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martes, 17 de noviembre de 2020

Matrimonio Depredador - Capítulo 82

Capítulo 82. Insaciable (1)


La hermosa cara sonrojada que gotea con su néctar, lo llenó de pasión. Perdió la razón y se abalanzó para sofocar su l!bid0.

Volcándola en un movimiento rápido, Ishakan se subió encima de ella, presionando sus dos manos en el suelo. La hábil flexión parecía más una cacería... la presa atrapada por el hambriento depredador. 

En los primeros momentos, Leah se sorprendió por la brusquedad. Cuando ella trató de mover su mano sólo para descubrir, que no podía moverse ni una pulgada. 

Sintió dolor por la fuerza incontrolable que presionaba su muñeca. Mortificada e indefensa, repentinamente recordó el chico Kurkan que se volvió loco y la atacó. 

La morbosidad debe haberle llevado a un frenesí que lo hizo perder el sentido del bien y del mal...

Sin darse cuenta, estaba llena de miedo. Un estremecimiento involuntario recorrió su cuerpo.

El captor se dio cuenta de sus emociones, pero no se compadeció. Una carcajada irónica sonó mientras el agarre se apretaba. Ella tragó con fuerza y miró fijamente al hombre.

"Realmente no tienes ningún miedo". Sus labios parecían divertidos, y sus ojos peligrosos.

Mientras se miraban fijamente, su longitud que acababa de aliviarse, comenzó a endurecerse de nuevo. Gradualmente se alargó y rozó su tierno abdomen, incluso se volvió caliente y rígido, dejando sus intenciones ampliamente claras.

"Si no hubieras pensado nada malo, deberías haber huido."

Antes de que su susurro llegara a sus oídos, su ropa había sido arrancada revelando los capullos rosados que estaban en sus montículos. Bajo la luz de la luna, eso se veía especialmente tentador, y el lobo no desperdiciaría la oportunidad de saborearlos. 

Como una llama que parpadea una última vez antes de apagarse, la pizca de sentido común gritó por última vez.

"Esta es tu última oportunidad, Leah."

Ishakan la miró con sinceridad.  Aunque ella lo apartara y saliera corriendo, no la detendría. Esta era su última oportunidad de escapar.

El miedo estaba latente en su interior, su corazón latía rápidamente. Ella sabía lo que le esperaba; el peligro y el placer. Su temblor aún no había cesado... pero Leah eligió no desaprovechar su última oportunidad.

Ishakan había dicho que no podía evitar hacer algo ridículo... 'Si estuviera en mi sano juicio, no me habría involucrado con él desde el principio', Leah pensó.

En lugar de responder, Leah extendió sus manos, le agarró el cuello por detrás y lo acercó.

Tan pronto como sus dedos lo tocaron, el fuego que estaba siendo suprimido se encendió... Ishakan bajó la cabeza a un lado y murmuró algo en lengua Kurkan que ella no pudo entender.

"Tú..." Ishakan levantó lentamente su rostro y le advirtió con un tono espeluznante. "No seas tan mala... Creo que me volveré loco."

Sin preámbulo, le agarró el pecho; como una bestia hambrienta lamió y mordió el capullo que se asomaba por el espacio entre sus dedos.  Poco a poco un cosquilleo se elevó a través de su núcleo, atravesó el cuerpo de ella... 

El hormigueo se intensificó, un breve gemido salió de sus labios rosados, sus caderas suavemente arqueadas se movieron arriba y abajo... cayendo en un ritmo sensual. 

Su tenaz mirada notó su más leves reacción, sin perderse ni siquiera los débiles suspiros. Una vez que el par de capullos se hincharon y se endurecieron, un satisfecho Ishakan renunció a sus pechos y en un instante se deshizo de sus ropas dañadas.

Instintivamente, Leah se cubrió el cuerpo con sus delicadas manos, pero era demasiado tarde.

Inmediatamente Ishakan le quitó las manos, las sostuvo con fuerza mientras su mirada viajaba hacia abajo... deteniéndose en su barranco, mirando la húmeda ropa interior que se aferraba débilmente a sus pliegues. 

"¿Qué es esto..." Se rió, frotando sus dedos sobre la ropa interior. "Ya estás mojada. ¿Te 3xc!t@ste al tocar el mío?" Él la miró fijamente.

En momentos como éste, Leah creía que sería bueno que Ishakan fingiera ignorancia. Sin embargo, el hombre nunca dejaría pasar una oportunidad. Ella estaba demasiado avergonzada para admitirlo, convirtiéndose en un tono de rojo más profundo con cada respiración. 

Ella giró la cara y esperó a que Ishakan continuara. Cuando no sintió nada después de unos momentos, giró su cabeza se nuevo y encontró al hombre, sentado con las piernas separadas, ¡Apoyando su espalda en una barra de acero! Sus traviesos ojos parecían mirar a través de ella, sabiendo bien lo que su corazón deseaba. 

"Hazlo tú".  Se rió de ella que parpadeaba de asombro.

"Sería bueno que lo hicieras..."

Ishakan no terminó su frase y sólo sonrió en silencio. Sin embargo, su cara sonriente no parecía relajada en absoluto. Se estaba aferrando al límite de la paciencia. Ella tenía que moverse si quería salir de este lugar.

Leah se levantó lentamente y se acercó a Ishakan , subiéndose a su cuerpo. Cuando estaba a punto de sentarse, perdió la confianza al mirar su majestuosa viril!dad. Estaba rígido, sin necesidad de una mano para sostenerlo. Ella se agachó lentamente, dudando.

Cuando la punta de la virilidad hizo contacto con su jardin, su profundo gemido resonó en la noche silenciosa. Sus caderas lentamente se movieron hacia arriba y hacia abajo mientras encontraba a tientas un ritmo.