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miércoles, 16 de septiembre de 2020

Matrimonio Depredador - Capítulo 64

Capítulo 64. Sed Insaciable de Poder (2)


Incluso si ella actuaba de forma equivocada, Ishakan se iría de todas formas. Sus vidas eran de mundos separados. Entonces, Leah sería la que tendría que ocuparse del desastre que Ishakan había creado después de que se marchara.

Aunque ella sabía eso... las ganas de llorar obstruían su garganta. La confusión que sentía en su corazón, la atravesaba como espinas dentadas. Leah era fuerte pero delicada al mismo tiempo.

Leah parpadeó e inhaló el aire fresco. El aroma de la virilidad de Ishakan entró en su nariz. Intentó reinar sobre sí misma, advirtiéndole.

"No me compadezcas si no te responsabilizas de nada."

"¿Compadecerme? Estás diciendo tonterías." Dijo con los dientes apretados.

"¿Lo nuestro no es sólo hacer el amor?"

"......" Como si sus palabras estuvieran en su garganta, Ishakan permaneció en silencio. Leah se liberó de su control; como si se estuviera liberando de Ishakan, tanto emocional como físicamente. Cuando Leah se giró, Ishakan la agarró de nuevo.

"¡Suéltame!"

Sin embargo, Ishakan no la soltó. Leah luchó, golpeando su pecho, e intentando apartarse de su cuerpo. Odiaba a Ishakan por jugar con ella. Por molestarla y crearle un problema para que lo arreglara. Por interrumpir la paz que tanto se había esforzado por mantener.

Pero sobre todo, se odiaba a sí misma por dejar que Ishakan la arrastrara.

La diferencia que existía entre sus fuerzas era como el cielo y la tierra. Ishakan simplemente la dominaba, obligándola a abandonar su incesante lucha.

Él abrió su boca, su voz se quebró. "Yo…"

Leah lo miró con desprecio. La ira que se reflejaba en los ojos dorados había desaparecido hace tiempo.

"Si digo que me haré responsable..." La resistencia de ella se disipó mientras contenía la respiración.

Como si estuviera bajo un hechizo, Ishakan miraba fijamente a Leah, sin pestañear. Las siguientes palabras que pronunció con cautela sirvieron como una confirmación de su relación.

"Entonces, ¿Qué harás?"

***

Blain sólo miraba inmóvil la silla vacía. Sin embargo, no importaba cuánto tiempo la mirara, sabía que nunca volvería.
 .
Sus dientes mordieron con fuerza sus labios, y salieron palabras de resentimiento.

"Huh... maldición."

Aunque el rey estaba sentado a su lado, no le importaba y maldijo.

BANG.

La mesa tembló mientras derramaba su rabia, golpeándola. Sándwiches y delicias sin tocar se volcaron, chocando con los otros alimentos de la mesa. Una copa de vino rodó y se estrelló contra el suelo.

El penetrante sonido del vidrio chocando con el suelo y rompiéndose alimentó la furia de Blain.

Inmediatamente, agarró el mantel, y arrastró todo hasta el borde de la mesa. La mayoría de los cubiertos y la comida finamente servida se cayeron al suelo.

BANG!

CRASH.

PANG!

Blain maldijo mientras lanzaba lo que quedaba sobre la mesa por todas partes. Tenedores y cuchillos afilados volaron hacia atrás donde se encontraban las sirvientas en espera. Sin embargo, afortunadamente pudieron esquivar el ataque.

Nadie pudo detener a Blain.

Ni siquiera el rey dijo algo y sólo presenció sus acciones, con ansiedad. Sólo cuando Cerdina volvió al almuerzo, Blain, que estaba descargando su ira, cesó su destrucción.

Con un nuevo elegante vestido, y una cara empolvada, Cerdina volvió mirando con su habitual majestuosidad. Ya no olía como si estuviera empapada en alcohol, sino que emanaba de su cuerpo la esencia jazmín de un perfume fragante.

Recuperando su elegante compostura, volvió al almuerzo y observó los asientos vacíos donde Leah e Ishakan se habían sentado. Pero hace tiempo que habían desaparecido, sólo quedaban Blain y el rey.

Viendo a su hijo de esa manera, se puso la mano sobre su pecho.

"Blain..."

El rey, que se alegró mucho de su regreso, ni siquiera fue reconocido por Cerdina. Sólo Blain estaba a su vista. Respiraba agitadamente, y lentamente levantó su mirada para encontrarse con la de ella.

"Ciertamente pensé que era mía, pero aparentemente, no lo era."

Murmuró con ojos temblorosos. El estado de locura en el que se encontraba se notaba a simple vista. "Parece que aunque me convirtiera en rey, no puedo vencerlo. No basta con ser el rey de Estia."

Sus ojos brillaban, una malvada idea se formó en sus fríos iris. Sus pupilas se dilataron, rebosando de un delirio enloquecido. Una sonrisa se extendió por sus labios, distorsionando su rostro.

"Si tan sólo tuviera más poder". El siniestro tono que acompañaba a su voz transmitía sus malas intenciones al máximo.

Al decir esto, los ojos de Cerdina se agrandaron. Sin embargo, su reacción no se debía a que le doliera mirar a su amado hijo sufriendo.

Más bien...

"Sí, mi amado Blain..."

Una alegría abrumadora la llenaba mientras susurraba estar de acuerdo, entendiendo sus pensamientos inmediatamente. Tenían un buen vínculo entre madre e hijo.

"La falta de poder, en efecto, es una gran vergüenza. Por lo tanto, sé codicioso, sé ambicioso y busca el poder."

"Madre..."

Cerdina le sonrió amorosamente a Blain, que estaba envuelto en emociones, de inseguridad y envidia. Ella alimentó sus malvados deseos, con dulces palabras de apoyo. Una atmósfera de falso afecto invadió el almuerzo que había sido completamente devastado momentos antes.

"Te sentarás en la posición más alta del continente, Blain."