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sábado, 10 de octubre de 2020

Matrimonio Depredador - Capítulo 67

Capítulo 67. Rompiendo Las Cadenas (1)


Las nubes empañaron la noche. Cubrían la luna, por lo que ni un solo rayo de luz podía filtrarse desde el cielo. Una profunda oscuridad descendió sobre Estia, sumiendo al lugar en el misterio. Era una noche en la que uno se sentiría incómodo de salir solo.

Una pequeña lámpara de aceite iluminaba el camino delante del carruaje. Su llama estaba ardiendo, sin embargo, no bastaba para hacer visible el camino.

El cochero al frente de los carruajes en fila, giró la cabeza, observando cautelosamente los alrededores. Después de muchos años de experiencia deambulando, sabía lo suficiente para saber que uno nunca debe ignorar su intuición.

Hoy, el cochero se sentía inusualmente nervioso. Tenía un impulso irresistible de abandonar el carruaje y escapar. Deseaba salir rápidamente del lúgubre bosque que atravesaban, pero los densos árboles parecían ser infinitos.

Desde hace un tiempo, los mercenarios que escoltaban los carruajes, sentían la siniestra atmósfera del bosque. Mantuvieron un agarre constante en sus espadas que aún estaban en la vaina, en caso de que ocurriera algún ataque abrupto.

"¡Maldita sea!"

El cochero maldijo. Intentó detener los caballos, pero no disminuyeron la velocidad. Continuaron relinchando como si estuvieran asustados por una criatura espantosa.

Estaba impotente, sólo podía mirar hacia adelante, aterrorizado. De repente, un agudo silbido se escuchó en el aire. Los ojos del cochero se agrandaron ante el sonido, dándose cuenta demasiado tarde de lo que significaba.

"¡Ahhh, son los bárbaros!"

Gritó una fracción de segundo después, sin embargo, sombras negras descendieron del cielo. Se subieron a los carruajes, como bestias enloquecidas, en un astuto ataque. Sus ojos brillaban horriblemente en la oscuridad. También se podían observar sus dientes a través de su sonrisa. Una sonrisa de satisfacción se reflejaba en sus rostros.

Los mercenarios gritaron y sacaron sus espadas. Sin embargo, su reacción no no se podía comparar con la de los Kurkan. Tan rápido como llegaron, se escucharon inmediatamente los sonidos de carne desgarrada y cuerpos golpeando el suelo. Siguieron los crujidos de los huesos, mientras los Kurkan creaban un baño de sangre entre los mercenarios.

"Ughh..."

El cochero apenas logró abandonar del carruaje, arrastrándose debajo del mismo. Todo tipo de horribles sonidos de dolor y matanza atravesaron sus oídos. Los gritos eran inquietantes. Se cubrió la boca con la mano mientras temblaba, obligándose a no gritar. De repente, sintió un aire frío cuando el carruaje donde se escondía... fue volcado.

El olor de la muerte impregnaba el aire. Sólo había cadáveres a su alrededor. El cochero aterrorizado, se quedó inmóvil en el suelo. Este sería el lugar donde sería enterrado.

De espaldas a la luna obstruida, se iluminó la silueta de un hombre de complexión musculosa. Miraba fijamente a la mujer que pasaba por encima de los cuerpos, ignorando al cochero inmóvil, y se metió en un carruaje volcado. Sin duda, si uno viera sus brillantes ojos de color topacio, lo reconocería como el líder de la manada.

"Ishakan."

Una mujer grande le dio un cigarrillo al hombre. Mientras un hombre delgado buscaba diligentemente en los carruajes con los otros Kurkan. El hombre que había estado confirmando los rostros de los esclavos uno por uno con una lámpara de aceite, exclamó de repente.

"¡No está aquí!"

"...¿Otro intento inútil?"

Ishakan guardó silencio por un momento mientras fumaba. Le resultaba relajante en esta noche tranquila y sangrienta. Murmuró lentamente mientras exhalaba el humo.

"Asombroso. Estaba bastante seguro de que nos habían proporcionado información precisa."

Inclinó la cabeza y fijó la mirada en el cochero. En el momento en que el cochero fue observado desde lejos con esos ojos penetrantes y ardientes, se quedó mudo de miedo. Incluso si quería gritar, no se podía pronunciar ni una sola sílaba. Sus piernas estaban atascadas contra su voluntad y no podía huir del miedo que sentía.

El cochero sintió que un líquido caliente goteaba por la parte interior de su muslo, parecía que había ensuciado sus pantalones con orina.

Ishakan sonrió con satisfacción. Sus ojos dorados brillaron cuando levantó una ceja al cochero, burlándose como un depredador.

"¿Sabes algo de esto?"

Los dientes del cochero sonaban. Temblaba sin control, mientras se enfrentaba al aterrador hombre que tenía delante. Sin embargo, sabía que si no hacía nada, el bosque se convertiría en su cementerio. Habló como si estuviera murmurando, intentando hacerlo coherentemente.

"Oto traficante de esclavos..."

"¿Otro traficante de esclavos compró y se llevó a los Kurkan?"

"Sí..."

Ishakan entrecerró los ojos. Estaba absorto en sus pensamientos. Luego miró hacia arriba y asintió con la cabeza a la mujer que estaba a su lado.

"Por favor, perdóname. Sólo estoy conduciendo el carruaje... Esto debería bastar para pagar mis pecados."

La mujer asintió con la cabeza y de repente levantó el puño. ¡THUD! Golpeó la parte trasera de la cabeza del cochero. Inmediatamente, se desmayó sin hacer ruido.

Ishakan, que miraba fijamente al cochero, preguntó brevemente.

"¿Está muerto?"

"Creo que está muerto."

Haban intervino.

"No. No está muerto todavía."

 Dijo Genin. Mientras Haban procedía a comprobar el pulso del cochero.

"No está muerto."

Haban inclinó la cabeza dubitativo y chasqueó su lengua. Genin levantó su barbilla, como para afirmar su fuerza. Ishakan, que se reía de sus silenciosas discusiones, fumó su cigarrillo y dijo.

"¿Es el tercero?"

Haban habló con la cara enrojecida.

"Ciertamente no parece una coincidencia."

Actualmente, Ishakan estaba rastreando a los Kurkan esclavizados en Estia. Ya había averiguado el paradero de los Kurkan que habían sido vendidos a aristócratas y ricos comerciantes.

En medio de la búsqueda de los Kurkan, que corrían el peligro, se encontraron inesperadamente con múltiples dificultades. Cada pista resultaba en un fracaso, por apenas unas horas. Era lo más frustrante.

Se confirmaba que los Kurkan habían sido comprados, sin embargo, seguir la ruta de su comercio parecía un laberinto. Cada vez, por la misma razón. Otro traficante de esclavos compraría a los Kurkan justo antes de que pudieran liberarlos.

Era la tercera vez que perdían la oportunidad, en un corto intervalo de tiempo.

"Creo que alguien debe estar moviéndose un paso adelante de nosotros."