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sábado, 31 de octubre de 2020

Matrimonio Depredador - Capítulo 74

Capítulo 74. Los Planes de Ella (2)


Ishakan parecía satisfecho con su plan. Eso alivió a Leah, puesto que la persona que podría causar la mayor alteración estaba ahora dispuesta a cooperar. Estaba a punto de seguir hablando cuando de repente escucharon que alguien estaba tocando la puerta. 

Resultó ser un legítimo empleado de la subasta. En un instante, los Kurkan desaparecieron y la habitación quedó desprovista de su presencia, como si nunca hubieran estado presentes. Limpiaron cuidadosamente cada pizca de su rastro y se escondieron. 

Leah y el Conde Valtein también se pusieron rápidamente sus máscaras.

Tan pronto como permitieron la entrada del empleado, la puerta se abrió y entró un escolta. "Todo el mundo está esperando", anunció.

Antes de la subasta, se esperaba que los traficantes de esclavos se reunieran y tuvieran una breve reunión. Representaba el obstáculo más difícil en su camino, pero la parte más importante de su plan.

"Vamos ahora. Lidera el camino." La voz de Leah sorprendió al empleado, quien rápidamente bajó la vista. 

"Yo la guiaré entonces, dama."

Leah y el Conde Valtein siguieron al escolta. El Conde Valtein se limpiaba silenciosamente la palma de su mano empapada de sudor, en el dobladillo de su túnica. Viendo lo nervioso que estaba, Leah sintió pena por no explicarle la situación adecuadamente de antemano y simplemente arrastrarlo en esto.

Leah miró con indiferencia hacia delante, contemplando el oscuro entorno. Ishakan probablemente iba detrás de ellos en silencio, pero no podía sentir su presencia en absoluto.

Para la reunión con los traficantes de esclavos, Leah tomó la iniciativa. No podía confiar en el Conde Valtein, puesto que una persona temerosa tendría dificultades. Después de todo lo que había pasado, no serviría que estos astutos comerciantes de esclavos tuvieran información errónea. Así que, después de una cuidadosa consideración, Leah decidió involucrarse directamente.

Sin embargo, sus planes quedaron bruscamente interrumpidos cuando se vio perturbada por la inesperada aparición de los Kurkan. No conocía todo el rigor de Ishakan, pero sabía que era muy capaz de hacer ciertas cosas... 

Mientras caminaba, su mente estaba llena de pensamientos complicados, esperaba que Ishakan fuera paciente. 

Después de pasar por un laberinto de pasillos, finalmente llegaron a la reunión de los traficantes de esclavos. La habitación estaba bastante oscura. Había una mesa redonda en el centro, y los escoltas de los comerciantes de esclavos estaban uno al lado del otro. El Conde Valtein titubeó al moverse para ponerse al lado de los escoltas.

Había un total de ocho personas, incluyendo a Leah. Los comerciantes de esclavos no se limitaban a los descendientes de Estia, dado que algunos provenían de diferentes rincones del continente. Se cubrieron con máscaras y túnicas, ocultando todo su cuerpo. Leah los observaba, y ellos la observaban a su vez. 

Desde el momento de la llegada de Leah, la miraron abiertamente. A pesar de que estaba cubierta de pies a cabeza como los demás, con su propia túnica y máscara, no podía ocultar su delgado y pequeño físico. La frágil carne que se asomaba bajo su atuendo obviamente no era la de un hombre.

La mesa redonda no tenía ningún asiento elevado, pero a pesar de la supuesta igualdad, la clasificación implícita entre ellos no desaparecería. Sentado frente a Leah había una figura robusta, era el más poderoso traficante de esclavos presente. 

Los traficantes de esclavos continuaron observándola atentamente incluso después de que se sentara, con sus ojos brillando maliciosamente. Consciente de sus miradas lascivas, y aguantando a pesar de ello, Leah abrió lentamente la boca.

"Es la primera vez que me presento ante todos ustedes."

Un vendaval de risas estalló en el aire. El hombre de físico robusto habló con voz ronca. "No sabía que eras una mujer", dijo.

Los otros comerciantes de esclavos hablaron, uno por uno.

"Su voz es bonita. ¿Su cara será igual?"

"Su cuerpo es tan pequeño."

"Las mujeres de físico pequeño son muy populares en estos días. Debido a la princesa, se venden bastante bien."

Sus palabras estaban impregnadas de ridiculez. Leah se había preparado para un mal comportamiento, sin embargo, su corazón comenzó a hundirse por la preocupación. Su nerviosismo provenía del conocimiento de que Ishakan se escondía cerca, observándolos.

Leah dio un ligero toque en la mesa con su dedo. Los comerciantes de esclavos se callaron al instante.

"¿Es el género tan importante cuando se trata de comprar y vender?" ella preguntó, con un tono de voz fuerte y frío. "¿No debería el beneficio ser lo más importante?" 

Aunque no podía mirar sus rostros y presenciar sus reacciones, sentía su atención absorta sobre ella. Leah inclinó su cabeza.

"Si soy la única presente con esa mentalidad, entonces supongo que no debería haber venido."

Tan pronto como Leah terminó, el hombre que estaba al otro lado de ella volvió a reírse a carcajadas.

"Es algo poco común que una mujer sea una comerciante de esclavos. Todos están asombrados. Espero que lo entiendas", dijo, con la barbilla en una mano. "Además, es muy sorprendente descubrir que la que nos ha reunido a todos es una pequeña dama como tú." 

La burla se notaba claramente en su voz. Una amplia sonrisa se extendió por su cara.

Leah lo miró fríamente. "Aceptaré eso como una disculpa."

"Jaja, sí... De todos modos, cooperemos bien. Nos veremos a menudo en el futuro."

No era un mal comienzo, pero significaba que a partir de ahora, Leah no podría retirarse. Sus conversaciones se volvieron serias, y el plan que ella puso en marcha había comenzado a desarrollarse. Leah se mantuvo firme en sus intenciones. 

Sin embargo, un evento que sucedió pronto, estremeció su corazón.

"Ya que esto parece el destino, me gustaría ofrecerles a todos un poco de entretenimiento..."

El hombre gritó fuertemente para que alguien entrara. La puerta trasera se abrió, y una fila de mujeres de olor dulce entraron corriendo a la habitación. Sostenían bandejas cargadas de alcohol y se sentaron, una por una, junto a los comerciantes de esclavos.

"No tienes que sentirte tan rígida", se rió el hombre. Sus brazos se envolvieron alrededor de la cintura de la mujer sentada a su lado. Leah se había puesto tensa, sorprendida por su repentino y desagradable despliegue de generosidad.

"Oh, y no te preocupes, también te atenderé a ti", le aseguró, riéndose entre dientes ante su vergüenza. "¡Denle a esta dama un hombre bárbaro!"