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sábado, 12 de septiembre de 2020

Matrimonio Depredador - Capítulo 56

Capítulo 56. La Reina Audaz (1)


Al final, Leah decidió quedarse con el vestido y no devolverlo. Como no podía ponérselo en cualquier momento, sólo ordenó que se guardara hasta que pudiera decidir cuándo sería apropiado usarlo. Con esa decisión, las sirvientas del palacio real pudieron observar y disfrutar de la seda púrpura de los Kurkans personalmente.

Parecía que a estas alturas, Ishakan sabía cómo jugar con ella, hacer que ella hiciera lo que quería. Ahora conocía su debilidad, por lo que no le quedaba más remedio que soportarlo.

A pesar de que Ishakan tenía una personalidad caprichosa, ella no pudo evitar sentir una extraña emoción que no podía describir.

Leah decidió que no necesitaba molestarse en profundizar en una emoción que no podía definir claramente. Sería una pérdida de tiempo. Pero también porque tenía el presentimiento de que descubrir eso en este momento no sería lo adecuado.

Además, aunque todos sabían que estaba descansando, su apretada agenda seguía haciendo que se desplomara de vez en cuando.

Finalmente llegó el día del almuerzo. Todos estaban ocupados desde las primeras horas del día.

Como se había retirado la orden de que ningún forastero pudiera entrar en el palacio, tuvo que ocuparse de todo el trabajo que se había pospuesto desde su accidente. Más tarde, por la noche, organizaría una reunión con el Ministro de Finanzas Laurent y el Conde Valtein.

A pesar de que los preparativos para el almuerzo habían empezado desde temprano, ella se tomó su tiempo para prepararse, contrastando con lo ajetreadas que estaban las sirvientas por el almuerzo.

Como comerían en el jardín, su cabello estaba adornado con flores frescas y joyas. Llevaba un vestido de color suave bordado con un hilo del mismo color que la tela. El diseño era simple, sin embargo, elegante.

Era una sugerencia de la Baronesa Cinael. Le convenía que todas las damas y caballeros del palacio admiraran su perfecto aspecto. Incluso la Condesa Melissa le hizo un hermoso cumplido con un solo comentario.

"Si el Conde Valtein la mira hoy con su vestimenta, seguramente se sorprenderá."

En medio de todos los interminables cumplidos que se le hacían, Leah se puso el toque final, sus guantes de encaje blanco. Con eso, se marchó temprano.

Sin embargo, no había ningún carruaje disponible frente al palacio de la Princesa. Sólo estaba esperando afuera un nervioso jinete. Ella no necesitaba preguntar qué había pasado.

"Ha pasado un tiempo, Princesa."

Un hombre que pretendía ser educado, pero que estaba perpetuando un acto increíblemente grosero, estaba esperando a Leah. Ella pudo escuchar los ruidos de sorpresa de las sirvientas que la seguían cuando miraron al hombre, antes de que se detuvieran a unos pasos de ella.

De cualquier manera, Ishakan sonrió a Leah. Sus ojos dorados brillaban con fuerza mientras la luz del sol se reflejaba en ellos. Casi como si sus ojos fueran el propio sol.

Leah le parpadeó como un búho, mientras lo observaba cuidadosamente.

Parecía que venía solo. Aunque no había ningún caballero de escolta para acompañarlos, no descartaba la posibilidad de que hubiera alguien que estuviera escondiéndose cerca y siguiéndolo, como la última vez.

Ishakan la estaba mirando fijamente, sin apartar la vista de ella intencionadamente. Leah sólo habló en un tono confiado, después de asegurarse de que él no tenía ningún truco bajo la manga.

"Su Alteza, ¿Cómo llegó a este lugar? El lugar del almuerzo no es este", señaló, fingiendo curiosidad.

Ishakan se limitó a quitar el tono amenazador de su voz. Ella había actuado como esperaba.

"He escuchado que en el continente existe la etiqueta de que los hombres deben acompañar a una mujer de prestigio."

Se refería a un escolta. Sin embargo, esta vez se trataba de un almuerzo en el que sólo se reunirían unas pocas personas, por lo que la necesidad de un escolta sería irrelevante. Esto es especialmente aplicable a funcionarios como el Rey de los Kurkans y la Princesa de Estia.

Probablemente no sabía que la complicada y difícil etiqueta debía aplicarse dependiendo de la situación en cuestión.

No...

Cuanto más lo pensaba, más parecía Ishakan el tipo de persona que sería lo suficientemente terca para hacer lo que quisiera, sin importar si entendía completamente las costumbres del lugar. Lo hacía, porque podía.

Así que en lugar de señalar su error, Leah decidió sacar otro tema.

"Quería devolverte el vestido", admitió, y los labios de Ishakan se enroscaron en una sonrisa engreída.

"Pero no puedes". Ishakan mantuvo una amable sonrisa en su cara mientras la miraba. "¿Haces esto porque quieres disfrutar plenamente del almuerzo sin mí, princesa?"

Leah pensó que sentía un poco de náuseas. Su corazón también latía un poco más rápido. El té negro que tomó por la mañana estaba muy fuerte, así que pensó que esa era la razón. Ignorando la sensación de agitación, respondió las palabras con frialdad.

"¿Intentas ponerme de tu lado como lo hiciste con el Conde Valtein?" preguntó, estrechando su mirada hacia él.

Las sirvientas del palacio real se quedaron quietas, mirando nerviosamente de un lado a otro entre los dos mientras contenían la respiración. La Baronesa Cinael sólo jugueteaba con el pañuelo que tenía en la mano.

Ishakan estalló en risas delante de todas las damas.

"Ganarse a la princesa con un simple vestido de seda... ¿No es demasiado barato?" sonrió coquetamente, y Leah luchó contra las ganas de burlarse.

Ishakan tenía su cabeza inclinada hacia abajo. Como su diferencia de altura era de una cabeza, sólo podía susurrar a sus oídos inclinándose.

"Sólo te lo di para reemplazar el vestido destruido, Leah."

De repente le vino un recuerdo, aún podía recordar vívidamente cómo su vestido había sido arrancado y puesta sobre la cama de Begonias Tuberosas.

El calor se elevó a sus mejillas.

Ishakan miró fijamente la espantosa cara pálida de Leah, que se estaba poniendo roja lentamente. Le parecía divertido, observar cómo las mejillas de la princesa cambiaban de color.

"¿Te lo pondrás para mí? Elegí cuidadosamente ese vestido pensando que te quedaría bien". Su voz sonaba suave, mientras le hablaba con un tono ronco.