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martes, 15 de septiembre de 2020

Matrimonio Depredador - Capítulo 61

Capítulo 61. Cuando La Paciencia Se Agota (2)


Parecía que la atmósfera había sido rociada por agua helada, enviando escalofríos a quienes miraban. Aunque el continente despreciaba a los Kurkan, llamándolos bárbaros, el comentario se hacía a sus espaldas.

Uno nunca se atrevería a decirlo delante de ellos, y mucho menos a su rey.

Cerdina miraba fijamente a Blain, sorprendida por lo franco que había sido en presencia de un Kurkan, y mucho más de Ishakan.

En la helada tensión, los brillantes ojos dorados, amarillos y azules escarchados chocaban entre ellos. Una batalla interna se desató mientras Blain miraba a Ishakan. Un odio implacable estaba reflejado en su mirada.

"Digo esto por preocupación."

Ishakan, que nunca había perdido una pelea en su vida, no era de los que evitarían la provocación de Blain. En su lugar, se rió de Blain, quien abiertamente sacó sus garras mientras emanaba hostilidad. Su sonrisa parecía la provocación de un niño juguetón.

Inclinó la cabeza ligeramente hacia atrás y levantó las cejas.

Viendo su mirada lánguida, Blain apretó la mandíbula, impidiendo que una cadena de palabras venenosas saliera de su boca. Despreciaba totalmente al hombre que tenía delante.

"Estia no parece tener muchas intenciones de hacer amigos". Leah miró a Ishakan con ojos temblorosos, pero su mirada se centró en Blain. "Creía que tenía el mismo objetivo, pero ahora, no lo creo."

La sonrisa relajada desapareció. Con la boca cerrada en línea recta, en sus ojos dorados, surgió una tormenta.

"¿El almuerzo de hoy es para interrogarme?"

"No." Fue Leah quien respondió en nombre de la familia Estia, rompiendo el silencio.

"Un malentendido, mi rey."

"......"

Ishakan giró su mirada lentamente. Observó a Leah con un rostro inexpresivo.

Conociendo el peso de la situación, Leah rápidamente cubrió a Blain. "El príncipe quiere la paz con los Kurkan más que nadie. Él es quien está aboliendo la esclavitud de su especie."

Ella no sabía lo que Blain o Cerdina estaban pensando, pero estaba desesperada por mantener la paz en Estia.

Blain iba a decir algo pero se detuvo cuando sintió a Leah apretándole el antebrazo. Afortunadamente, mantuvo la boca cerrada.

"Sin embargo, cometió un desliz, porque no es muy bueno expresando sus sentimientos." Ella suspiró antes de continuar, "¿Puedo pedirle perdón en su nombre?"

Todos sabían que todo lo que Leah había dicho era pura adulación, en un intento de apaciguar al irrespetado Rey de los Kurkans. Ahora, sólo era cuestión de si decidía aceptar la disculpa o no.

Pronto, Ishakan, que miraba fijamente a Leah sin siquiera parpadear, planteó una pregunta.

"...¿Es el trabajo del príncipe investigar la esclavitud?"

"Así es."

Ishakan soltó una risa, como si estuviera de buen humor. Al contrario, Leah se quedó en silencio. No había forma de que Blain se interesara por los Kurkan, mucho menos en el comercio de esclavos. Todo era trabajo de Leah. Pero como siempre, lo que Leah lograba se convertía en la contribución de Blain.

Leah se había acostumbrado a que le robaran sus méritos. Su vida entera no le pertenecía.

Ishakan miró a Leah, y bajó la voz suavemente.

"Esta es la segunda vez, princesa."

Era una respuesta inútil. Pero sólo Leah lo entendió.

"...Gracias."

Por el bien de Leah, Ishakan aguantó de nuevo. La paciencia no era una virtud de los Kurkans, especialmente uno del status de Ishakan. No sabía cómo retribuirle por controlar su temperamento por ella, dos veces.

El almuerzo continuó de nuevo a pesar de la inquietante atmósfera. La conversación formal se interrumpió, y nadie mencionó el acalorado intercambio que ocurrió hace unos momentos. Los sirvientes esperaron cuidadosamente, sin atreverse a moverse para no cometer un error y desobedecer. Estaban pisando un hielo muy fino.

Leah cortó finamente el aromático cordero en pequeños trozos y se lo estaba comiendo. Sentía como si una piedra se alojaba en su garganta. No podía tragar; le dolía incluso tragar. Su apetito había desaparecido por completo, pero seguía llenando su boca, manteniéndose ocupada.

De repente, una voz suave habló.

"Leah."

Su cuerpo se puso rígida cuando la reina la llamó.

"¿Cómo está la comida hoy?" Cerdina sonrió brillantemente mientras lo decía.

Luego usó tranquilamente su tenedor de plata para mojar un trozo de cordero en una crema agria con hierbas, y luego se lo metió en la boca. Fue una advertencia de la reina.

Por lo tanto, Leah dejó los cubiertos mientras miraba a Cerdina comer. Ella estaba inconscientemente comiendo en exceso, porque era una forma de desviar su atención de Ishakan.

Su corazón se había calmado. Durante varios días, a causa de su repentina enfermedad, había podido comer a gusto sin la interferencia de Cerdina. Por supuesto, la cantidad de comida era ridículamente pequeña comparada con una comida normal, pero estaba mucho más allá del estándar de la reina.

"¿No está la princesa comiendo demasiado?"

Esto lo dijo con la intención de humillarla. Glotona. 

"No creo que coma mucho", respondió Leah, y bajó la cabeza.

"Ah, la comida debe ser terrible". En el momento en que estas palabras salieron de la boca de Ishakan, Cerdina suspiró descontenta. Se trataba de un almuerzo ofrecido por el palacio real. El hecho de que la comida estuviera mala no era más que un insulto para ella.

Leah miró a Cerdina con nerviosismo. La expresión facial de la reina se había vuelto amarga desde el intercambio de Ishakan con su amado hijo.

"¿Al rey no le gusta? Deberíamos haber preparado algo de comida Kurkan, pero quería mostrarle la cultura de Estia, así que..."

Sonrió, agitando el vestido de seda que brillaba a la luz del sol. Ishakan estaba emocionado, encontraba su carácter ridículamente divertido. Se había atrevido a robar el regalo que le dio a Leah.

"Incluso pensé en usar ropa Kurkan. Ah, estoy avergonzada."

No habría una tercera vez. Ishakan ya no tenía paciencia. Su gran mano bronceada agarró una copa de vino, cuyo contenido profundo y rico se arremolinaba en un rojo brillante. Se levantó de su asiento y, sin dudarlo, volcó la copa sobre la cabeza de Cerdina.

"¡Argh!"

Cerdina gritó. Su cara y su cabello estaban empapados de alcohol. El vestido que llevaba también tenía una gran mancha por las salpicaduras. La preciosa vestimenta que no se podía comprar, incluso con la riqueza de una casa noble, quedó arruinada.

"Oh, Díos."

Cerdina lo miró ferozmente. El vino goteaba de su cabello y caía por su barbilla. Estaba completamente empapada.

Además, Ishakan todavía tenía el valor de sonreír. 

"Es mi culpa, Su Alteza. Le enviaré un vestido nuevo."

Pero a diferencia de su boca sonriente, sus ojos eran fríos.

"Esta vez, en un color que le queda bien a la reina."