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domingo, 18 de octubre de 2020

Matrimonio Depredador - Capítulo 69

Capítulo 69. Dentro de una Casa de Subastas (1)


"¿Qué ha sido eso...?"
 
El Conde Valtein, que previamente había dado un paso atrás permitiendo que Byun Gyongbaek se les incorporara, se acercó a Leah y habló.

"¿También se golpeó la cabeza al igual que se rompió las piernas?" Valtein preguntó incrédulo sobre el comportamiento que acababa de presenciar.
 
"Creo que sí. ¡Incluso está pensando en enviar a sus caballeros al Palacio Real! No importa cuánto ignore a la familia real, eso es demasiado."

A continuación, el Conde Valtein explicó que para tales asuntos, existían las leyes y órdenes universales más básicas. Todas las cuales Byun acababa de romper.

Había metido las narices en los asuntos de la realeza, donde no se le quería, y tampoco se le necesitaba. A su lado, el Ministro de Finanzas Laurent también se enfadó por la flagrante falta de respeto y la intrusión.

Sin embargo, a diferencia de los dos que estaban furiosos y maldiciendo en voz baja, Leah sólo tenía el ceño fruncido. No emitió una sola palabra.

No era la primera vez que Byun Gyongbaek cometía un acto tan impertinente, ¡Ni siquiera la segunda! El hecho de que hubiera continuado haciéndolo le repugnaba. Era completamente despreciable y arrogante, asumiendo que su cortejo a Leah‌ tendría éxito.

Aunque aún no se habían casado, actuaba como si Leah fuera un trofeo de su posesión. Ella suspiró en la desesperanza. Este era su destino, y por su país, tenía que soportarlo.

Sin embargo, Byun había estado tratando mal a los Kurkan. Los odiaba profundamente, rehusando llamarlos de otra manera que no fuera 'bárbaros' y maldecía a los de su clase hasta la tumba.

Sin embargo, a pesar de todo esto, Byun Gyongbaek conocía a los Kurkan mejor que nadie. Por lo tanto, sus palabrotas dirigidas a ellos no las había dicho sin sentido. Debía haber ocurrido un incidente que había causado que incluso el audaz y desvergonzado Byun estuviera tan horrorizado y disgustado. 

Sin embargo, los Kurkan que habían sido capturados como esclavos nunca habían mostrado ningún comportamiento inusual. Tal vez, se trataba de un Kurkan‌ que no estaba esclavizado.

Por lo tanto, hubiera sido bueno que Byun les compartiera sus informaciones actuales sobre la fascinante raza, pero ya había salido de la sala de conferencias.
 
"En primer lugar, que Byun Gyongbaek de Oberde haga lo que quiera." Ella ordenó con resignación.

Como la negociación del tratado terminaría pronto, Byun debería estar estresado ahora mismo. Por eso, era mejor que le dejaran salirse con la suya y no causaran problemas adicionales. También era una de las formas de asegurarle que todavía podía utilizar a la familia real como su marioneta.
 
Además de eso, la familia real no podía detenerlo si Byun seguía insistiendo tercamente. En lugar de ser presionado, era mejor que pareciera que habían cumplido con él.
 
Incluso cuando Leah había vuelto a sus aposentos, las palabras de Byun Gyongbaek que parecían advertirles de un desastre inminente continuaron apareciendo en su cabeza. No podía olvidarlas, y durante toda su agenda de la tarde, reflexionó sobre esas palabras.

Después de su sencilla cena, todas sus sirvientas excepto la Condesa Melissa, que estaba descansando, se reunieron ante ella. Leah tenía la intención de salir con la Condesa durante la noche, por lo que tenía que prepararse.

Como de costumbre, la Condesa Melissa la había peinado hoy. Las delicadas y delgadas hebras se cruzaban entre ellas en una trenza. Las trenzas estaban sujetas con alfileres, y ella ocultó ingeniosamente su cabello plateado trenzado con una peluca marrón. 
 
Leah se miró en el espejo y de repente le vino a la cabeza el recuerdo de la vez que se había escabullido del palacio real. Entonces, ella también había usado una peluca y abandonó discretamente los muros que la confinaban. Desde ese punto, su vida se vio sumida en el caos. Fue la primera vez que conoció a Ishakan. 
 
"¿Princesa?" 

Leah volvió a sus cabales cuando la Condesa Melissa la llamó. Su postura inmóvil y sin emociones preocupaba a la Condesa Melissa, que temía que la princesa estuviera enferma. 

Cada vez que Leah se había escabullido del palacio, la Condesa Melissa se ponía ansiosa. No conseguía evitar pensar que algo grave le podría ocurrir a la princesa afuera de los muros del palacio. Parecía una madre, viendo a su hija aventurarse por primera vez, dejando atrás la seguridad del nido. 

"¿Realmente necesitas involucrarte en esto?" La Condesa Melissa expresó su preocupación y cuidado por Leah. 

"Como sabes... el Conde no puede resolver esto solo." Leah respondió, sacudiendo la cabeza suavemente. 
 
En lugar de refutar, la Condesa Melissa sólo limpió con suaves palmadas el polvo de la túnica que Leah llevaba puesta. Leah sonrió suavemente al observar el lindo rostro descontento de la Condesa. 
 
"Lo dejo en tus manos, Condesa". Leah sonrió. 

"Por supuesto. No te preocupes, princesa. Por favor, vuelva a salvo". La Condesa Melissa asintió con la cabeza, sus ojos le decían a Leah que se podía confiar en ella. 

Después de despedirse de la Condesa Melissa, Leah entró en un pasadizo oculto que estaba encubierto detrás del armario de su habitación. 

El viento frío la azotó de aire cuando finalmente salió del oscuro y secreto pasaje. La linterna que estaba sosteniendo iluminaba tenuemente algunos pasos delante de ella mientras llegaba a la puerta del exterior del palacio. 

Leah miró al cielo. A diferencia de ayer, que había estado nublado, esta noche el cielo estaba despejado. La luna en particular, era excepcionalmente grande hoy. La luna blanca y redonda flotaba fluidamente en el cielo, como si se tratara de un comandante, superior a todas las estrellas y que emitía una luz reconfortante. 

En una ocasión normal, viendo esta vista, Leah pensaría que es simplemente hermosa. Sin embargo, tal vez debido a las palabras que Byun Gyongbaek había dicho en la reunión del Consejo de Ministros, ella sentía que los rayos plateados de la luz de la luna eran siniestros y sombríos. Entonces, una niebla cubrió la luna llena que estaba mirando fijamente. 

Finalmente, ella comenzó a moverse. No podía quedarse parada para siempre, porque Leah tenía una tarea que cumplir. 

Un carruaje negro sin la insignia de la familia la esperaba cerca de la entrada de la que había salido. Cuando tocó suavemente la ventana del vagón, se movió la gruesa cortina interior de la ventana del carruaje. Después de confirmar que realmente era Leah, desde adentro, el Conde Valtein abrió la puerta. 
 
"Has llegado. Ahora nos vamos."