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viernes, 23 de octubre de 2020

Matrimonio Depredador - Capítulo 70

Capítulo 70. Dentro de una Casa de Subastas (2)


"Me siento seguro sabiendo que estás aquí. Tal vez si estuviera solo, me sentiría muy inquieto... Por favor, acepta esto." El Conde Valtein murmuró.

Sacó la máscara que él había preparado para su camuflaje. Se trataba de una máscara negra y sencilla, pero era lo suficientemente grande para cubrir toda su cara. Con su ayuda, Leah se puso la máscara de forma segura, completando su cambio.

"Desearía que pudiéramos terminar todo esto hoy."

"Sí, también espero lo mismo. Me pongo nervioso con facilidad, así que espero no hacer nada mal."

El Conde Valtein refunfuñó un poco más en voz baja. Su corazón palpitaba de nerviosismo, tanto que parecía estar a punto de explotar. La subasta en la que participarían hoy, era muy grande e infame, donde varios traficantes de esclavos se reunieron para mostrar sus mercancías. La participación conjunta significaba que la cantidad de esclavos de la subasta estaba lejos de ser poca.

De hecho, las noticias sobre la represión masiva que se había anunciado ese mismo día durante la reunión del Gabinete, ya había comenzado a circular dentro del círculo de los traficantes de esclavos. Leah había filtrado esa información a propósito para obligar a los traficantes de esclavos a iniciar una subasta a gran escala antes de que comenzaran las investigaciones de la represión.

Leah se había esforzado por provocar la subasta de hoy, con la esperanza de que su esfuerzo por debajo de la mesa diera sus frutos.

"No se ponga muy nervioso, Conde Valtein."

A pesar de que estaba tranquilizando a Valtein, Leah también se sentía nerviosa. Después de todo, se habían estado preparando para esto desde hace mucho tiempo. Si la operación de hoy fallaba, los planes futuros se volverían aún más difíciles. No importaban las circunstancias que se les presentaran, tenían que tener éxito.

El carruaje se dirigió a una discreta y anticuada mansión situada en las afueras de la capital. La mansión de dos pisos con un jardín, no tenía un gran tamaño. Desde el interior se escuchaban alegres melodías acompañadas de suaves luces. El escenario era como un salón de baile común.

Sin embargo, la atmósfera en la parte trasera de la mansión contrastaba fuertemente con la parte frontal. Los guardias, armados con espadas expuestas, custodiaban ferozmente la puerta. Su aterradora estatura hablaba del secreto y los sucesos ilegales que ocurrían más allá de las rejas de acero.

El carruaje se detuvo en la puerta trasera. El Conde Valtein respiró hondo y luego se bajó del carruaje primero. Luego ayudó a Leah a salir del carruaje.

Los guardias miraron amenazadoresamente a Leah y al Conde Valtein. Sus miradas salvajes y poco convencionales, hacían temblar a Valtein. Sin embargo, tenía a Leah con él, y esta misión que ni siquiera había comenzado, dependía de este mismo momento. 

Entonces sacó una moneda de oro de su bolsillo y se la mostró. Era una moneda especial que tenía impresa en la insignia que les permitía el derecho de entrada. Los guardias comprobaron el patrón en el frente y el dorso de la moneda, luego la colocaron en una balanza para pesarla. Era perfecta. La moneda equilibraba el peso del péndulo con precisión.

"Bienvenidos."

Con rostros sombríos, los guardias abrieron la puerta y los recibieron educadamente. Tan pronto como entraron, un empleado apareció para ayudarlos y guiarlos al edificio.

El primer piso del edificio era mediocre. El interior estaba decorado con sencillez y para el observador casual, nada interesante. Sin embargo, al bajar las escaleras que conducían al sótano, apareció un complejo pasillo. Era un laberinto en el que cualquiera podía perderse fácilmente, si no se le guiaba. El Conde Valtein le susurró en voz baja a Leah.

"Parece que esta inspección se está volviendo más exhaustiva. De hecho, es bastante aterradora". Después de decir esas palabras, inmediatamente cerró la boca.

La pareja y el guía recorrieron el laberinto. Finalmente, después de mucho tiempo desde que descendieron, fueron escoltados a una sala de recepción muy iluminada. La recepción estaba bien organizada y decorada, muy diferente del insípido primer piso. Los dos vieron una mesa con refrescos light, té y vino.

El empleado los dejó abruptamente a los dos y volvió al laberinto. El Conde Valtein se dirigió hacia las bebidas y se puso a beber vino para humedecer su tensa garganta. De repente, alguien tocó la puerta, y poco después, una voz se escuchó fuera de la habitación.

"¿Puede darme un momento? Hay algo que debe comprobar del producto de hoy."

El Conde Valtein inmediatamente bajó su vaso y se puso de pie. Corrigió su máscara que estaba ligeramente torcida y habló solemnemente.

"Ya vuelvo."

Mientras se quedaba sola, Leah miró alrededor de la habitación. Los muebles eran lujosos a pesar de tratarse de un lugar de alquiler temporal. Observó los muebles uno por uno mientras esperaba al Conde Valtein. El té negro, del que no había bebido ni un sorbo, se había enfriado hace tiempo. 

El reloj de piso hacía tictac, mientras los minutos pasaban. Después de confirmar que la taza estaba fría, Leah se levantó del antiguo sillón en el que estaba sentada, esperando al Conde Valtein...

"......"

El Conde Valtein estaba tardando demasiado. Sin dudarlo, se dirigió hacia la puerta. Mientras su mano se extendía para agarrar el pomo de la puerta, de repente percibió un olor a menta y dulce. 

Una instrucción en forma de susurro vino de detrás de su espalda. 

"Deténgase."

Cuando estaba en la habitación, Leah ni siquiera sintió el más mínimo movimiento, y mucho menos la presencia de otra persona. 

Una fría sensación de hormigueo recorrió su cuello, cuando algo afilado lo tocó. Una pequeña y afilada daga estaba presionando su delicada piel. Incluso la más mínima fuerza, causaría que la cuchilla le desgarrara la piel de inmediato. 

La voz grave le ordenó de inmediato.

"No te muevas."

Antes de que diera esa orden, Leah ya estaba congelada. Ese fuerte y único olor masculino era algo que reconocería en cualquier lugar. El olor familiar y la voz profunda hicieron que su corazón calmado brincara un poco.

"Gira lentamente."

Leah dudó, antes de cumplir lentamente y darse la vuelta. El hombre que estaba parado frente a ella vaciló. Dudaba en quitarle la daga que tenía en el cuello. Después de apartar la cuchilla de su piel blanca, agarró bruscamente la barbilla de Leah. Después de un momento de silencio, deslizó la máscara de Leah. 

"...¿Leah?"

Ishakan la miró fijamente con una expresión de perplejidad. Leah no pudo responder y sólo parpadeó los ojos. No estaba preparada para volver a verlo. Su corazón latía como si estuviera a punto de estallar, debido a este repentino e inesperado encuentro.

"¿Por qué estás aquí...?"

Ishakan no podía apartar sus ojos de ella. Estaba claramente agitado y murmuraba sorprendido. 

"¿Has sido secuestrada?"

Sus pupilas doradas se volvieron frías enseguida. Antes de que Ishakan pusiera la casa de subastas patas arriba, Leah abrió rápidamente la boca.

"No, no es eso..."

Su lengua se sentía pesada. No podía encontrar las palabras adecuadas para expresarse. Estaba perdida en sus pensamientos y sólo pudo susurrar a Ishakan, que tenía una expresión aterrorizada. 

"Tengo asuntos que atender en este lugar. "