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miércoles, 28 de octubre de 2020

Matrimonio Depredador - Capítulo 73

Capítulo 73. Los Planes de Ella (1)


Leah no pudo evitar la sorpresa, pero hizo lo posible por ocultarlo. Sabía de la temporada de apareamiento de las bestias, por supuesto, pero sólo lo había leído en libros.

Mientras Leah se tambaleaba, tratando de resolver sus pensamientos acelerados, Genin continuó su explicación con calma. "Es lógico que un Kurkan sin pareja se aparee y busque cumplir con su instinto de reproducción", afirmó, totalmente tranquila. 

Haban intervino, asegurándole que no debía preocuparse. Era completamente normal que su especie actuara más impulsivamente cuando estaba en frente de su pareja.

Al escucharle mencionar esto, a Leah se le ocurrió un pensamiento de repente, y enseguida se dirigió a Genin, que siempre parecía acompañar a Ishakan. "Quizás..." Leah comenzó, pero inmediatamente fue interrumpida por Genin, que había previsto lo que iba a decir a continuación.

"Nunca fuimos una pareja", dijo, a la defensiva. "A menudo nos confunden porque siempre estamos juntos, pero te lo aseguro; mi esposo es mucho más guapo".

Genin continuó explicando que mientras Ishakan actuaba de forma frívola, su esposo no. Era considerado y cuidadoso. Ella presumió de su esposo, inculcando a Leah una impresión muy generosa de este hombre desconocido. Genin parecía muy acostumbrada a felicitar a su pareja.

Cuando terminó su alabanza, Genin volvió al tema principal como si nada hubiera pasado. Ishakan y Haban sólo se encogieron de hombros levemente.

"Los Kurkan son un poco diferentes durante la luna llena. Tu cuerpo no será capaz de soportarlo." Genin eligió no dar más detalles, sabiendo que si lo hubiera hecho, Leah no habría sido incapaz de lidiar con la fuerza de la conmoción resultante. "Debes alejarte de Ishakan tanto como sea posible", dijo. "Especialmente hoy."

Entonces, las grandes y fuertes manos de Genin se extendieron suavemente hacia la princesa. Tomó los cordones de la túnica de Leah y cuidadosamente los tiró, manipulándolos para ocultar mejor la piel clara de la princesa. Sus acciones se hicieron de forma cuidadosa, como si Leah fuera tan delicada como una muñeca de porcelana. Dudaba en tocarla, quizás, después de haber sido testigo de su desmayo anteriormente. Haban tenía la misma actitud.

"Su Alteza", comenzó, "mi nombre es Haban". Me disculpo por no haberme presentado formalmente, sobre todo teniendo en cuenta que la había visto el otro día."

Junto con la cortesía de su presentación, Haban suavizó su voz. Parecía cauteloso, como si hablar más alto pudiera dañar los oídos de Leah. Se sentía ridículo, pero sabía que debatir su fragilidad sería inútil al final. Por lo tanto, simplemente lo descartó.

"Oh", Genin exhaló, notando la temblorosa figura del conde. "Siento haberte molestado", murmuró, y la cara de Valtein palideció.

El Conde Valtein quería decir que habría muerto si Genin lo retenía más tiempo. En lugar de eso, no dijo nada y desistió de decir sus quejas.

Rompiendo la tensión, Ishakan se levantó de su asiento, con los brazos cruzados. El dominio de su postura hablaba de su confianza. "El traficante de esclavos que estábamos siguiendo era la princesa", dijo.

Genin y Haban miraron a Leah, sus ojos se agrandaron con asombro. Les resultaba difícil creer que esta delicada princesa era la fuente de todos sus problemas, que siempre estaba un paso por delante de ellos.

Ishakan se rió con buen humor. "Creo que he recibido un golpe sólido."

Mientras todos los demás se entretenían con esta información, el Conde Valtein seguía siendo cauteloso. Agarró el dobladillo de Leah, sus ojos transmitían un miedo ferviente. Sabía de la supuesta brutalidad de los Kurkan, y temblaba, temiendo que le retorcieran el cuello ante la más mínima provocación. 

Para consolarlo, Leah le dio una suave palmada en la mano. Sin embargo, esto sólo hizo que Valtein se encogiera aún más, puesto que Ishakan, que acababa de terminar de hablar, lo miró fijamente.

Antes de que el pobre Conde Valtein se desmayara, Leah abrió la boca para hablar. "Entonces, ¿Qué planeas hacer?"

Ishakan mantuvo su mirada. Fue un milagro que de alguna manera, todos se reunieran al mismo tiempo y en el mismo lugar. Sabía que había otros Kurkan ocultos en las cercanías también.

Leah, mientras tanto, no podía descifrar lo que pasaba por la cabeza de Ishakan. Era un hombre inescrutable, pero ella sabía, al menos, que cualquier estrategia que tuviera en mente probablemente no conduciría a una solución pacífica. Si se le permitía proceder como deseaba, Leah podía arriesgarse a arruinar su meticuloso plan. Necesitaba eliminar las semillas de los problemas antes de que pudieran surgir. Necesitaba un medio para controlar a los adversarios potenciales que no preveía encontrar.

"Si nuestros objetivos son los mismos, sería mejor unir fuerzas", ofreció Leah.

"Bueno... Tienes razón..." Ishakan sonrió lentamente. "¿Qué estás pensando, princesa?" Le hizo una invitación para discutir su plan con mayor detalle. 

Leah le explicó brevemente, con el objetivo de persuadirlo hacia la dirección menos desastrosa. "Entonces, si encontramos donde están atrapados los Kurkan..."

"Das un poco de miedo, princesa", dijo el Conde Valtein, levantando tímidamente la comisura de sus labios, forzándose a no reírse de su propia broma. Sabía que si se reía, lo echarían de la habitación. 

"Debemos ir tras ellos. Juntos", sugirió Ishakan, con la autoridad en su voz.

"Pero..." Leah protestó rápidamente. La idea era absurda.

"Podemos seguirlos sigilosamente", añadió Ishakan cómodamente. "Debes permitir esto."

Era un hombre que sabía cómo presionar a los demás. Leah no había previsto esto, pero no podía encontrar una excusa para quejarse. Quizás incluir a los Kurkan y revisar su plan actual sería lo mejor.

Leah reflexionó durante un momento, antes de decir. "Si lo hago, ¿Seguirás mis planes?" le preguntó en voz baja.

Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Ishakan. "Sólo tú puedes relegar al rey de los Kurkan a tal sumisión."

"No necesito a alguien que se interponga en mi camino", dijo Leah, sabiendo muy bien lo travieso y astuto que era el rey ante ella.