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martes, 3 de noviembre de 2020

Matrimonio Depredador - Capítulo 75

Capítulo 75. Jóvenes Oprimidos


Los traficantes de esclavos tenían sus propias muestras de hospitalidad. Transmitir amabilidad y mostrar buena voluntad representaba una tarea crucial para ellos, porque les ayudaba a ganarse la confianza de sus cautelosos compañeros.

El Conde Valtein, que estaba siendo testigo de la escena que se desarrollaba, no podía alterarse. Se quedó tieso, preocupado con la idea de que Ishakan los observaba desde las sombras.

Sin embargo, sabía que Leah no podía rechazar el favor de los traficantes de esclavos. Y, para empeorar las cosas, no podía permitirse el lujo de actuar precipitadamente, siendo observada como por los que la rodeaban. 

Escudriñaron cada uno de sus movimientos. Cualquier acto no calculado podía disolver instantáneamente la poca confianza que había logrado generar, un error que Leah no podía permitirse.

A medida que el tiempo pasaba, un esclavo varón vino a atender a Leah. Como las esclavas, estaba vestido de colores, con vino en su mano. Sin embargo, su esbelto cuerpo le llamó la atención, porque tenía un tipo de cuerpo comparable al de Haban. 

La diferencia más evidente entre ellos estaba en su musculatura; la figura de Haban puede considerarse delgada, pero se veía tonificada y fuerte. No podía considerarse débil en lo más mínimo, sin embargo el esclavo masculino que tenía delante parecía como si no tuviera nada más que piel y hueso. 

Poseía la quintaesencia de los ojos claros y la piel oscura de los Kurkan, pero no tenía ni un solo músculo. De no ser por los tatuajes en la parte trasera de su cuello, Leah no se habría dado cuenta de que era un Kurkan.

<< Nota: Quintaesencia - cualidad más pura de una cosa. >>

Caminando suavemente, el esclavo se acercó a Leah, sentándose a su lado. Emanaba un dulce aroma a melocotón. El perfume a base de frutas le hacía cosquillas en la nariz, y ella se puso rígida.

El comerciante de esclavos, que aún acariciaba a la esclava Kurkan que estaba a su lado, miró a Leah. "¿No es de tu agrado?", dijo. "Es un esclavo precioso, que ahora te estoy regalando. O, tal vez, ¿Prefieres uno más atlético?"

Se preparó para llamar a otro esclavo, listo para reemplazar al débil Kurkan que estaba a su lado. Sin embargo, consciente de la precaria naturaleza de su situación y cautelosa de permitir la entrada de más forasteros, Leah lo detuvo inmediatamente.

"No, está bien. No esperaba que esto ocurriera durante nuestro encuentro", ella respondió, con la voz entrecortada.

"No hace falta que seas tan formal. Sólo ponte cómoda y relájate. ¡Disfruta!", se rió el comerciante de esclavos. Apretó a la esclava Kurkan más fuerte, tirandola hacia él, haciendo que emitiera un pequeño grito.

Leah frunció el ceño. Sentía como si estuviera sentada en una silla de espinas. El esclavo le sirvió una copa de vino de fruta dulce.

"Por favor, tome un trago, dama."

Sin embargo, Leah no aceptó la bebida que le ofreció, y el comerciante de esclavos, al darse cuenta, frunció el ceño consternado. Bajó la mirada, con los párpados caídos, antes de parpadear y preguntar: "¿No le gusta el vino?"

Ante su pregunta, Leah levantó su copa para mojarse los labios. El potente sabor del vino se filtró a través de su lengua, y ella miró al hombre, que ahora estaba sonriendo alegremente. Una extraña sensación la invadió, y no pudo encontrar las palabras adecuadas para expresar lo absurdo de la situación.

Era una hazaña difícil esclavizar a los Kurkan porque se trataba de guerreros natos. Sin embargo, cuanto más difícil resultaba la tarea, más se codiciaba el resultado y, por lo tanto, mayor era su valor. Si los Kurkan eran particularmente hermosos también, entonces ese valor sólo aumentaría, convirtiéndose virtualmente en algo invaluable. 

Como resultado, los traficantes de esclavos se dedicaron esencialmente a curar y esclavizar estos bienes excepcionales, con la intención de satisfacer a sus codiciosos clientes. Pero eso planteaba la pregunta: ¿Cómo era posible todo esto cuando los Kurkan eran guerreros tan orgullosos? Seguramente, los traficantes de esclavos podían ser fácilmente derrotados.

La respuesta, entonces, está en la juventud vulnerable de los Kurkan.

Los Kurkan maduros ya estaban entrenados, demostrando que eran fuertes y experimentados luchadores. Resultaba difícil, si no imposible, capturarlos, e incluso más difícil de domesticar. En caso de que fueran capturados, la probabilidad de que escaparan era muy alta. Por lo tanto, los comerciantes se dirigieron a aquellos que eran todavía jóvenes e ingenuos, nuevos en el mundo y aún por desarrollar la experiencia de los mayores. Aquellos fundamentalmente incapaces de luchar contra sus secuestradores. 

Se trataba de un ciclo repugnante. Un joven e inculto Kurkan no era diferente de una joven bestia. Eran débiles, carecían de entrenamiento, y podían fácilmente ser formados como esclavos con el tiempo, a través de una estricta enseñanza. 

Sin embargo, su educación estaría lejos de la normalidad. Serían severamente golpeados y abusados hasta que sus identidades como Kurkan se les evaporaran, olvidando lo que una vez fueron. Se les enseñaba su valiosa sumisión y obediencia a través de la violencia despiadada, renaciendo entonces como esclavos mansos incapaces de oponerse a sus dueños incluso mucho después de haber alcanzado la edad adulta.

Debido a este exigente proceso, los esclavos Kurkan se comercializaban a precios tremendamente altos. Sin embargo, aunque los comerciantes deseaban adoptar esta práctica, beneficiándose de grandes sumas, no podían. Se quedaron sin los esclavos en cuestión, puesto que los esclavos Kurkan eran una rareza exorbitante.

Especialmente los nobles ricos y los comerciantes que querían tenerlos se desesperaban, creando una base de consumidores desesperados por obtenerlos. Esto llevó a los comerciantes de esclavos y mercenarios, a devanarse por su fervor. Sus ojos estaban inyectados de sangre, envenenados por la codicia y el deseo.

Posteriormente se estableció una ruta de comercio de esclavos, cuyo punto de apoyo era Estia. Estia representaba un lugar privilegiado para ello, puesto que bordeaba el desierto occidental, que servía de hogar a los Kurkan.