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sábado, 21 de noviembre de 2020

Matrimonio Depredador - Capítulo 84

Capítulo 84. Contra las Barras de Hierro (1)


La noche oscura era un abismo sin fondo que agitaba los deseos diabólicos y pecaminosos.

Ya lo habían hecho dos veces, y aún así el hombre estaba ansioso por más. Leah no se sorprendió por la insaciable lujuria del hombre. Había experimentado antes su voraz vigor.

Ahora estaba consciente de lo extremadamente ingenua que había sido. ¿Ayudarlo? Había entrado en la guarida de la bestia hambrienta y se ofreció en bandeja de plata.

Su virilidad hinchada estaba hambrienta. ¿Cuántas veces más lo haría antes de que estuviera satisfecho... dos, no tres... cuatro? Ah, ¿Este monstruo que se negaba a dormir estaría satisfecho hasta el amanecer?

Leah sollozó mientras le daba un golpe en el hombro, protestando en su mente.

"¿Por qué... te aburres de esta posición? ¿Debería hacerlo de espaldas?" Ishakan dijo a pesar de saber que no era eso.

La giró y la colocó contra las barras de hierro, su dureza aplastando sus p3chos mientras la envolvía con su pesado cuerpo por detrás.

Ella apoyó su mejilla contra las barras de hierro, tomó un respiro y levantó sus caderas. Agarrando sus caderas, deslizó su virilidad, y suavemente rozó su húmedo jardín.

Ella sintió un ardiente placer recorriendo su cuerpo mientras un ligero beso tocó su hombro, estimulando el fuego que creía que nunca podría reavivarse.

Ishakan le apretó el p3cho, y le susurró al oído. "Has ganado un poco de peso."

Sorprendida por el comentario, la medio dormida Leah se puso rígida. Cerdina estaba un poco distraída estos días, así que había comido todo lo que quería. Parece que tuvo un efecto evidente en su cuerpo.

Ella se agarró de las barras un poco más fuerte. Se sentía caliente y estaba roja. Avergonzada de su actualmente defectuoso cuerpo, quiso cubrirse inmediatamente. Necesitaba tener cuidado y controlarse de ahora en adelante.

Ella parpadeó, sus pestañas temblaron. Después de un largo tiempo de vacilación, ella preguntó en voz baja, "¿Es algo muy malo...?"

Era una pregunta sencilla pero hizo que su corazón latiera ferozmente. Ella esperaba que se riera de forma despreocupada, y que le señalara descaradamente los defectos de su cuerpo. Esperaba que Ishakan, uno por uno, le agarrara los puntos engordados, y que con sarcasmo la humillara. 

Fue algo bueno que ella le estuviera espalda. Nunca se había sentido tan aliviada de que Ishakan no pudiera miraba su cara como ahora, mientras esperaba ansiosa e impaciente una respuesta.

Ishakan silenciosamente apartó su cabello para revelar su tenso, blanco y delgado cuello, llenándolo suavemente de besos. 

"¿Qué?", él dijo, con aspereza.

"He aumentado de peso, así que..."

Ishakan lamió ferozmente a lo largo del lóbulo de su oreja y susurró. "Esto me gusta mucho más. Si ganaras un poco más aquí, sería aún más perfecto."

Ishakan repetidamente mordió y lamió la parte trasera de su cuello, mientras le decía lo increíble que era.

Leah encogió levemente sus hombros. Sus entrañas retumbaban y su corazón seguía latiendo como cuando hizo la pregunta anterior. Sin embargo, a pesar de los latidos, se sentía completa esta vez, sin la ansiedad o el nerviosismo.

"......"

Su cara se sentía caliente, así que la apoyó en las frías barras de hierro. Afortunadamente, no tuvo tiempo para más pensamientos ocios@s. En algún momento, su virilidad se había hinchado más y se estaba abriendo paso gradualmente hasta su núcleo. Sus entrañ4s, se abrieron nuevamente.

Un profundo gem!do resonó en el silencio de la noche mientras un aliento caliente tocaba su cuello. Estrechamente pegado a su trasero, la machacó profundamente. La fuerza era tan intensa que Leah, por reflejo, levantó sus talones, casi se elevó debido a la diferencia de altura.

Agarrando sus pic0s ligeramente agrandados, comenzó a apretarlos y retorcerlos. Sus manos se movieron obsc3namente como si tratara de exprimir la leche.

Una palpitante sensación de dolor y placer invadió a Leah.  No podía aguantar más, Ishakan la atacaba por abajo mientras tocaba sus pic0s. Ya resultaba difícil soportar uno, pero con los dos parecía insoportable. Temblando impotente, tragó y se las arregló para decir...

"Ahh... no mis p3chos..."

"No quieres esto, no quieres aquello." 

Él le apretó de los dos pic0s; Leah, que todavía estaba de puntillas, tembló y finalmente soltó un gemido que estaba suprimiento. "¿Ayúdame con esto Leah? ¿Qué puedo hacer?" preguntó ansioso.