Príncipe para que pudiera cazar con mayor facilidad. 

El Conde Weddleton cabalgaba os junto al Príncipe Heredero. Como padre biológico de Cerdina, el Conde Weddleton eligió seguir a Blaine cuando éste decidió salir a cazar. Aunque a Blaine no le importaba el acompañamiento del Conde Weddleton, el conde lo siguió diligentemente.

A lo largo de su actual conversación, el Conde Weddleton había sacado a relucir varios temas diferentes para discutir, eludiendo su verdadero tema de interés hasta que finalmente reunió el coraje para sacar a relucir lo que quería decir.

"Durante la última reunión del gabinete, ¿Se habló de la reforma del sistema fiscal?" preguntó. Los ojos azules del príncipe se posaron en el Conde Weddleton, pero a pesar de su mirada gélida, el conde no se echó atrás. "Parece que la Princesa Leah quiere presionar ante la oposición de Byun Gyeongbaek..."

El príncipe Blaine, escuchando con una cara inexpresiva, levantó una ceja. Sirvió como única respuesta a las preguntas del conde, sus labios permanecieron cerrados  en una delgada línea. Su inexpresividad hizo temblar al conde de forma nerviosa, y no pudo evitar agradecer a sus estrellas de la suerte de que el arco de Blaine permaneciera enfocado en un arbusto lejano, en lugar sobre él mismo.

El silencio reinaba entre ellos. Blaine entrecerró los ojos y una vena sobresalió de su mano, evidencia de la tensión física en sus brazos y la fuerza necesaria para tensar firmemente la cuerda del arco. La flecha voló en el instante en que su punta afilada pareció apuntar precisamente al blanco, y de repente, se escuchó un chillido. El amargo y moribundo sonido de una criatura herida se extendió el aire limpio del bosque. Un ciervo, escondido entre los arbustos, apareció a la vista, sus enormes cuernos como ramas de marfil.

El ciervo tropezó con las las ramas caídas, golpeando el suelo con un sonido sordo y profundo que parecía sacudir la tierra. Sangre caliente y fresca fluía del cuello perforado de la criatura. Los escuderos corrieron rápidamente a inspeccionar el ciervo caído. 

"¡Maravilloso, Príncipe Heredero!" El Conde Weddleton dijo  alegremente.

La habilidad que acababa de exhibir sólo podía etiquetarse como puntería. Todos los demás habrían estado orgullosos de demostrar semejante habilidad y atrapar un ciervo tan rápido, pero Blaine simplemente siguió observando, sin alterarse.

"Envíenlo al Palacio de la Reina", ordenó, y su indiferencia permaneció evidente, impregnada en toda su estática actitud.

Los escuderos levantaron el cadáver del ciervo y Blaine miró fijamente al suelo donde una vez estuvo. Su sangre aún manchaba la hierba aplastada, filtrándose en la tierra. Habló lentamente.

"Me pregunto si al rey bárbaro le gusta la caza."

El Conde Weddleton respondió como si hubiera estado esperando ansiosamente la oportunidad de hablar una vez más. "¿Cómo no podría gustarle?" preguntó. "Son bestias por naturaleza. Se dice que los bárbaros persiguen a sus presas con sus propias manos, renunciando por completo al equipamiento de caza."

El Conde Weddleton continuó hablando mal de los Kurkan, relatando historias en las que usaban sus dientes para morder la carne de una criatura una vez que la habían abatido. Mientras escuchaba, Blaine se encontró riendo por primera vez ese día.

Su boca se torció en una sonrisa. "No me importaría cazar con él", dijo.

***

Las noticias de los traficantes de esclavos se habían convertido en un tema candente en todo Estia y el resto del continente. Estia era el centro del comercio de esclavos, así que todo lo relativo a ello, estaba destinado a volverse una noticia popular rápidamente, afectando al resto del mercado negro. Como Leah no podía permitirse el lujo de lidiar con ellos, los comerciantes de esclavos fueron eliminados y sus fondos reasignados. Con la fuente del producto eliminada, los precios de los esclavos que aún existían se dispararon. 

Los aristócratas estaban enfurecidos, desesperados por quejarse de los Kurkans liberados que ahora deambulaban por las calles de Estia, pero se veían obligados a contener sus lenguas. La esclavitud era ilegal y los traficantes de esclavos que se habían llenado los bolsillos con el dinero sucio de la industria ahora habitaban el inframundo, así que los aristócratas tenían que asegurarse de no involucrarse públicamente en todo el asunto, para no correr el riesgo de que les ocurriera lo mismo.

Había un rumor que circulaba, afirmando que Byun Gyeongbaek de Oberde, quien era odiado por los Kurkan, protestaría en nombre de los aristócratas en la próxima reunión del gabinete. ¿Creía honestamente que Leah aceptaría tranquilamente tal protesta? Sería más extraño que el asunto sucediera pacíficamente, sin ninguna fricción.

Sin embargo, era un problema, porque Byun Gyeongbaek estaba firmemente decidido a interrumpir las próximas negociaciones con los Kurkan. El rumor iba aún más lejos, afirmando que intentaba crear un conflicto con los Kurkan haciendo avanzar el frente militar. Leah tenía que centrarse en encontrar una solución para este posible obstáculo.

El Conde Valtein había perdido peso después de haber vivido una revuelta. Le explicó a Leah todo lo que había pasado después de separarse de ella.

"No creo que pueda comer carne por el momento... especialmente nada crudo..." él concluyó con ojos oscuros y abatidos.